Opinión

¿Amigables con todos nuestros mayores?

Una reflexión sobre el alcance de las acciones municipales para favorecer el envejecimiento saludable y activo

Hace unos días conocíamos la historia de María, una asturiana de casi ya 83 años y que pasa los días sola en su domicilio, reflejando un claro ejemplo de lo que conocemos como "“soledad no deseada" y que sufren muchas personas mayores (y no tanto).

María contaba que, con su familia fuera de Asturias, su única compañía es el personal de la ayuda a domicilio que la visita. Escuchándola se puede captar fácilmente el sentimiento de abandono que padece.

Según los últimos datos que facilita el INE, en Asturias hay 42.709 hogares unipersonales. 80.863 personas tienen más de 60 años y de ellas 56.892 son mujeres. La historia de María nos hace reflexionar profundamente sobre la realidad de muchas personas mayores en nuestra sociedad. Nos hace cuestionar si las medidas que estamos tomando, con la creación de ciudades amigables con las personas mayores, están realmente teniendo en cuenta a personas como María. En estas ciudades se promueve el envejecimiento saludable y activo, mejorando entornos y servicios, pero casos como el de María refuerzan mi reflexión sobre si estas medidas son suficientes y si realmente están llegando a todas las personas mayores.

Es cierto que se están realizando esfuerzos para mejorar la accesibilidad y la participación de las personas mayores en la vida pública. Pero, ¿qué pasa con aquellas personas que por diferentes circunstancias (barreras en su propio domicilio, movilidad, desinformación, etcétera) no llegan a participar en las actividades que se ofrecen? ¿Estamos teniendo en cuenta a estas personas en nuestras políticas y acciones? Muchas de las acciones que se realizan pensando en las personas mayores de nuestra ciudad se hacen para personas que pueden participar porque tienen una calidad de vida optima, pero ¿estamos teniendo en cuenta casos como el de María?, ¿aquellos que viven solos y sufren de soledad?, ¿aquellos que no sabemos si tienen información sobre las ayudas que pueden solicitar o actividades a las que puedan formar parte? ¿Qué tipo de apoyo emocional y social se les ofrece? Y si a todas estas preguntas le añadimos el que en Avilés aún no tenemos información sobre cuántas personas están en esta situación en nuestra ciudad, el problema es más complicado de abordar.

Es fundamental que si queremos ser una ciudad amigable con nuestras personas mayores no solo debemos centrarnos en mejorar la accesibilidad y la participación, porque la realidad es que muchas personas mayores se encuentran en una situación como la de María y no pueden, por ejemplo, beneficiarse de las actividades que se organizan en las ciudades amigables con las personas mayores.

Solo así podremos construir una sociedad verdaderamente inclusiva y respetuosa con todas las personas mayores.