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la figura de la semana josé manuel álvarez fernández Jefe de la Policía Portuaria de Avilés

"Molleda", el guardián de los muelles avilesinos

José Manuel Álvarez Fernández comenzó a trabajar en el Puerto cuando era un chaval y ha pasado por varios servicios hasta dirigir la Policía Portuaria

José Manuel Álvarez Fernández, en los muelles de la margen izquierda.

José Manuel Álvarez Fernández, en los muelles de la margen izquierda. Mara Villamuza

La del corverano José Manuel Álvarez Fernández es una vida a pie de muelle. Recién salido del Servicio Militar, entró en la plantilla de la Autoridad Portuaria de Avilés en una convocatoria de plazas. De aquello hace ya dos décadas “o más”, toda una carrera profesional en la que ha pasado por servicios varios hasta asentarse como el máximo responsable de la Policía Portuaria. Conocido por muchos en los muelles como ‘Molleda’, la población corverana de la que es natural y en la que echó raíces, hoy es un reconocido “hombre feliz”. Y eso que la vida no se lo he ha puesto nada fácil al guardián de los muelles avilesinos.

Álvarez Fernández es el encargado de la organización del servicio y de distribuir al personal que vela por la legalidad en la zona de servicio y en las instalaciones portuarias. Bajo su mando están 26 agentes divididos en grupos de cinco personas que hacen guardias de ocho horas mañana, tarde y noche, veinticuatro horas, los 7 días de la semana, los 365 días del año.

En sus tiempos mozos ingresó en Maestría pero aquello no le acabó de convencer. Así que tras la mili se presentó a una convocatoria de la Autoridad Portuaria. Y superó la prueba. Empezó en el servicio de conservación y pasó por diferentes puestos: conductor de maquinaria, conductor oficial... Como chófer, cubría las vacaciones del conductor titular. Así que lleva acompañados en sus traslados a los presidentes que han tomado el timón del Puerto durante todos estos años. “Empecé con Flaquer –Francisco Flaquer Bueso, ocupó el cargo entre 1983 y 1990– y también me tocó con Manuel Martín Ledesma, Manuel Ponga y Manuel Docampo”, relata.

Otro examen superado lo convirtió en guarda muelles, el paso previo al proceso selectivo para convertirse en el encargado de la Policía Portuaria, que también superó con éxito. Su etapa como agente tuvo un “impasse”. Y es que José Manuel Álvarez pasó “cinco o seis años” desplazado en otro servicio, vigilancia de obras, con motivo de la ejecución de los muelles de la margen derecha.

Dicen sus colegas de la Autoridad Portuaria que ‘Molleda’ es “el hombre tranquilo”, “un gran compañero siempre dispuesto a ayudar” que ha estado en cada servicio del Puerto que se le ha requerido. Y siempre con una sonrisa. Noble, honesto, comprometido, paciente, son solo alguno de los adjetivos que atribuyen al jefe de la Policía Portuaria quienes comparten con él el día a día. También destacan sus dotes de bailarín. Dicen trabajadoras del Puerto que en las celebraciones de la entidad se lo rifan: “Baila fenomenal, todas queremos bailar con él”.

José Manuel es hombre de pocas palabras, tímido y sensible. Aficionado a la bicicleta de montaña –“salgo una o dos veces por semana pero no a competir, a disfrutar”–, habla con satisfacción de su trabajo, en el que dice estar “encantado” –“nosotros estamos continuamente trabajando de cara con todos los clientes y usuarios del Puerto, cuando las cosas salen bien es muy gratificante, si te gusta tu trabajo, el día a día es fantástico”–. Y se emociona cuando se le pregunta por su vida familiar.

No consigue contener las lágrimas cuando habla de la última incorporación de la familia, la pequeña Zoe. Su primera nieta, de tan solo tres meses, es su perdición. Y se emociona de nuevo cuando menciona lo “muy orgulloso” que está de sus hijos Diana y Diego, su gran obra. Álvarez Fernández enviudó cuando sus hijos “eran muy pequeños”. Tenían tan solo 9 y 11 años. Entre los tres, y el apoyo de la familia, salieron adelante. Con la vida rehecha y la llegada de la pequeña Zoe, este “hombre sencillo” llora, pero de felicidad. “Tengo 26 compañeros fantásticos, son muy profesionales. En el Puerto está mi segunda familia y soy un hombre feliz, a nivel personal y profesional”, confiesa el guardián de los muelles.

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