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Ventanal

Acabar con la farsa y el desafío permanente

La opinión pública, harta ya del conflicto catalán

Desde el día siguiente de la promulgación de la Constitución y del Estatuto de Cataluña, los sucesores del catalanismo, derivado en independentismo, comenzaron un lento pero efectivo desgaste del Estado, reivindicando competencias y recursos para mejor cumplir sus objetivos secesionistas. Nunca aceptaron de verdad, tanto el PNV como CIU, los respectivos Estatutos que consideraba meras "paradas técnicas".

El déficit de lealtad constitucional no reconoce límites y periódicamente alcanzan situaciones extremas, repitiendo capítulos que ya lamentaba Ortega.

Durante la corta duración de la I República, el 8 de marzo de 1873 ya se proclamó por primera vez el " Estat Catalana". La segunda ocasión surge el mismo 14 de abril de 1931 y se repite el 6 de abril de 1934 cuando Companys, presidente de la Generalitat, declara el "Estat"al no aceptar las elecciones. Hay dudas sobre una cuarta proclamación de la "República Catalana" por Puigdemont y ahora Quim Torra lo ha meditado en Montserrát y quizás lo proclame en primicia durante la próxima entrevista (¿?) con Pedro Sánchez.

La última hoja de ruta del "procés" aparece como un ejercicio de subversión de alcance regional, con bloqueo de autopistas, cierres de comercios, cortes de energías, transportes y asedios a dependencias del Estado, cuarteles incluidos. Para llevar a cabo la gran algarada, los soberanistas cuentan con organizaciones paramilitares que superan, dicen, los 8.000 efectivos. Existen dudas respecto a la intervención de los "mossos", de si pasaran a ser "agentes contemplativos" o reprimirán a los sediciosos.

El clima de tensión está siendo jaleado por los medios subvencionados y muy intensamente por TV3, que ha organizado burdas representaciones caricaturescas de reuniones de "consejos de ministros". En estos escenarios de burla y desafío a España y a su Gobierno, Pedro Sánchez pretende celebrar un Consejo de Ministros e incluso tener una reunión con Torra con un protocolo de carácter "imperial". Veremos que pasa.

La opinión pública ya estaba un poco harta del conflicto catalán, mayoritariamente se inclina por exigir que se aplique todo el peso de la ley a los sediciosos y así mismo que se utilice el artículo 155 de la Constitución para enderezar la autonomía de Cataluña por el tiempo que sea necesario y sin limitaciones acomplejadas. El presidente del Ejecutivo tiene ocasión de rehabilitarse del fracaso en Andalucía, precisamente por su política de apaciguamiento que tan malos resultados ha dado para la estabilidad del país. Si ahora reincide esta acercándose a la complicidad.

La diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, tuvo recientemente una vibrante intervención en el Congreso criticando la pasividad del Gobierno frente a los desafíos permanentes del soberanismo y puso como ejemplo a seguir la reacción, hace 84 años, de Alejandro Lerroux, Presidente del Gobierno de la II República, declarando el estado de guerra en toda España, por la proclamación secesionista de la Generalitat. Suena desmesurado, pero aquí se tiembla al recordar artículos del Código Penal, la Ley de Seguridad del Estado y una Constitución que celebra su 40.º aniversario.

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