La Junta General pide “perdón” para acabar “con el olvido” de los 190 asturianos deportados en los campos nazis

Barbón propone recordar al colectivo en el Campo San Francisco “si está de acuerdo el Ayuntamiento de Oviedo”

La Junta General ha saldado este mediodía una deuda de las instituciones políticas de Asturias con los 190 asturianos que sufrieron el horror de los campos de concentración nazis. Un acto lleno de emoción en que varios de sus descendientes han leído el nombre y apellidos de cada una de las víctimas, hombres y mujeres, y el destino que corrieron, la mayoría en Francia, Bélgica o el norte de Argelia. El presidente del parlamento asturiano, Marcelino Marcos Líndez, lamentó “el olvido sobre nuestros paisanos deportados” y el presidente del Principado, Adrián Barbón, pidió “perdón” e hizo propósito de enmienda con una iniciativa para la que, matizó, habrá que contar con el ayuntamiento de Oviedo: dedicar a las víctimas asturianas de Hitler un espacio singular en el corazón de la capital, en el Campo San Francisco.

“Los niños del pijama de rayas no están solo en una película de nombres extranjeros. En los campos de concentración también hubo asturianos de Llanes. Pravia, Grado o Mieres”, recordó Esther Martínez, representante del grupo de familias de deportados asturianos, quien hizo hincapié en que todos ellos vivieron “vivieron dos guerras, deportación y tortura” y “lucharon por la libertad y contra el fascismo”. Esther Martínez lamentó el impacto de la amnesia colectiva sobre esas vidas de lucha, con unas palabras no exentas de cierto reproche: “Quizá si hubieran sido más conocidas no asistiríamos al lamentable resurgir de los fascismos en el mundo”.

El antiguo salón de plenos del parlamento autonómico brindó mayor ceremoniosidad al punto culminante del homenaje: la lectura de los nombres y apellidos de los 190 asturianos deportados cuyo destino está documentado, ya fueran asesinados (la mayoría), liberados o evadidos. Álvarez, Arango, Avello, Braña, Buznego, Canga, Castro, Cuesta, Cueto, Fanjul, Fernández, Forcelledo, García, Llaneza, Llera, Lombardía, Meana, Menéndez, Murias, Otero, Pañeda, Pérez, Ramos, Rodríguez, Roza, Suárez, Tuñón o Valdés fueron algunos de los apellidos pronunciados, en medio de un silencio emocionante, solo roto al final de la lectura de la lista por el aplauso, con mucho de los presentes en pie, de familiares y políticos. “Ojalá ellos o sus familias directas pudieran haber estado aquí, como mi madre, participando de este homenaje”, señaló José Manuel López, quien mencionó a los que “tuvieron la fortuna de sobrevivir, llegando a conocer la democracia, con la satisfacción de vivirla unos años, después de todo el horror. Este reconocimiento para ellos sería un verdadero homenaje”. Asimismo se detuvo en “el amor a España” que demostraron, incluso en tiempos de penuria.

“Este homenaje es un acto de reparación y justicia”, reconoció el presidente Barbón, quien agradeció la labor “altruista” del grupo de trabajo sobre el colectivo de víctimas asturianas, a través de la cual ya se pueden consultar en la web las breves biografías de un centenar de hombres y mujeres.   “Nuestra comunidad tenía y sigue teniendo una deuda pendiente con quienes pasaron por los campos de exterminio de Hitler, al igual que la tenemos con los que soportaron los campos de concentración franquistas, como el de Arnao en Figueras. En nombre del Gobierno os pido perdón por el olvido”.

El primer tributo de las principales instituciones políticas asturianas a las víctimas del nazismo acabó con una versión del “Canto a la libertad” de Labordeta, interpretada por José María Aladro, a la que se sumaron, en el estribillo, buena parte de los presentes. Una de ellas, Eloína Blanco Fanjul, aprovechó la ocasión para advertir que este homenaje institucional “llega muy tarde, tras muchos años de democracia, y no se ha hecho nada  hasta hace cuatro días. Se tienen que implicar más porque hay muchas víctimas que están todavía por cuentas y pozos”.