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El "annus horribilis" del municipalismo avilesino

Los dos hombres que gobernaron la ciudad en la convulsa etapa de la Transición han fallecido en un lapso de solo once meses

El exalcalde, en dos imágenes con don Juan Carlos de Borbón el día que el Monarca visitó Avilés.

El exalcalde, en dos imágenes con don Juan Carlos de Borbón el día que el Monarca visitó Avilés. NARDO VILLABOY

Ricardo Fernández Suárez y Manuel Ponga Santamarta estaban en las antípodas ideológicas y, sin embargo, compartían el interés común de promover el progreso de Avilés, una ciudad de la que ninguno era natural -uno de Manzaneda (Gozón) y el otro de Gijón- pero a la que dedicaron su quehacer político.

Ricardo Fernández, "Rico", llegó a la corporación con Franco aún vivo por la vía del tercio sindical, en su caso del de Transportes, pues tenía una flota de autobuses. Le metieron en una lista "de relleno" y salió elegido. Lo mismo ocurrió cuando, al dimitir el alcalde Fernando Suárez del Villar (1976), hubo que designar nuevo Regidor: el elegido por los concejales fue Ricardo Álvarez. Durante tres años, gestionó una Corporación con escasos recursos económicos y gobernó en una ciudad que, como España entera, saludaba la llegada de a democracia. Para la historia quedaron momentos memorables como las inauguraciones, con presencia de los Reyes, del Hospital San Agustín y el parque Ferrera.

El alcalde de la transición ganó las primeras elecciones democráticas celebradas en el concejo desde la II República encabezando la lista de la UCD de Adolfo Suárez, pero de nada le valió porque los diez ediles del PSOE de Manuel Ponga y los cuatro del PCE de Manuel Quintero acordaron sumar escaños y mandaron a la oposición a los once ediles de la UCD. "Gané en la calle pero perdí en los despachos; no obstante esa victoria fue importante para mí porque me dio a entender que la gente estaba agradecido por lo hecho en esos tres años", dejó dicho Rico en el documental "Avilés: 40 años de transición" que grabó recientemente Ángel Villaboy.

Las vidas de Ricardo Fernández y Manuel Ponga, antaño trenes por diferentes vías de la política, se han vuelto a cruzar en este luctuoso 2019, esta vez para decir adiós. La muerte de Manuel Ponga le amargó a Avilés las uvas de la última Nochevieja y la de Ricardo Fernández, solo once meses después, hará lo propio con el turrón. Un "annus horribilis" para el municipalismo avilesino, que pierde en dos suspiros a dos hombres recordados por su disposición para acelerar los cambios que, cada uno a su manera, entendían necesarios para pasar página en Avilés e iniciar un nuevo capítulo vital más luminoso que el anterior.

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