Chapistería Alfonso cumple cincuenta años convertido en todo un referente en la comarca avilesina. Fundada en 1972 por Alfonso Martino, esta empresa familiar ha sabido ganarse la confianza de sus clientes gracias a cinco décadas de buen hacer en todos los sentidos. Dedicada a la reparación, revisión y mantenimiento de automóviles de todas las marcas, tanto en el ámbito de la carrocería –chapa y pintura– como de la mecánica, cuenta de unas amplias instalaciones totalmente equipadas con las últimas novedades del sector, así como con un personal altamente cualificado cuya profesionalidad y cuidada atención al cliente ha sido uno de los pilares durante sus 50 años de andadura, puesto que le ha permitido ofrecer un servicio integral para su vehículo, en un solo taller y con una máxima calidad en todas las especialidades. Los más de 5.000 vehículos que cada año pasan por este taller son su mejor aval .

Alfonso Martino Cedidas a LNE

Toda una vida de esfuerzo y de trabajo que comenzó en 1960, año en el que Martino comenzó a trabajar en un taller ubicado en “El Arbolón” de una empresa muy importante del sector en aquella época, según recuerda. Una década después, “ya tenía algo de mando”, señala, ocupando el puesto de encargado, y un año más tarde se convirtió en emprendedor, pues decidió establecerse por su cuenta en un local de alquiler situado en un bajo de la calle Juan de Austria de Raíces. Tenía 200 metros y en apenas un año estaba ya acondicionado para ponerse en marcha. Corría el mes de febrero de 1972 cuando Chapistería Alfonso echó a andar. El balance, aunque como en todo hubo mejores y peores épocas, no puede ser más positivo. Eso sí, los inicios “fueron tiempos difíciles por la llegada de la democracia y los cambios unidos a ella”, comenta Martino, quien echa la vista atrás para recordar que “había más facilidades en aspectos como la contratación de personal, aunque a muchos había que prepararlos”. Asimismo, por aquel entonces no había escuelas formativas, ni tecnología ni los medios que hay actualmente, “ni tampoco los colores ni la pintura... todo era más complicado pero también muy alegre”.

Alfonso Martino en sus inicios Cedidas a LNE

Y es que cualquier parecido con la realidad actual era pura coincidencia. “A veces me pongo a pensar como hacíamos la pintura, los trabajos y las reparaciones, y luego pienso en lo que tenemos ahora, con esta cantidad de máquinas y ordenadores, con la tecnología para las mediciones, las soldaduras, las reparaciones, o incluso la cuestión de la seguridad y la salud en el trabajo, es todo totalmente distinto”, confiesa.

En sus inicios, Chapistería Alfonso realizaba únicamente labores de chapa y pintura, aunque las reparaciones mecánicas no tardaron en incluirse en su carta de servicios. “Cuando abandonamos Raíces y nos instalamos en Piedras Blancas el 1 de mayo del 75, la gente empezaba a demandar el tema de la mécanica y, al haber hecho una ampliación importante en lo que a metros del negocio se refería, decidimos poner una parte dedicada a las reparaciones mecánicas que desde el principio fue bien. Si algo funciona y si el cliente te lo demanda, hay que intentar ofrecérselo, y hoy en día, menos surtidor de gasolina, ofrecemos prácticamente de todo”, cuenta el responsable de la empresa. Tanto es así, que cuenta con su propia compañía de ayuda y remolcaje para vehículos. “En marzo del 89, las pólizas de seguro todavía no incluían la asistencia y, junto a un importante colectivo de Avilés, monté una empresa de asistencia. Lo hice por necesidad, porque hacía falta, y la verdad es que tuvimos mucho éxito”. Según comenta, dos décadas después, en 2019, está empresa llegó a hacer 23.000 asistencias en carretera. “Un auténtico récord nacional”, dice.

Visionario desde sus inicios, “si no duermes tienes que pensar, y como no dormía mucho iba adelantándome a las cosas”, confiesa, Martino no sólo amplió su negocio en lo que a instalaciones y servicios se refiere, sino que también ha sabido encontrar siempre un nicho de mercado para todas las necesidades, especialmente las suyas propias. Así, creó una red de recambios y repuestos. “La monté porque, al ser un taller multimarca y no tener ninguna exclusividad, me era imposible contar con un almacén con repuestos para todas las marcas y vehículos que había, así que creé la red para vender al público y también para suministrar a mi negocio y así ofrecer más agilidad en las reparaciones al no tener que estar esperando por una u otra pieza”, apunta. “Tenía mi propio almacén y eso me facilitaba mucho la entrega de los vehículos”.

Aunque aún no tiene claro el tema de la jubilación, Alfonso Martino asegura que la cuestión del relevo la tiene más que resuelta, “pues una de las últimas ampliaciones que hicimos fue en base a que ya tenía apoyo. Tengo un hijo que lleva ya veinte años conmigo, y del cual estoy muy orgulloso, así como una hija, la cual hace labores de administración, lo que quizá me lleva a tener un poco más de fuerza: los tengo aquí y estoy muy contento y muy orgulloso”.

Nacido en un pueblo de la falda del Sueve, entre ganado vacuno, cuenta, ha sabido compaginar en los últimos tiempos su taller con otra de sus grandes aficiones, la ganadería, a la que se había dedicado hasta que su tío le trajo a la comarca avilesina a “buscarse la vida” en el ámbito del automóvil. “Mi sueño siempre fueron las vacas y, después de muchos años aquí, he podido contar con una explotación de vacas de leche con la que estoy muy contento y orgulloso. Es mi hobby y me lo paso muy bien, voy a concursos y es una manera de disfrutar y revivir los tiempos pasados”, destaca.