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Irónica solidaridad

Las brechas y desigualdades entre territorios en un momento de ausencia de lealtad institucional

La Solidaridad ya aparece en la Biblia, Deuteronomio 15:11: “Porque nunca dejará de ser pobre en la tierra. Por tanto, yo te mando: ‘Abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra’”.

No hace falta ser tan estrictos, pero el principio de solidaridad constituye un principio que ha de estar presente en las relaciones entre el Estado y las entidades territoriales que lo integran. La constitución de 1978, crea un Estado descentralizado, pero en su artículo 2 establece un importante freno: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

Intenta que esto no sea una entelequia, y así en su artículo 138.1, se dice: “El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular”.

Por último, la norma jurídica Suprema articula otro instrumento en su artículo 158.2, al afirmar: “Con el fin de corregir desequilibrios económicos interterritoriales y hacer efectivo el principio de solidaridad, se constituirá un Fondo de Compensación, con destino a gastos de inversión, cuyos recursos serán distribuidos por las Cortes Generales entre las comunidades autónomas y provincias, en su caso”.

La plasmación fáctica de este principio de solidaridad es claramente mejorable. Las brechas y desigualdades entre los diferentes territorios son cada vez más evidentes, qué nos van a decir a los asturianos.

Para poder aproximarnos a esa equidad interterritorial tiene que desaparecer las conductas excesivamente individualistas y querulantes se necesita una visión global de conjunto, una actitud de respeto a los intereses de la generalidad y creer en un proyecto llamado España, desde lo particular a lo general o desde lo general a lo particular pero dejar de mirarnos a nuestro propio ombligo, abandonando la idea de esperar recibir sin dar nada a cambio, desterrando el victimismo y el enfrentamiento.

“El trato asimétrico” que se da a las diferentes comunidades autónomas nos aleja sin duda de ese mandato constitucional de la solidaridad. En la XXIV Conferencia de Presidentes celebrada el pasado viernes en Salamanca, fue la acreditación de que no vamos por buen camino.

El actual Reglamento de funcionamiento interno de la Conferencia fue adoptado en la IV reunión celebrada el 14 de diciembre de 2009, modificado en la VI reunión celebrada el 17 de enero de 2017. Ya en su artículo 1 se dice: “La Conferencia de presidentes es el máximo órgano de cooperación política entre el Gobierno de España y los Gobiernos de las Comunidades Autónomas y las Ciudades de Ceuta y Melilla”. Para después añadir: “La Conferencia de Presidentes y sus miembros actuarán según el principio de lealtad institucional”.

El lendakari vasco, decidió su asistencia a última hora tras una negociación bilateral de la que salieron acuerdos económicos cuyo alcance aún desconocemos. Pere Aragonés, directamente no fue. “Cataluña dio un claro ejemplo de lealtad institucional y de defensa del Principio de Solidaridad”. En realidad, entiende que no tienen que cooperar con el resto de las comunidades. El señor Aragonés, pensará que las relaciones han de ser directamente con Pedro Sánchez, relaciones bilaterales entre naciones soberanas (dicho por la que suscribe en términos irónicos).

El reparto de los Fondos Europeos, que estaba en la agenda de la Conferencia, levanta suspicacia entre las comunidades por más que desde la Moncloa se creen páginas web para informar sobre los Planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Las comunidades recelan, País Vasco y Cataluña negocian directamente con Pedro Sánchez, sabedores que si quiere continuar, tendrá que volver a sacrificar el Principio de Solidaridad, de tal forma que ellos seguirán siendo más ricos (Cataluña y País Vasco) y el resto, entre ellos los asturianos, seguiremos siendo más pobres.

Los porcentajes que gestionarán las Comunidades, a mi modo de ver, no es lo importante, si todos, incluido el gobierno, entendiesen lo que significa lealtad institucional y solidaridad. La transparencia, la equidad y el control han de estar presentes en la gestión de estos fondos, con independencia del porcentaje de gestión autonómico.

Reitero una de mis máximas: el control genera autocontrol, y confío en que desde la Unión Europea se ejerza éste, ya que viendo las muestras de pillaje de algunas comunidades alentadas por la aquiescencia de un Presidente consagrado a su permanencia en el poder, me hacen dudar que esos fondos lleguen a quien más lo necesitan, o que su reparto se haga bajo criterios objetivos.

Una de las desdichas de nuestro país consiste, como se ha dicho hartas veces, en que el interés individual ignora el interés colectivo (Santiago Ramón Y Cajal).

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