Las campanas de San Nicolás tañen por Álvarez Balbuena, modelo de "señorío"

Decenas de personas ligadas a la cultura y la empresa despiden con respeto y agradecimiento a un hombre "libre, generoso y servicial"

Francisco L. Jiménez

Francisco L. Jiménez

Es difícil decir más con menos: en la muy comercial calle La Cámara de Avilés ayer de tarde destacaba como un faro en la noche un comercio cerrado. Óptica Balbuena tenía la persiana bajada; y en el centro de la misma, colocada con precisión milimétrica, una esquela anunciaba el motivo: la defunción del hombre que hizo grande el negocio, Fernando Álvarez Balbuena, y su misa de funeral en San Nicolás de Bari. Muchos peatones se paraban ante la negra persiana de la óptica y a la vista de la esquela seguramente cruzaba por su mente un pensamiento de pesar por la muerte de un hombre que trascendió las fronteras del comercio avilesino para forjarse un nombre igualmente respetado en el ámbito de la cultura asturiana, la historia y cualquier ciencia social imaginable.

Las campanas de la iglesia de la Villa tocaban a difuntos y el orbayu empapaba el empedrado de la campa de San Francisco donde la gente se arremolinaba en respetuoso silencio esperando la llegada del coche fúnebre con los restos mortales de Álvarez Balbuena, que hubiera tenido en esa melancólica escena un buen tema para componer uno de sus aclamados sonetos. La poesía, sin embargo, la puso el sacerdote oficiante del funeral, Alfonso López, que leyó al final de su sermón unos emocionantes versos. Tampoco faltó la música en el funeral –¡cómo podría siendo el difunto un melómano empedernido!–, en este caso interpretada por la Asociación Coral Avilesina, de la que Fernando Álvarez Balbuena era presidente de honor y gran benefactor, y el organista Rubén Díaz.

Asistentes al funeral.

Asistentes al funeral. / Francisco L. Jiménez

El presidente de la Cámara de Comercio de Avilés, Daniel González, estuvo al frente de una nutrida representación de empresarios y comercantes retirados o en activo entre los que también se vio a Julián Rus, Ramón Arias, Antonio Sabino o Juan Rivero. El Grupo Daniel Alonso envió una corona de flores, una de las muchas que pusieron color a la despedida de Avilés a un hombre respetado hasta por quienes están en las antípodas de su ideología liberal, la que defendió con tanto convencimiento como poca estridencia desde cualquier púlpito, incluida la tribuna mensual que escribía en este periódico.

Tampoco faltaron a la cita rostros populares de las artes avilesinas, eso que se viene a llamar el "mundillo cultural" de la villa: Favila, Béznar Arias, Agustín Alonso Biscayar, Fernando Alonso Treceñol, Esther García López o Carmen Nuevo, entre otros. También miembros de entidades cívicas y educativas como la Escuela de Artes y Oficios, la Filarmónica Avilesina, la Sociedad Económica de Amigos del País, el Club Rotario... El cura Alfonso López lo expresó casi poéticamente: "A través de vuestros rostros, hoy aquí presentes componiendo una partitura de gratitud y cariño, se retrata una vida plena y fecunda, la de Fernando Álvarez Balbuena".

Juan García, de la Sociedad Amigos del País de Avilés y Comarca, se refirió así al difunto: "Le conozco desde hace 25 años; fue el padre que nunca tuve y me salvó de muchas quemas aconsejándome bien. En lo lúdico, me introdujo en la afición por escribir y la poesía, eso me lo contagió él".

Un grupo de personas da el pésame a la viuda, Rafaela García, en el centro.

Un grupo de personas da el pésame a la viuda, Rafaela García, en el centro. / Francisco L. Jiménez

El periodista Graciano García, ahora al frente del proyecto "Asturias, capital mundial de la poesía", le dedicó estas palabras: "Lamento mucho su fallecimiento, siento una gran admiración por él. Fue un hombre culto, de gran sensibilidad y espíritu joven. Era un magnífico poeta y un defensor de la cultura, que es la base de todo. Le agradeceré siempre que fuese de los primeros en sumarse al proyecto ‘Asturias, capital mundial de la poesía’. Él llamó para ofrecer cualquier ayuda; eso nunca lo olvidaré porque sé muy bien lo que cuesta arrancar proyectos grandes y Asturias es recelosa ante lo nuevo y lo grande. Gente como él hace falta siempre, por su condición de ciudadano ejemplar".

El párroco Alfonso López hizo de la misa de funeral una loa a las virtudes de Fernando Álvarez Balbuena, al que describió como "un hombre que en busca de la verdad encontró su fruto: la libertad", "esposo, padre y abuelo ejemplar" y una persona "generosa y servicial" hasta el punto que, según aseguró el sacerdote, "nadie podrá decir que recibió una negativa suya cuando le fue a pedir ayuda, consejo o iluminación".

La serena despedida a Fernando Álvarez Balbuena, cuya familia ha vivido estas dolorosas horas con resignación y entereza, pone el colofón a la intensa y fecunda vida de un avilesino que según sus allegados "tenía la capacidad de multiplicar las horas" y según los avilesinos que se beneficiaron de su amistad y sabiduría "fue un modelo de señorío, un maestro en diversas disciplinas y un puntal de la construcción social del Avilés del siglo XX".