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La pesca asturiana desconfía del impacto del Brexit en su actividad a medio plazo

Los barcos de la región faenan en aguas ajenas a las zonas donde Gran Bretaña recupera soberanía, pero temen la invasión de pescado británico

Una pasada descarga de merluza en la rula de Avilés pescada en aguas comunitarias.

Una pasada descarga de merluza en la rula de Avilés pescada en aguas comunitarias.

Pese a que los términos que han trascendido del acuerdo pesquero alcanzado para hacer posible el Brexit (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) no tendrían por qué afectar a la flota asturiana, la proverbial desconfianza de los pescadores les hace ser cautelosos al analizar las repercusiones que

A priori, los barcos asturianos con bandera española que faenan en aguas comunitarias pescan en los caladeros de las zonas marítimas VIII a, b, d y e, que se corresponden con el golfo de Vizcaya, en latitudes alejadas de la costa británica. Los caladeros que se ven comprometidos por el Brexit son los de las zonas VI y VII (oeste de Escocia, mar de Irlanda y Porcupine), ajenos a los intereses de los barcos asturianos. No obstante, hay armadores asturianos afincados comercialmente en Burela (Lugo) –los que dejaron Avilés hace poco más de una década descontentos con la gestión de la nueva rula– que han comprado en los últimos años barcos con bandera francesa y algunos de ésos sí que tienen permisos de pesca para aguas de influencia británica.

“Si el pescado británico invade el mercado europeo, los precios de primera venta se resentirán con toda seguridad”, dicen los pescadores asturianos

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Tanto unos como otros no las tienen todas consigo al respecto del posible impacto que tenga el Brexit en su actividad. Los barcos que pescan en el Golfo de Vizcaya seguirán haciéndolo con normalidad a partir del 1 de enero y los que llegan a “subir” a aguas británicas no tienen, de momento, órdenes de dejar de hacerlo. Los temores tienen que ver más bien con lo que pasará a medio plazo. Así lo expresó a este diario un armador asturiano con licencia comunitaria: “Según se ha dado a conocer, el acuerdo que ha hecho posible el Brexit pasa por la devolución a Gran Bretaña de un 25 por ciento de la soberanía pesquera en sus aguas en el plazo de cinco años. Veremos a ver cómo se articula eso y si no hay gato encerrado, pero una cosa ya parece clara: si los británicos van a pescar un 25 por ciento más en aguas de las zonas VI y VII, los demás barcos europeos no van a pescar ese cupo; y cabe pensar que la presión pesquera de lo que se deje de pescar en aguas británicas recaiga en aguas del Golfo de Vizcaya, donde sí que faenamos nosotros, los españoles”.

Hay otra derivada tanto o más preocupante del Brexit pesquero: el impacto de la medida en el mercado de la pesca. Los euroescépticos británicos aseguran que los barcos de la UE pescan siete veces más en sus ricas aguas que la flota británica en las comunitarias, por lo que, tras el Brexit y la consiguiente recuperación de soberanía pesquera, calculan que se podría duplicar la facturación del sector. El problema, para los pescadores británicos, es que el 70 por ciento de sus capturas son vendidas al exterior, principalmente a la UE. Y, sin un acuerdo comercial las exportaciones se habrían complicado. De hecho, la amenaza de imponer aranceles al pescado de Gran Bretaña fue la gran baza negociadora europea desde el primer minuto. Finalmente, Gran Bretaña rebajó sustancialmente sus pretensiones de soberanía pesquera (empezó pidiendo la recuperación del 80 por ciento), pero a cambio se ha librado de gravámenes arancelarios. Y a eso es a lo que tiene miedo los pescadores asturianos: “Si el pescado británico invade el mercado europeo, los precios de primera venta se resentirán con toda seguridad”.

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