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Las inversiones y reparaciones en Maqua superan los 700.000 euros en dos años

La corrosión por la filtración de agua salada destroza el material metálico de la depuradora, pendiente de reforma, y se come hasta el hormigón

Obras de sustitución de hormigones en el edificio de las cámaras de recirculación.

Obras de sustitución de hormigones en el edificio de las cámaras de recirculación. RICARDO SOLÍS

Más de 700.000 euros se han invertido en la depuradora de Maqua en los dos últimos en reparaciones y nuevas actuaciones para hacer frente a las complicaciones que se van produciendo mientras se sigue a la espera de la reforma millonaria que pende de los presupuestos generales del Estado (está

Las filtraciones de agua de mar introducen sulfatos que se traducen en sulfhídrico (combinación de azufre con hidrógeno), un componente muy corrosivo que genera además olores pestilentes y posibles riesgos para los trabajadores. La corrosión se come literalmente la depuradora de Maqua. Los elementos de acero inoxidable acaban destrozados por una corrosión que ataca hasta al hormigón. En el edificio de las cámaras de recirculación (estas tienen una altura de unos seis metros) están en plenas obras: "Muros de 30 centímetros de espesor se han quedado en 20, ya tenemos comidos diez centímetros. Hay cosas por las que no podemos esperar, la estación tiene que seguir funcionando y por eso las actuaciones son constantes", añade Alberto Villa, jefe del servicio de saneamiento y depuración. "En esta planta se invierte mucho dinero en mantenimiento. No podemos esperar a que salga adelante el proyecto de reforma porque vemos que se demora y hay que ir adoptando medidas", apostilla Pérez Álvarez.

De los 3,1 millones de presupuesto que maneja Maqua al año (suma que aporta la Junta de saneamiento y que procede del impuesto de afecciones ambientales), entre uno y 1,3 se destinan a pagar la factura de la luz y otro tanto a mantenimiento. El consumo mensual medio de energía se traduce en 70.000 euros por el sistema de bombeo de la depuradora.

En 2018 se destinaron a inversiones y reparación (mantenimiento aparte) 598.000 euros. Las principales actuaciones fueron la redacción de un estudio de corrosión, la renovación de tamices, la reparación de cubiertas y de filtraciones en el colector interceptor del Tuluergo (en años precedentes, como ya informó este diario, hubo hasta que apuntalar la cúpula del complejo). El pasado año la suma destinada a esa partida fue de 121.000 euros. Se emplearon, entre otras cuestiones, a la redacción de un estudio olfatométrico (por los malos olores) y a la renovación de bombas en la línea de fangos, del equipo de preparación de poliecletrolito y de las instalaciones de compensación de energía reactiva.

El estudio de corrosiones, realizado en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), concluye que dadas las particularidades que se dan en esta planta, se deben utilizar materiales plásticos o acero galvanizado con una capa de 320 micras de protección. Nada de acero inoxidable. El estudio está en manos de las administraciones competentes para que lo tengan en cuenta en el proyecto de reforma pendiente de licitación. Para no volver a caer en los mismos errores.

Cruzana Egocheaga, jefa de la planta, asegura que pese a las complicadas situaciones de la EDAR de Maqua "no ha estado en riesgo la seguridad de los trabajadores". "Esta es la primera planta con detectores individuales de sulfhídrico, con sus equipos de respiración semiautónomos. También la única que cuenta con 20 medidores de continuo de ese gas. El control es continuo y lo podemos realizar a través del móvil", explica.

Cadasa y el Principado vienen apretando las tuercas para que el Estado dé de paso la inversión para reformar la depuradora en la que se tratan las aguas residuales de buena parte de la comarca avilesina. La situación de interinidad en la que estuvo el Gobierno hasta no hace no ayudó a conseguirlo. "Vamos sobreviviendo. Si ahora estamos reparando hormigones y dentro de cinco meses nos surge otro problema, tenemos que solucionarlo", apunta Alberto Villa.

En Maqua no hay descanso mientras sigue la espera. La estación nunca para. Ayer mismo, vecinos del entorno felicitaban a Cadasa por unos trabajos que han permitido acabar con las vibraciones, y el consecuente ruido, por "un venteo del colector industrial en San Balandrán".

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