07 de diciembre de 2016
07.12.2016
GOZÓN

Bañugues agasaja a sus mayores

La Asociación de Vecinos "El Pico" homenajea a José Indalecio Granda y a María Ascensión Rodríguez con motivo de la fiesta de San Nicolás

07.12.2016 | 02:57
Esther García, presidenta vecinal, junto a José Indalecio Granda y a María Ascensión Rodríguez, ayer, con sus placas a la puerta de la iglesia de Bañugues.

José Indalecio Granda nació en El Llugar (Bañugues) en 1931 y María Ascensión Rodríguez en San Jorge de Heres en 1925. Ambos son historia viva del concejo, criados en aquellos tiempos en los que, por ejemplo, Rodríguez vendía leche en Luanco y la transportaba en una "goxa" que cargaba sobre su cabeza. Los dos fueron homenajeados ayer por la entidad vecinal "El Pico". Pasaron la guerra y el "tiempo de la fame", como algunos -caso de Granda- evocan cuando hablan de aquellos "míseros" años cuarenta. La entidad vecinal les entregó una placa con motivo de la festividad de San Nicolás por ser los habitantes de más edad de la parroquia.

Granda dejó la escuela con 12 años y comenzó a trabajar con su abuelo José Manuel en la ganadería familiar. "Más tarde fui obrero, sacando piedras para obras y carreteras, corté madera y así hasta los 29 años que fui a Australia, donde conocí la democracia y fui tratado como se debería tratar a los trabajadores; eso nunca lo vi ni antes ni después", relata Granda, que tiene grabado a fuego esa experiencia pese a haber pasado solo ocho años de su vida en el extranjero. Cuando regresó a su Bañugues natal, construyó una casa en La Espina, "lejos" del Llugar, según él apostilla pese a estar situado a poco más de dos kilómetros. José Indalecio Granda camina ayudado por un bastón aunque afirma que se encuentra bien de salud. "Mientras me funcione el ordenador central...", bromea refiriéndose al cerebro y con una sonrisa pícara.

María Ascensión Rodríguez es para muchos en Bañugues "Maruja", aunque a ella le gusta más su nombre de pila. Vivió en San Jorge de Heres con su familia hasta que se casó. Fue entonces cuando trasladó su residencia unos kilómetros para recalar en Bañugues, en Casa Serafina.

También apoyada en un bastón, esta mujer vendió leche en la plaza de Luanco y en alguna que otra casa de la capital del concejo. Su labor como mujer agraria se mantuvo hasta hace pocos años. Ahora con 91 primaveras encima, Rodríguez ya no atiende el ganado ni la tierra, pero eso sí, le encanta cuidar a sus familiares. Lo hace como mejor sabe: con su gusto para la cocina. Asegura que la paella y la fabada le salen "de cine".

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