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FRANCISCO GALÁN | CAMPEÓN DE ESPAÑA DE PRESS BANCA PARA MINUSVÁLIDOS

Campeón de pesas y de buen humor

El deportista perdió las piernas de niño y bromea sobre su minusvalía: "Soy inmortal porque no puedo estirar la pata"

Paco Galán entrena dominadas; en primer término, las prótesis que usa para caminar.

Paco Galán entrena dominadas; en primer término, las prótesis que usa para caminar. RICARDO SOLÍS

Paco Galán no tendrá piernas pero le sobra valor para decir que si le ofrecieran recuperarlas, las rechazaría. "No sería yo", y sin una solución de continuidad que añada dramatismo a su declaración de intenciones suelta a quemarropa que "con piernas no habría logrado todo lo que he conseguido en mi vida". Lo dice porque fue cinco veces campeón de España en la década de los noventa en press banca; una vez campeón de Asturias cuando tenía 35 años -compitiendo en la categoría de válidos- y fue preseleccionado para las paraolimpiadas de Barcelona 92. A sus 51 años, sigue levantando pesas, aunque ya por una cuestión más de salud que de gloria deportiva.

Paco Galán no pasa por el estereotipo de un usuario de gimnasio al uso. Pero sin duda, es un forzudo en toda regla. Todos los días, al salir de su trabajo en una tienda de pintura de Avilés, se desplaza al gimnasio de las piscinas de Las Vegas, antes de la hora de comer. Al llegar, se quita sus prótesis y carga la barra con discos hasta sumar 50 kilos de peso. "Hago 500 repeticiones durante 28 minutos. Cuando empiezo ya no puedo parar. Y ojo, sin calentar. Yo nunca he calentado en mi vida. No lo necesito y nunca me he lesionado", comenta. El resto de personas le suele mirar atónita. Primero porque cuando llega monopoliza su banco. Y segundo, porque cuando termina en un aparato, se desliza hasta al siguiente con la misma soltura que lo hace "Spiderman" entre los rascacielos de Nueva York. "Al principio, la gente sí que se sorprende. Yo les suelo decir algo así como, ¿qué, salimos a correr o qué pasa?", explica en tono jovial.

Paco Galán no tiene piernas pero cuenta chistes de cojos. "A mí nunca me huelen mal los pies", bromea sobre su minusvalía del 65 por ciento. Era un niño de ocho años cuando un tren le arrolló en La Maruca. "Cuando te pasa por encima un bicho de esos, o te destroza o te amputan. Me tocó lo segundo", recuerda. Galán sabe que tuvo suerte de no morir y piensa que, de alguna manera, vive gracias al deporte. "Para mí es fundamental: no puedo engordar porque las prótesis soportan un peso determinado. No es que me guste excesivamente lo que hago. A ver, disfruto y estoy por ello, pero bueno, como tampoco puedo salir a correr, esta es la manera que tengo de estar forma", enuncia mientras bebe un zumo y retira el pan de un pincho de tortilla.

Sin embargo, no siempre hizo gimnasia de mantenimiento. Su currículum de triunfos es extenso: cinco veces campeón de España en los años noventa. Una vez campeón de Asturias, y compitiendo contra gente sin minusvalía. Y preseleccionado para las Paralimpiadas de Barcelona 92. "Al final fue otro chavalín. Me ganó por un kilo", lamenta.

Empezó en el Club San Mateo de Oviedo. "Fui deportista del año en una ocasión. Coincidí en una gala con Fernando Alonso, cuando todavía era un guaje", evoca. Ahora el deportista se considera un campeón en otra liga. "Es que para que voy a volver. Ya tengo lo que quiero. Tengo trabajo. Estoy casado. Y juego con mis hijas pequeñas al escondite. ¿Para qué perder fines de semana enteros e invertir tiempo en prepararme?, explica un tipo que llegó a levantar 150 kilos en sus buenos tiempos.

Paco Galán procura estar siempre de buen humor. Es un gastador de bromas profesional. Entre las anécdotas más destacadas cuenta una que merecería salir en un recopilatorio de cámaras ocultas. "Cuando me fijo que en la sauna del gimnasio hay gente nueva, les pido que me ayuden a subir a los peldaños más altos, donde más calor sale. Evidentemente, la gente me ve así y se levanta a echar una mano. Me aúpan de los hombros y me suben. Cuando me siento, bajo y vuelvo a subir haciendo el pino, caminando sobre las palmas de mis manos. Ponen una cara que para qué", cuenta entre risas.

"Hombre, hay gente que se lo toma mal, pero bueno es mi forma de ser. Si alguien se molesta le pido perdón, pero normalmente se ríen". Y es él el que más bromea sobre su situación. "Yo soy un campeón inmortal porque no puedo estirar la pata". En su lista de chistes, también deja espacio para su mujer. "Siempre le digo que tiene que estar encantada porque nunca pego patadas al dormir", se ríe. "Si es que ya lo dice la gente, que de los 11 hermanos que somos, yo soy el más simpático".

El avilesino procura sacarle partido a su situación, sobre todo al jugar con sus hijas, cuyo nombre lleva tatuado en las dos muñecas. "Me meto en el corral de juegos, no todos los padres pueden decir eso. O jugando al escondite, lo tienen crudo para encontrarme, porque quepo en cualquier sitio", explica. Y es que Paco Galán nunca ha visto impedimentos al no tener piernas. "Antes jugaba al fútbol de portero. Me ponía de rodillas, estiraba la mano y hasta donde llegaba, ahí poníamos una red que simulaba el larguero. Era un máquina. No me colaban ni una", cuenta.

Su pasión futbolística es tan exótica como su personalidad, para los tiempos que corren. Ni Madrid ni Barcelona, ni Oviedo ni Sporting, le mantienen pendiente de la radio. "Siempre he sido de la Real Sociedad. De pequeño, me llamaba la atención Atocha y me gustaban sus jugadores", comenta mientras muestra un llavero con los colores del equipo "txuri urdin". Así es Paco Galán, el tipo que perdió las piernas cuando le atropelló un tren, que fue campeón de press banca y que da lecciones de poner al mal tiempo buena cara.

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