Opinión | Cada treinta días

Puesta al día con el nuevo año

El esfuerzo, honradez y voluntad necesarios para alcanzar objetivos cotidianos

He de confesarles –en primer lugar– que siento desde donde hoy escribo por primera vez ("Cada treinta días") una cierta orfandad al no tener compartiendo conmigo este espacio a mi añorado amigo Fernando Balbuena, que en paz descanse, con el que tantos meses coincidí escribiendo en este diario, en la sección que llevaba el nombre de "Corriente alterna". Pero bueno…

Puestos ya en la realidad del día a día, y haciendo uso de la diaria historia que la vida nos regala, no quiero dejar de comentar y darle con ello la bienvenida a este mundo, a mi segundo nieto Alejandro, nacido como Dios el día de Nochebuena a las 22.42 horas. Cumplida ya como estaba María –su madre, mi hija– desde el día 15 de diciembre, en la visita anual en noviembre, que este año hicimos a Covadonga, pedí a la Santina que si de su mano estaba, retrasara el parto hasta el día, precisamente, de Nochebuena. Ya han leído pues el resultado. Fue una Nochebuena muy especial por muchos motivos –que forman parte de la intimidad familiar y que por eso obvio describirlos– esta que celebramos este año, pero sin duda el hecho central sobre el cual todo giró, fue el nacimiento de Alejandro.

Para un creyente, como quien escribe, esta circunstancia –aparentemente– para otros sin más transcendencia, es para mí de un inconmensurable valor. A mi particular entender, esa gracia concedida por la Santina, no deja de ser –como mi buen amigo Jorge Fernández me comentó– muy significativa, ya que ello querría decir en todo caso, que Ella –la Santina– me escucha, como bien se ha podido leer. Así que hoy, al comienzo de esta nueva singladura –"Cada treinta días"–y no al final como venía siendo costumbre despedirme en "Corriente alterna", imploraré a la Virgen de Covadonga y le pediré para estas dos amadas criaturas –mis nietos– buena salud y buena crianza, y lo demás, a luchar para conseguirlo.

En esta sección, "Cada treinta días", pretende quien escribe, continúe siendo ese espacio de reflexión conjunta (lector y escritor) no necesariamente afín a lo que el escritor redacte o escriba, en el que se aplique la lógica humana y de manera espontánea pudiera surgir el consiguiente debate, si alguna vez se suscitara.

Los últimos treinta días del año, se centran y giran en torno a la Navidad, con todas las consecuencias. Parece incluso que seamos, hasta un poquito mejores. Deseé este año mis mejores afanes para 2024 a amigos y familiares, haciéndolo extensivo a usted hoy, amable lector, que generosamente lee estas líneas, basándome en un intercambio de palabras que mantuve con un buen amigo y que dieron lugar al siguiente texto, que por whatssap, en su momento, envié: "Al más puro estilo Teresiano, te deseo un año lleno de Dios, paz y mucha concordia. No pido que no tengas problemas, sino que cuando los tengas pido que nada te turbe; que ante las adversidades que este nuevo año te presente nada te espante y que recuerdes que en esta vida todo se pasa, todo se puede superar porque Dios no se muda, Dios no cambia, nos ama siempre, basta que te agarres de su mano con serenidad sabiendo que la paciencia todo lo alcanza; que tu fortaleza sea el Señor, pues quien a Dios tiene, lo tiene todo y nada le falta, que este nuevo año vivas convencido de que solo Dios basta".

Cuando otro buen amigo y compañero escritor en este diario, Carlos Fernández, recibe esta felicitación de año nuevo, me escribe y me comenta que suscribe lo dicho; y que entre sus componentes están, efectivamente, los problemas de la vida, de los cuales, nosotros, tenemos las herramientas para llevarlos, intentar arreglarlos y los brazos para remar. Hace referencia, entonces, al Premio Princesa de Asturias 2023 de Comunicación y Humanidades, al fallecido humanista y divulgador de la cultura Nuccio Ordine, cuando en extracto dice: "La fortuna no depende de nosotros, es cierto que podrá ser favorable o desfavorable. Pero el esfuerzo y la honradez necesarios para alcanzar objetivos ambiciosos, dependen exclusivamente de nuestra voluntad".

Mucho ánimo, mucha salud y entereza, que a buen seguro vamos a necesitar para este incierto 2024, que acaba de comenzar.

Ya habrán leído anteriormente, mi plegaria habitual a la Santina. No se me había olvidado, no.

Me despido hasta dentro de treinta días aproximadamente, aquí en "Cada treinta días".