22 de febrero de 2017
22.02.2017

Los lagareros asturianos lamentan el bajo precio de la botella de sidra

"Para abrirse a mercados fuera de España no queda otra que adaptarse", afirman los productores reunidos en Salenor

22.02.2017 | 03:12
Por la izquierda, Cele Foncueva, María Cardín, Samuel Trabanco y Celestino Cortina, ayer, en el pabellón de exposiciones de La Magdalena, antes de la charla organizada por el Club LA NUEVA ESPAÑA de Avilés.

Si algo tienen claro los lagareros asturianos es que para salir de Asturias y de España con la sidra bien natural bien espumosa lo que hay que hacer es "adaptarse" a los mercados internacionales en los que se quiere acudir. "La sidra natural va a las colonias asturianas y punto. Donde hay añoranza. Y ahí no vamos a crecer más", sentenció ayer Samuel Trabanco, director de Sidra Trabanco, durante la charla "Por dónde pasa el mercado de la sidra asturiana fuera de las fronteras asturianas", organizado en el marco del Salón de la Alimentación y del Equipamiento del Norte (Salenor) por el Club LA NUEVA ESPAÑA de Avilés. Y ese "canal nostalgia" está en países latinoamericanos, en Estados Unidos, en Alemania, en Francia o en Bélgica, pero en donde las nuevas generaciones ya no ven ese producto cómo sí lo hacían sus abuelos.

"No podemos pretender que allí entiendan la tradición de escanciar la sidra, compartirla... Eso es muy difícil. Los más jóvenes ya ni siquiera hablan español. Por eso, para sacarla fuera, para salir de Asturias hay que adaptarse a los mercados a los que se van, sin olvidar nunca las raíces", afirmó María Cardín, directora de Sidra El Gaitero. Su compañero en la mesa Cele Foncueva, director de Sidra Foncueva, de la misma opinión, comentó que hay que empezar a sacar "nuevos formatos" para consumir y beber esa sidra, que tengan "más viabilidad". Ahí está el zumo de manzana, la sidra en lata, la sidra natural en botellines...

Pero incluso con esos nuevos formatos algunos productores, como Celestino Cortina, director de Sidra Cortina, también tienen "dudas" de que la sidra asturiana pueda competir con la que exportan otros productores de grandes marcas comercializadoras o pueda ser un producto vendible en países como China o los árabes. "Yo le veo más recorrido al mercado nacional por cercanía, porque Asturias cae bien, porque tenemos una valoración positiva. Y eso tenemos que trabajarlo. Ahí no tenemos tanto problema en exportar como sí a otros países", apuntó Cortina.

No obstante, antes de hablar de cómo salir fuera de nuestras fronteras asturianas, los lagareros urgen empezar a "prestigiar" la sidra: "Ahora la tenemos en poca estima. Somos capaces de hacer tan buena sidra como los ingleses o escoceses", afirmó Trabanco. "O mejor", añadió Cardín. "Sí, mejor, pero con nuestra obsesión de la calidad estamos compitiendo con nuestra sidra 100 por ciento de manzana con otra que tiene un 20 por ciento y el resto es agua. Vamos con la calidad por delante, pero nos cuesta ganar dinero", sentenció Celestino Cortina.

"Más barata que el agua"

Y surge otro de los handicaps de la sidra: el precio. "Muy barato" en comparación con otras bebidas, como el vino, la cerveza o, incluso el agua. "Algo falla cuando el agua vale más cara que la sidra. En San Sebastián se paga por una botella de sidra entre 5 y 6 euros. Aquí 2,50", lamentó Trabanco. Y añadió Cortina: "En un problema del sector en general. El rango de entre 5 y 7 euros es el óptimo de venta de sidra. Lo que no está mal es Madrid vendiendo ese producto a 5,5 euros la botella, sino aquí".

Ante esta situación, Foncueva ve "una rueda peligrosa", en laque la tarta se pueda empezar a romper cuando algún productor decida "empezar a desmontar este sistema y dejar de vender la sidra al mismo precio que el resto". "Ni el que elabora ni el que vende la sidra gana dinero con ella", advirtió el responsable de Sidra Foncueva.

Durante la conversación entre los cuatro expertos también surgió el debate sobre la idoneidad de que la sidra forme parte del menú del día de los restaurantes, una "buena" posibilidad de negocio. Eso sí, todos reconocieron la dificultad de que por un menú de unos 10 euros se incluya el escanciado de esa sidra, "por el trabajo que da y que no saldría a cuenta".

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