Jesús Cintora | Periodista y presentador

"Hay quien quisiera quitarme de la circulación pero intento no parar"

"Desde el poder político y económico se intenta que no se hable de lo que pasa; el oficio del periodista es contar lo que ocurre"

Jesús Cintora

Jesús Cintora / J. C.

Christian García

El periodista Jesús Cintora (Soria, 1977) presentará el sábado 9 en el Museo Marítimo de Asturias sus libros "No quieren que los sepas" y "La conjura". Reconocido presentador de programas de televisión y radio, Cintora hace un parón en la preparación de su quinto libro para atender a LA NUEVA ESPAÑA y hablar sobre sí mismo, la situación del periodismo y la actualidad política en España.

–Es conocido por estar siempre en movimiento. ¿En qué proyecto se encuentra envuelto?

–Estoy escribiendo un libro nuevo y la idea es que salga en 2024. Dentro de las dificultades que tengo para hacer lo que más me gusta desde joven, que es presentar programas de radio y televisión, me dedico a escribir, a mi canal de YouTube, a hacer conferencia semanalmente en diferentes partes de España... Intento no parar. Hay quien quisiera quitarme de la circulación, pero si me cierran una puerta intento abrir una ventana.

–¿Qué tal va con las charlas?

–Me gusta responder a la ciudadanía y que la ciudadanía pueda preguntar. Voy a diferentes lugares llamado por concejalías de cultura, ateneos o asociaciones. Me parece que como periodista hay que tener contacto con la calle y escuchar.

–¿Qué es lo que no quieren que sepa la ciudadanía?

–Hay quien desde el poder político y económico intenta que no se cuente lo que pasa sino lo que les interesa, es la realidad. El oficio del periodista es contar lo que ocurre. No me gusta generalizar, pero sí me he encontrado en mi experiencia profesional, y más o menos todos los periodistas, con este tipo de obstáculos. El libro tiene la pretensión de contarle a la gente lo que no sabe o no nos cuentan del funcionamiento del país. Es un libro claro, conciso y entretenido pero cargado de información.

–Se ha hablado mucho de las cloacas del Estado pero no del poder mediático. ¿Por qué?

–En el libro hablo de situaciones que tienen que ver con oligopolios económicos y clientelismo político, aspectos que no han avanzada desde la dictadura. A fin de cuentas, vivimos en un país donde, por desgracia, hay jueces, fiscales, inspectores de Hacienda, policías y periodistas que somos apartados por intentar hacer dignamente nuestro trabajo. No debería ser así y como tal hay que denunciarlo. El libro es un canto a una regeneración necesaria.

–¿Es posible esa regeneración?

–La responsabilidad del periodista es contar lo que ocurre. Sólo por contarlo aportamos nuestro granito de arena para que cambie. El problema que hay es la censura y la autocensura. No se cuentan determinadas cosas que afectan a determinada gente por miedo a perder el trabajo. Me gusta decir que deberíamos vivir en una Transición permanente en un intento de cambiar las cosas. Me han dicho que hacer un periodismo así es pesimista. Considero que contar lo que hay es hacer un periodismo optimista porque es el primer paso para intentar cambiar lo que está mal. Si ponemos todo bajo la alfombra difícilmente avanzaremos.

–Se habla también de periodismo activista para denostar la labor de rigor y veracidad.

– A mí las etiquetas me dan risa. El periodismo lo es a secas, no tiene más historia. El problema lo tienen los que no lo hacen. Es algo tan sencillo como contar lo que pasa, de informar a la ciudadanía. Cuando se censura y se autocensura, porque la gente no se fía de lo que lee y ve y desconecta de los medios.

–¿Vamos hacia la idea de que todos los periodistas mienten?

–La gente tiene claro quiénes hacen buen periodismo y quienes no. Actos como el de Luanco son buenos para conocer el pensamiento de la ciudadanía y aportarles cosas nuevas. No les digo lo que quieren oír, me parece un retroceso. Es lo contrario al algoritmo de las redes sociales, que tiende a ofrecer lo que se quiere leer o escuchar. Eso es vivir en un espejismo. El periodista debe contar lo que pasa le pese a quien le pese.

–¿Todo se resume en el rigor?

–Se da por hecho el rigor, la veracidad y la deontología, pese a que no siempre se cumple. Me preguntan mucho por el periodismo y cada vez me da más pereza, me gusta más hablar de la ciudadanía. Es curioso porque se me pregunta a mí y tampoco es que me dejen ejercerlo. Es una paradoja.

–El Consejo General del Poder Judicial cumple cinco años en funciones y sin previsión de renovarse. ¿Cómo afecta esta situación?

–Podríamos sintetizarlo en que el tinglado está montado para que no todos seamos iguales ante la ley. Por la forma de elección de quien administra la justicia, por los órganos para administrarla que no son iguales para todos, por el récord de aforados en España... Por desgracia, desde la base, deja muchísimo que desear para que realmente sea como debería ser, y esto se le oculta a la ciudadanía. Aún así, la gente tiene bastante claro que la justicia es desigual.

–También se habla de desigualdad entre españoles respecto a la Ley de Amnistía.

–Me llama la atención que haya gente que se enfrasque debates que lleva a decir que España se rompe y que se acaba la democracia. La amnistía es una medida que lleva a cabo el Gobierno para sacar adelante una legislatura, sino no lo habría hecho. Si es constitucional o no lo dirá el Tribunal Constitucional.

–¿Ha radicalizado más si cabe el debate político?

–La derecha puede estar en contra de la amnistía y recordar que Pedro Sánchez decía que no la iba a hacer. El problema es que ha optado por una exageración y una hipérbole que puede colocarles como una caricatura. Si nos instalamos en la sensatez será bueno para todos.