Entrevista | Luis Gallego Presidente del Club Marino de Luanco

"Si hablas de fútbol no pasa nada, pero si hablas de política te marcan"

"De lo que más me arrepiento es de no haber hecho caso a mi mujer y presentarme a alcalde, con la rotura familiar que me causó"

Luis Gallego

Luis Gallego / ;iki López

Noé Menéndez

Noé Menéndez

¿Presidentes de clubes de fútbol? Florentino Pérez o Joan Laporta, Jesús Gil, Lendoiro o Lopera... Irarragorri o Jesús Martínez, las caras mexicanas detrás de Sporting u Oviedo. Luis Gallego es la antítesis. El luanquín lleva 40 años trabajando en el Marino, uno de los equipos más carismáticos y familiares de toda Asturias. Su pasión es la de un crío que estrena sus primeras botas de fútbol, pero también es el creador de Muebles Novar, empresa referencia en Luanco.

Sus primeros años. "Nací en Luanco, en el centro del pueblo, en 1952. Mi padre era de Moaña, de donde es Iago Aspas, y vino a Luanco cuando tenía 15 años. Mi madre era de Luanco de toda la vida. Tuve una infancia normal, empecé en la escuela con 5 años. Aunque antes estaba en un equipín del pueblo, mi pasión por el fútbol, que vivía a tope, empezó con 12 años, cuando se hizo el infantil del Marino y me metí a jugar. El Marino estaba en lo que ahora es Preferente. Mis padres, Mariano y Rosario, se trasladaron dos años a trabajar a Villares, en Galicia, para montar una empresa de cementos. Iba también Ermelinda, mi hermana. Dije que no quería ir por no dejar de jugar en el Marino. Iba los veranos. Quedé dos años con mis abuelos, Rudesindo y Engracia, para jugar en el Marino".

Separado de sus padres durante dos años. "Mi madre nunca trabajó, siempre fue ama de casa. Antes se vivía con el sueldo de uno, ahora tienen que trabajar las mujeres también. Aunque mi madre no trabajase hacía bodas o ayudaba en una vinatería, para colaborar de vez en cuando. Estaba encantado con mis abuelos, porque cuando rompía el pantalón jugando en el parque se lo daba a mi abuela, porque si lo llevaba a casa me caía bronca. Y lo de ir a jugar al parque con zapatos… Si se enteraba mi madre me mataba. Los abuelos eran más permisivos. Tenía mucha relación con mi abuelo".

Luis Gallego,  en Miramar. | |   MIKI LÓPEZ

Memorias de Luis Gallego. / LNE

En León duró una semana. "Acabé el Bachiller, con 17 años, y todas esas cosas y me fui a estudiar a León. Quería ser perito agrícola. Fui para ahí, vi las notas del año anterior y solo había un aprobado, con un 5. Cuando tenía la pensión cogida y todo busqué al que había aprobado y le pregunté qué había que hacer para aprobar, porque a mí no me gusta estudiar. El libro de Física y Química era muy gordo. Mi amigo Marcelino ‘el Funerario’ y yo los metimos en el cajón y no lo sacamos en todo el curso. Decidí dejarlo. Estuve una semana. Busqué excusas para volver, porque el verano anterior había conocido a la que fue mi mujer. Entre que conocí a la moza, que quería seguir con el fútbol y que era un mal estudiante, dije que para casa. A mis padres casi les da un colapso. A partir de ahí hice administrativo, nada más".

La mili, lo antes posible para poder casarse. "A la mili pedí ir voluntario, para casarme pronto. Llevaba cuatro años cortejando a la que fue mi mujer. Ella me conoció como monaguillo. Leía la epístola en misa, los domingos. Cuando pasaron su prima y ella a comulgar se fijaron en mí. Yo vi dos chavalas muy guapas, pero nada más. Ella tenía 14, le sacó tres años y medio. A los diez meses de casarnos, a mis 23 años, nació Rosana".

A trabajar desde joven. "Me puse a trabajar con 20 años. Fui a la empresa de mi padre, Pasek España. Mi padre tuvo tres empresas: La Ferralla, Montajes Nalón y Pasek España. Me mandó a la oficina de Pasek España a hacer nóminas. Cuando llegó el primer mes de pago yo ganaba ocho mil pesetas, y entre que doblaban, echaban horas y tal, vi que los peones cobraban 15.000, 16.000 o 20.000 pesetas. Le dije a mi padre: ‘voy para abajo, de peón’. Y marché para ser peón. Dije ‘aquí ganó dinero’. El ambiente era muy encrespado, duro, y para un chaval de 20 años más todavía. Un obrero me dijo ‘Luis, coge y marcha de aquí, cuanto primero mejor. Tú estudiaste, tienes 20 años, ¿qué haces aquí?’. Y tenía razón. Hacía un año que estaba en la empresa. Tiré la pala y marché para casa. A buscar trabajo a otro lado".

Leticia Sánchez, con un busto y  un retrato múltiple de Monterroso, en su biblioteca personal, ubicada en el campus del Milán. | |  FERNANDO  RODRÍGUEZ

Memorias de Luis Gallego. / LNE

A buscar suerte a Oviedo. "Fui a Oviedo, a buscar una oficina donde trabajar. Me pagaban siete mil pesetas, menos que donde estaba, y los alquileres valían cuatro o cinco mil pesetas. No se podía ir a ningún lado. Según marchaba al Alsa encontré un cartel que ponía que se necesitaba gente en Galerías Preciados. Me sonaba de verla en las películas, me impresionó y decidí probar suerte. Subí a ver qué era. El sueldo de dependiente no era muy grande. Llego y la chavala me dice que lo sentía mucho, que los dependientes ya estaban haciendo un cursillo en Madrid y que no había más plazas. Le extendí las manos y le dije que yo tenía el Bachiller y esas cosas, pero que era peón. Tenía las manos llenas de callos. Me giré para marchar y resulta que estaba una puerta medio abierta, y el director de la planta escuchó la conversación. Al señor le encantó cómo me expresaba y mi sinceridad, algo que él valoraba mucho. Me ofreció 10.600 pesetas de sueldo y me dijo que lo iba a arreglar para meterme en Telas y Tapicería. Hizo un pequeño trapicheo, diciendo que mi padre tenía una tapicería y yo había aprendido con él. Estuve allí seis años. Fui a vivir a Lugones, porque en Oviedo las rentas estaban muy caras. Mis suegros aprovecharon y compraron un piso allí.

Su inicio en el mundo de los muebles. "Quería aprender y saber. Entrábamos a las nueve y yo a las siete y media ya estaba por ahí trabajando, así que al año el director me dijo que me daba lo que necesitase. Me ofrecieron contratar a mi mujer, pero no lo acepté porque ellas cobraban menos que los hombres, teníamos que contratar una persona que cuidase a la cría, y no nos salía rentable. No iba a trabajar para sacar tres mil pesetas. Metieron a mi cuñada, que estuvo desde los 18 hasta que se jubiló. Me movieron a muebles. Ahí ganaba mucho dinero con las comisiones, a veces incluso más que el director. Galerías Preciados fue como ir a la Universidad, porque todo lo que vi ahí lo traje a Luanco".

Pensar en su propio negocio

"A los seis años, a los 29, decidí poner un negocio por mi cuenta. Cuando José María Ruiz Mateos compró Galerías Preciados vi una maniobra muy mal hecha por la empresa con ciertos trabajadores y decidí marcharme. Querían venir a revolucionarlo todo y a mí no me gustó nada. Entonces pensé en abrir en Oviedo con Muebles Gallego o en Luanco, por la gente de aquí. Aquí no había mucha competencia, lo que había eran tiendas muy pequeñas. Cuando decidí irme querían llevarme para Alicante para ser director de dos plantas, y me daban un adosado en una urbanización, pero yo no me quería ir ni loco. Encima ya tenía todo montado en Luanco, porque había tirado de los proveedores que trabajaban con Galerías Preciados. Se querían hacer cargo de la mercancía, pero lo rechacé. Mi abuelo siempre decía ‘más vale honra sin barco que barco sin honra’".

El inicio de Muebles Novar, su gran empresa. "Empecé muy apurado, con un crédito de 700.000 pesetas y avalado por una tía mía que tenía un bajo y un piso. Yo no tenía ni un duro. El local era de renta y tuve que pedir el crédito. Luego hay cosas que tienes suerte. Cuando más apurado me sentí apareció un matrimonio que alquilaba apartamentos y pisos. Necesitaban amueblar los pisos, y me contactaron a mí. Les amueblé todo en quince días. Gracias a eso arranqué, fue un respiro gigante y supe que todo iba a ir bien porque el casero que tenía quería ser mi socio. Era un tío con perres y que sabía del mundo, no era un guaje como yo. Tiramos para adelante y después vinimos a vivir Luanco, a casa de mis suegros. Luego cogimos un piso mirando a la playa y tuve a las gemelas, que ya tienen 40 años. Rosana, la mayor, tiene 48".

Arriba, el recorte de una noticia de un naufragio que Monterroso guardó en un ejemplar de «Moby Dick». Arriba, a la derecha, los veleros que dibujaba como exlibris. A la derecha, la dedicatoria de Juan Rulfo autografiada en «Pedro Páramo» y «El llano en llamas». | |  F. RODRÍGUEZ

Memorias de Luis Gallego. / LNE

Volvió al fútbol años después a través de los despachos. "Vine de la mili y volví al Marino, con 22 o 23 años, y estuve seis meses. Fue cuando vino lo de Galerías Preciados y me tuve que ir. Dejé el fútbol. Estuve un año en el Bañugues, iba desde Oviedo a los entrenamientos y era muy complicado. Monté la tienda hace 40 años y Julio César, un histórico del Marino, y Viña, uno que fue portero del Avilés, cuando Ramón del Montán era el presidente del Marino, me propusieron patrocinar al juvenil del Marino. De aquella teníamos un juvenil muy bueno. Me pidió que les echase un cable y debió de ser el primer equipo que viajaba en chándal de Asturias. Les compré todos los chándales y los anoraks, poniendo Muebles Novar. Tenían un partido clave contra el Mosconia en Grado. Para darles un premio fuimos concentrados el día antes, para que fuesen juntos a un hotel, por lo menos un día. Siempre íbamos en una furgoneta, pero quería una cosa diferente. Así volví".

El juvenil, la puerta para ser presidente del Marino. "Entré con los guajes. Julio César y Viña me volvieron a liar para que echase una mano al primer equipo, y me dijeron que me ponían de vicepresidente. Para lo que yo quería hacer con el Marino había que tener un cargo. Todo era para conseguir publicidad al equipo. Miramar fue de los primeros campos de estas categorías que puso vallas publicitarias. Iba al Suárez Puerta, cuando era el Avilés Avilés, y estaba todo con publicidad. Ibas al del Caudal y lo mismo. Había que sacar les perres así. Tuve suerte, encontré personas que se entregan a cambio de nada. Para poner las vallas de publicidad había que hacer la instalación. Teníamos que conseguir gente para que, con la valla, saliesen gratis la chapa y la pintura. Si había que pagar todo, lo poco que nos daban se iba en eso. Les puse un precio para que el primer año no sacáramos nada, pero la temporada siguiente íbamos ganando algo. Así fuimos recibiendo ingresos que el resto no tenía. Fue el resurgir".

Sus mejores momentos en el fútbol. "Los partidos más especiales fueron el ascenso a Segunda B y contra el Súper Dépor. Cuando conseguimos subir en 1996 a Segunda B llegamos aquí, a las cuatro de la mañana, y había 1.500 personas esperándonos para celebrarlo. Fue apoteósico. Mi madre idolatraba a Pipí, que fue un fenómeno. Ese día fue el más grande".

El duelo ante el Dépor, un punto de inflexión. "Cuando llegó lo del Dépor, en 2001, estaba volviendo de Coruña, de ir con mi hija, y le dije: ‘Estaré chiflado, pero vamos a jugar de noche, voy a ponerle luces al campo’. Ese día metimos cinco mil personas en el campo. Estuvimos ganando 1-0 hasta que nos echaron a uno y luego nos metieron 4. Al descanso, el Dépor tuvo que sacar a Bebeto y Djalminha, porque estábamos compitiendo".

Las luces, uno de los momentos más complicados de su presidencia. "Pedimos presupuesto para las luces, 52 millones de pesetas. Era una burrada. Ese mismo año las pusieron en Ribadesella. Faltaba mes y medio para que se jugase el partido y nos comía el tiempo. Las de Ribadesella las pagaron el Ayuntamiento y el Principado, pero yo llamé a amigos para que me ayudasen. Llamé a Miguel Echeverría, de Dimelsa, que puso todo lo eléctrico a precio de coste. Manuel Lloriana hizo la gestión para las torres. Tejero también nos echó una mano. Los galvanizados nos salieron gratis. Daniel Alonso, de Daorje, nos montó las torres y todo. Nos ahorraron muchas cosas. Fui al Ayuntamiento y, hablando con el teniente de alcalde, me dijo que yo era un chulo, que a dónde iba queriendo los permisos en mes y medio. Eché el cálculo y nos iba a salir todo por 36 millones. Gracias a toda la ayuda bajé de 52 a 36. Ahora tenía que sacar las perres. Fui a ver a Daniel Gutiérrez Granda, un director general de Deportes que siempre se portó de maravilla con nosotros. Calculaba sacar 12 millones de taquilla. Si me daba 12 millones el Principado y 12 millones el Ayuntamiento, arreglaba. Granda me dijo que contase con los 12 millones del Principado. En aquel momento Tano era el alcalde y me dijo que tirara para delante también. Pero empezaron los problemas. La taquilla al final quedó en once millones, faltaba uno. Pero ¡ay, amigo!, pasan los días y Daniel me llama para darme una mala noticia: no podía darme 12, solo podía darme 8, y a cobrar en cuatro años. Miguel Echeverría estuvo cuatro o cinco años cobrando. Pero lo peor de todo era que no venía el dinero del Ayuntamiento. Y hasta hoy no llegó. No había nada escrito y nunca lo cobramos. Tuve que ir pagando a los que más urgencia tenían por cobrar, y al resto íbamos arañando de donde podíamos. Tardamos cuatro años, pero quedó todo pagado".

Su paso por la política. "Cometí un error muy grande cuando me presenté al Ayuntamiento como independiente. Hay dos cosas fundamentales. Si vas al Ayuntamiento, si no es como alcalde vale más no meterse, porque el alcalde es el que decide. Puede haber buenos concejales, pero no deciden. En el 2003 hicimos una candidatura independiente para la alcaldía, pero en aquella época, además de nosotros estaban PP, PSOE e IU. El PP y PSOE, solo por el nombre, aquí tienen cinco o seis concejales mínimo, asegurados, de los 17 que había. La burrada que cometí fue querer ir al Ayuntamiento de concejal, que estoy orgulloso de lo que hice en los dos años que estuve. Saqué cuatro concejales, en Luanco gané, pero perdí en el concejo. Sacó seis el PP; IU, dos y cinco, el PSOE. Tenía en mi mano poner el alcalde. Le dije al del PSOE que si no quería que ganase el PP que me votase a mí: ‘Yo vine a ser alcalde. Para ser concejal no, para ser alcalde. Yo voy a votarme a mí. Si me votas a mí, ganamos juntos’. Con el PP, igual. Estoy muy contento de lo que se hizo".

La evolución del concejo en los últimos 20 años. "Han pasado 20 años y todavía sueño con lo que se pudo hacer y, aunque digan que no, tuve razón en muchas cosas. Florentino Pérez y Dragados quería hacer un campo de golf aquí, poner un hotel de cinco estrellas para eventos, un auditorio… para que en invierno hubiese vida en el pueblo. Estaba la oportunidad, pero nadie hizo nada. Había un proyecto de 500 viviendas al lado de Miramar, donde el cuartel de la Guardia Civil, y nada. Luanco tiene que buscar salida. Hay que aumentar, que llevamos en cinco mil habitantes cuarenta años. Para la mar no podemos tirar, para Antromero tampoco... Hay que tirar por la carretera de Avilés. Ahí ahora quieren hacer las 500 viviendas de hace 20 años. Yo quería dejar Luanco con edificios bajos y la entrada hasta Campanal, para construir por izquierda y derecha, como la entrada de Marsella". 

El fútbol, siempre mejor que la política. "La política es peor que el fútbol. Si hablas de fútbol no pasa nada, pero si hablas de política te marcan. Solo hace falta ir a un bar y te das cuenta".

El futuro del Marino. "Ahora estoy procurando rodearme del padre Luis Morán y de Pedro, el de la confitería Alejandra, que son los que llevan las categorías inferiores, para buscar relevo para el club. Para las cosas principales no encuentras gente, porque hay que echar muchas horas. Mira que ha pasado gente y nadie ha traído nada de publicidad, nadie se ocupa y es dinero que necesitamos. Hay que buscar 80.000 euros de publicidad, de megafonía, de donde sea para competir, y lleva mucho tiempo. No hay director deportivo y hay que pagar al entrenador y al segundo entrenador. Tenemos la ayuda de la Federación, del partido de Arabia viene dinero que reparten hacia nosotros que nos viene bastante bien. Es importante que el equipo vaya bien: todavía hay 400 o 500 espectadores, pero si se baja… En Candás van 60 espectadores. En Tercera puede que no haya dos campos que pasen de 150 espectadores. Bajar a esa tercera sería muy difícil de llevar". 

La conciliación entre familia, fútbol y política. "Por culpa del pueblo hace 21 años que marché de casa. Estamos en dos casas, hago cada dos meses una cena para la familia, para juntarnos todos, y me llevo muy bien con Begoña, tomamos el café y nos llevamos genial. La gente piensa que no estamos separados. Estoy separado sin papeles. Todo fue porque le dije: ‘Son primero once mil gozoniegos que tú, no seas egoísta’. Ella vio en LA NUEVA ESPAÑA que iba a montar un partido y llegué a casa y me la encontré llorando. Podía con la tienda y con el fútbol, que ya le costaba, pero con la política no. Di la palabra a 17 paisanos y mi palabra va a misa. Como les iba a decir que los dejo tirados. Y hasta ahora. Nos llevamos genial, que es lo más importante, así que todo bien".

Su mayor error. "De lo que más me arrepiento es de no escuchar y haber hecho caso a mi mujer, Begoña, por mantener la palabra con 18 personas. Ella me conocía perfectamente, sabía que lo podía hacer bien, pero por hacer las cosas iba a acabar con un colchón en el despacho del alcalde. De lo que hice no me arrepiento, pero de la rotura familiar que me provocó hacer todo con tanta intensidad, sí. Disfruto de mi familia, pero ya no es lo mismo. Puse mucho a cambio, porque pensaba en cambiar el pueblo".