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"¿Qué hago aquí?", dudó Dacal en el viaje que le cambiaría la vida

El éxito deportivo nunca se le subió a la cabeza: con el dinero recibido por la medalla se compró un R-5 "para ir a trabajar"

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EN IMAGENES: Dacal, su trayectoria deportiva Francisco L. Jiménez

Veinte años de sequía medallista en los Juegos Olímpicos eran demasiados para un régimen político, el franquismo, que necesitaba munición con que alimentar su maquinaria propagandística. Y el éxito del avilesino Dacal en un país donde el boxeo era seguido con pasión gracias a figuras como Pepe Legrá, Urtain o Pedro Carrasco tenía todas las papeletas para convertirse en armamento pesado.

El propio Dacal relataba años después, una vez digeridos los acontecimientos, que el recibimiento del que fue objeto a su llegada a España, las recepciones oficiales "al más alto nivel" y el interés de los medios periodísticos por su "hazaña" le sobrepasaron. "Y venga fotos con la medalla y pedirme autógrafos cuando yo lo único que quería era volver para Asturias, estar con mi gente y ponerme a entrenar; así que ni esperé por un avión y volví en el primer tren que pude", aseguraba al dictar sus memorias.

Dacal entregó su vida al deporte, pero a su manera. En su orden de prioridades no estaba, al principio, profesionalizarse por más cantos de sirena que le animaban a tomar ese camino porque para él lo importante era "colocarse en Ensidesa", lo cual logró. No obstante, una vez asegurado el empleo en la empresa siderúrgica sí que tuvo una etapa como boxeador profesional, pero menos exitosa que la de aficionado, donde lo ganó casi todo.

"¿Qué hago aquí?", dudó Dacal en el viaje que le cambiaría la vida

De la proverbial humildad de Enrique Rodríguez Cal da fe este fragmento de sus memorias: "Subido en el avión que nos llevó a Munich veía a las estrellas del deporte español de la época – los baloncestistas Luyk y Brabender, el atleta Mariano Haro...– y me decía: ‘¿pero qué hago yo aquí?’".

Por más que tuviera dudas, aquel avilesino de 20 años boxeador minimosca campeón de Asturias y de España que había sido seleccionado para representar a España en los Juegos Olímpicos por recomendación expresa de dos "bestias" del ring como Legrá y Carrasco, no defraudó las expectativas.

Ya retirado del boxeo y siempre fiel a su club de toda la vida, la Atlética Avilesina, Dacal gozó allá donde fuese del cariño, la admiración y el respeto popular por su carácter llano, por su disposición a colaborar en cualquier buena causa que le proponían y por el fomento que hizo de la vida sana a través del atletismo mientras su cuerpo enfermo le permitió calzar las zapatillas de correr. Dacal labró su fama con los guantes de boxeo puestos, pero las conquistas más importantes las logró con ellos quitados.

"¿Qué hago aquí?", dudó Dacal en el viaje que le cambiaría la vida

Cuentan las crónicas que el debut de "Dacal II" Múnich-72 fue desalentador, pues perdió ante el campeón de Europa, el rumano Alexandru Turei. Después, el estadounidense Davey Armstrong le ganó con más claridad aún. O sea que el combate contra el experimentado cubano Rafael Carbonell, campeón panamericano, pintaba como el de adiós al sueño olímpico. Y ante Carbonell Dacal hizo el combate de su vida.

La popularidad deportiva que alcanzó el olímpico Dacal y los muchos éxitos que encadenó en el ring hasta su retirada en la década de los años 80 no variaron un ápice su visión de la vida: deporte sí, pero compaginado con el trabajo y la familia. Y como ejemplo, este botón de muestra: el premio económico que le reportó la medalla olímpica de bronce lo invirtió en comprar un Renault 5 para ir a trabajar y en dar la entrada para comprar un piso.

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