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Asturias exporta talentos

Ignacio Alfonso pide explotar "la calidad formativa de la Universidad de Oviedo"

"Echo de menos el carácter alegre, extrovertido, afable, jocoso, un poco bravucón, ruidoso, cariñoso y sincero de los asturianos"

Ignacio Alfonso.

Ignacio Alfonso (Barcelona). Estudió Química en la Universidad de Oviedo, donde también realizó su tesis doctoral. Ha trabajado como investigador en diferentes instituciones nacionales e internacionales, y desde 2007 lidera el grupo de investigación en Química Supramolecular en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña del CSIC, estudiando las interacciones entre moléculas en sistemas complejos, con potenciales aplicaciones biomédicas.

Dar consejos no es el fuerte del ovetense Ignacio Alfonso, que lidera el grupo de investigación en Química Supramolecular en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pero "si algo he aprendido trabajando en diferentes regiones y países es que la resiliencia y el tesón son fundamentales. Saber superar las dificultades es fundamental para poder salir adelante. Lo importante no es evitar caerse, sino saberse levantar".

Ignacio Alfonso.

Por otro lado, "el mundo es cada vez más pequeño y globalizado, así que moverse del lugar de origen es casi una necesidad, sobre todo, para profesiones altamente cualificadas. Hay que aceptarlo como una oportunidad para aprender y disfrutar de nuevas experiencias. También te ayuda a apreciar las pequeñas cosas que tienes alrededor. Casi debería ser un requisito al menos temporalmente, creo que convivir en diferentes países o regiones nos hace más empáticos y tolerantes".

Asturias es, "entre otras muchas cosas, un compendio de sabores y olores. Como amante de la gastronomía, Asturias probablemente sea una de las regiones más ricas y con mejor producto fresco de todas las que conozco. Contar con verdes prados y un mar rico en pescados y mariscos hace muy difícil escoger solo un sabor. Sin duda, cada vez que cocino una fabada en mi casa en Barcelona, por supuesto usando productos comprados en el Fontán, los aromas de su cocción lenta y delicada me transportan a la Asturias de mi niñez y juventud. Otros aromas inconfundibles son el del verde prado recién segado, el olor de las manzanas recién mayadas y las castañas asadas en el amagüestu, el queso de Cabrales o de Gamonéu, por supuesto la sidra... Es muy difícil escoger".

En 1997, durante su segundo año de tesis doctoral, tuvo la oportunidad de pasar una estancia de investigación de tres meses en la Universidad de Estrasburgo, en el laboratorio de investigación del profesor Jean-Marie Lehn, premio Nobel de Química: "Aparte de ser una excelente experiencia profesional, resultó muy enriquecedor a nivel personal: allí conocí a uno de mis mejores amigos actualmente y, por primera vez, viví separado de mi familia por varios meses. Lo más relevante fue confirmar mi auténtica vocación de investigador científico. Lo que más me impresionó en aquel entonces fue poder conversar con un Nobel, tomándonos un té en la biblioteca del departamento y tratando temas diversos de ciencia, así como otros más banales como recetas de cocina y tipos de vinos".

Hay morriña de "muchas cosas. Lo más evidente es el verdor de los paisajes, que es lo primero que mi hija resalta al verlo desde la ventanilla del avión cuando venimos de visita. Pero sin lugar a dudas, lo que más extraño es la gente. La Gente en mayúsculas. Evidentemente mi familia –mi madre y mi hermano viven en Oviedo– y mis amigos –conservo muy buenas amistades en Asturias–, pero, en general, echo de menos el carácter alegre, extrovertido, afable, jocoso, un poco bravucón, ruidoso, cariñoso y sincero de los asturianos. En Asturias siempre te sientes en casa, incluso si no eres de allí".

Ha calado hondo en otras regiones el "un tanto manido eslogan de ‘paraíso natural’. Desde fuera de España, sin embargo, es más complicado que Asturias incluso se sitúe correctamente en el mapa; esto da un poco de rabia y pena. Las cualidades aprovechables son un excelente entorno natural y una rica gastronomía y cultura que pueden atraer un turismo familiar y de calidad, tal y como se ha venido fomentando en los últimos años. Sin embargo, el Principado no puede subsistir tan solo con esto. Algunas ventajas estratégicas como el acceso a un mar conectado con el Atlántico o un clima suave quizá deberían potenciarse".

Pero el valor fundamental que no se ha explotado suficientemente, opina, "es la calidad formativa de la Universidad de Oviedo. Solo en mi campo de conocimiento y con edades próximas a la mía conozco multitud de excelentes profesionales que ocupan puestos muy relevantes tanto en el ámbito académico como empresarial, la gran mayoría fuera de Asturias y muchos fuera de España. Tan solo se trata de la observación de una realidad que contrasta con lo que percibo actualmente en mi entorno profesional, donde todos los doctorandos y posdoctorales egresados de mi grupo de investigación han encontrado trabajos relacionados con la ciencia en el entorno de Barcelona".

Es consciente de las diferencias "en las condiciones y el tejido empresarial de Cataluña, en especial Barcelona, y Asturias, pero no es solo eso. El éxito está siempre relacionado con las aptitudes y las actitudes, la herencia y el entorno. El enorme talento que hay en Asturias a veces se malgasta o, mejor dicho, desgasta, con envidias y guerras internas poco fructíferas".

La capacidad formativa de Asturias y el talento existente en el Principado "no tienen nada que envidiarle a ningún otro lugar donde haya podido trabajar. Y los asturianos son serios y cumplidores, excelentes colaboradores. El problema es crear las oportunidades para que se desarrolle este talento. Para ello, inversión pública y privada han de ir de la mano y en sintonía, optimizando recursos y creando sinergias que permitan desarrollar ese talento.

No tiene Ignacio Alfonso la capacidad de análisis ni conocimiento suficiente de la situación política asturiana. "Por deformación profesional, siempre tiendo a aplicar el método científico: lo primero es definir claramente el objetivo a perseguir, que debería ser común y beneficioso para todos, en este caso los asturianos. Tengo la sensación de que en política, en general, el proceso falla en esa primera premisa: definir un objetivo común relevante. A partir de ahí la creatividad puede generar diferentes herramientas y, como decía antes, los distintos agentes público-privados deben entenderse y remar en la misma dirección. Algunos aspectos como la empatía o el pragmatismo deberían primar sobre los intereses partidistas o el afán de poder, pero esto es general en la política y en todo tipo de negociaciones interpersonales".

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