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El frentismo y el "Titanic"

Necesitamos más consenso y menos confrontación

La política española navega por derroteros frentistas. Cada vez más acusados y a mayor velocidad. La estrategia la inició Pablo Iglesias y la asumió gran parte del resto. La transversalidad tuvo su última oportunidad en 2016, con el acuerdo entre Sanchez y Rivera. Podemos unió sus votos al PP de Rajoy para impedirla.

El frentismo, izquierda/derecha e independentismo/autonomismo, configuró la política española e Iglesias logró así acceder al gobierno con el PSOE. Se finiquitó la dinámica gubernamental deestos cuarenta años democráticos para retornar a la de los pasados años treinta.

Pero emergió la pandemia con exigencias que requieren amplia concertación política y social. Es decir, un cambio radical para reconstruir España. Y eso complicó la situación porque ¡es la inercia, amigo!, que diría Rato. El sectarismo que confronta para aniquilar al adversario, buscando aliados en cualquier espacio por muy radical que sea, dificulta el cambio de dirección que reclama la emergencia.

El "Titanic" es un buen ejemplo de lo difícil que es cambiar el rumbo ante un imprevisto peligroso. Y también de que si no se hace la tragedia está servida. Debe tenerlo en cuenta Pablo Casado, aficionado a citas de "Cuando muere la democracia". Le aconsejo no recurrir a las entresacas publicadas del mismo, sino leerlo en su totalidad.

"Las democracias empiezan a morir cuando no hay tolerancia mutua ni contención institucional; cuando la clase política no aísla a los extremistas y la polarización se apodera de los partidos", indica. Algo incompatible con sus alianzas, en autonomías y ayuntamientos, con partidos extremistas y con las groseras descalificaciones al gobierno utilizadas por él mismo y sus allegados.

No se quedan atrás algunos apoyos parlamentarios del ejecutivo. El máximo dirigente de Ezquerra calificó recientemente, en "El País", al Estado Español de "centralista, nacionalista, militarista, oligopolista y desesperadamente ineficiente (?). No se gestiona con el objetivo principal de hacer frente a la crisis sanitaria, sino desde la propaganda, la bandera y la construcción de un nuevo remiendo para salvar al régimen, como ya se hizo en 1977". Deja claro que más que por apoyar, está por torpedear. La estrategia en la que el gobierno asentó su estabilidad pasó a mejor vida.

Consenso y unidad de las principales fuerzas políticas es lo que pide la ciudadanía. Y si lo demandamos en Europa, nos exigirán que se practique en España.

El Presidente Sánchez haría bien recordando la lección que nos legó el líder socialista Indalecio Prieto: "No entender políticamente el mundo de la crisis económica y no presentar ante él una política coherente constituyó una de las causas del fracaso de la II República".

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