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Francisco Sánchez

Vita brevis

Francisco Sánchez

La cuna de España

De cómo Asturias ha pasado de tener una baja incidencia de la pandemia a verse desbordada

El letra del himno a la virgen de Covadonga comienza así: “Bendita la Reina de nuestra montaña / que tiene por trono la cuna de España”.

Claro, es que todo empezó aquí en Asturias, cuando el aguerrido don Pelayo con una cuadrilla de zarrapastrosos, refugiados en el monte Auseva, echaron a no sé cuantísimos moros de nuestra tierra a pedrada limpia, con la ayuda inestimable de la Virgen de Covadonga, que ye piquiñina y galana.

Ermesinda, la hija de Pelayo, dio un braguetazo, casándose con Alfonso, el hijo del duque de Cantabria, y así comenzó a expandirse aquel reino asturiano, que llegó con el tiempo a extenderse desde Vizcaya hasta Galicia. Luego, con el tiempo fueron bajando hacia la Meseta, primero haciendo razias y luego conquistas para ir quedándose definitivamente con esos territorios hasta el río Duero. Así hasta que llegó el rey asturiano Ordoño I, que ordenó reconstruir las murallas de León y repobló esa ciudad, a la que se marchó a vivir definitivamente Ordoño II, para secar, porque debía tener reuma y estar harto de las humedades de aquí. De esta forma se acabó el reino asturiano, que quedó integrado en el reino de León. Pero fue su cuna y la de España, cuando siglos después se fueran uniendo sus diversos reinos, a base también de casamientos.

Don Adrián I de Barbón y de Rodríguez, que es el merino que nos gobierna en las Asturias de Oviedo, va a pasar a la historia como el nuevo Pelayo con esto del bicho chino. Hace bien en mantener que Asturias siga siendo la cuna de España. Así que alardeó por doquier que esto era un paraíso natural por el que el bichejo ni se asomaba. Éramos los mejores, unos gallos. Decía entonces que aquí gastábase mucho en sanidad; pero pública, ¿eh? ¡cuidadín! No como en Madrid, que estaban infestados porque allí gobiernan las derechas y lo tienen todo privatizado.

Era verdad que Asturias fue durante mucho tiempo una tierra sin bicho, que éste chino apenas tuvo incidencia, pues hubo pocos contagiados y algunos muertos, que siempre es una desgracia, pero menos que en otros sitios. Nuestro don Adrián Barbón, que es de Laviana, decía que era porque se dedicaban muchos cuartos a la sanidad y tenía todo muy bien organizado. Personalmente pienso que lo que ocurrió es que por aquí no venía ni Jesucristo despistado, porque ir en tren hasta Madrid es casi como hacer un viaje en el Transiberiano, desde Moscú a Vladivostok, y no digamos si se pretende ir a Bilbao o a Ferrol, que es como ir en el tren de Nairobi a Mombasa. Por carretera se puede ir algo mejor pero, si va hacia el Sur, tiene que pasar el Negrón y pagar un peaje al señor feudal que lo fabricó y lo explota. Y en aeroplano, olvídese, que aquí aterriza uno de vez en cuando y las aeromozas no te dan ni un caramelo de regaliz.

Estaba muy contento don Adrián con ese deleitoso panorama de tener tan pocos bichos chinos, que son murciélagos diminutos. Los noticiarios televisivos y los tertulianos pelotillas lo ponían de ejemplo. Que aprenda la Ayuso, ésa de la derechona, que anda confinando perimetralmente los barrios obreros de Madrid por puro clasismo facha. ¡Qué desvergüenza! Además, ni cierra los bares ni los comercios, la muy capitalista. El último descaro de esta segunda ola del bichejo es que esa señora no encerró a la gente en sus casas, ni siquiera en el puente de Todos los Santos ni en el de la Almudena, en cuyo himno se dice: “Tú que estuviste oculta en los muros / de este querido y viejo Madrid / hoy resplandeces ante tu pueblo / que te venera y espera en ti”. Todo lo que quieran, pero no hay comparación entre esta Virgen, que se escondió de los sarracenos, y nuestra Santina, que se enfrentó a ellos a cantazos y los expulsó de aquí..

Ya lo dijo don Adrián: que, claro, tan bien estábamos que nos confiamos en exceso y ahora anda aquí el bicho bastante más desbocado que en Madrid. Así cayó por tierra en cuatro días la buena fama del buen gobierno asturiano. Por eso don Adrián nos ha castigado cerrando los chigres y casi todo, nos manda para casa a las diez, como los rapacinos, y no nos deja encerrados en ella todo el día porque no puede, pero bien que llora por ello. Todo indica que está pensando echar al bicho de aquí como su antecesor Pelayo, a morrillazos. No sé, pero es que este virus no es moro, es chino.

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