23 de diciembre de 2012
23.12.2012
Carreño

Un belén en expansión en Albandi

El candasín Iván Posse y su familia montan el nacimiento más grande del concejo, de 12 metros cuadrados, después de tres años de trabajo

23.12.2012 | 01:00
Iván Posse, con su familia, junto al belén.

Albandi,


Braulio FERNÁNDEZ


Falta el padre de todos los belenes de Carreño, el de la iglesia de San Félix, pero eso los vecinos vuelven la vista sobre otras escenas de la natividad tan bonitas e incluso más grandes que aquella. La que posiblemente tiene una superficie más grande está en Albandi, con más de 12 metros cuadrados de porexpán, cartón y cerámica. O de tradición y sueños, según se mire con el corazón o la cabeza. Su autor es el candasín Iván Posse, quien con la ayuda de su familia ha levantado un monumental belén en el que casi todo está hecho a mano.


«El primer año empezamos con menos de la mitad de lo que hoy tenemos, el segundo añadimos principalmente el castillo, y el resto en este tercero», señala Posse. El belén cuenta con una recreación de la Belén bíblica y sus alrededores muy completa. No falta el portal ni el castillo de Herodes, pero hay además un desierto, con oasis incluido, un buen puñado de viviendas hechas a mano y un gran mercado y centro de reunión, como debió ser en la época. «Todas las edificaciones están hechas básicamente a base de porexpán, el resto de los materiales son cartón, madera y cartulina», precisa el carpintero de la obra de Albandi.


Lo más llamativo, sin embargo, es el nivel de detalle que demuestra, con todo tipo de fauna y flora, artilugios que adornan las casas, y elementos decorativos. Todo ello ha requerido, lógicamente, de mucho y paciente trabajo. «Hay muchas cosas que no se ven a primera vista, y que sin embargo llevan mucho tiempo», señala. Así que no es sólo el hecho de haber construido diez viviendas en los últimos tres meses, sino los cuatro últimos e intensos días, en los que se dedicó a pintar y a hacer que parezca que Belén está de verdad en esos doce metros cuadrados, algo más de dos mil años después.


Para el año próximo ya tienen planes, dado que el crecimiento de la superficie ya se antoja difícil. «Me gustaría tener un ciclo de día y de noche, como el que había en la iglesia de Candás, y poder añadir movimiento a algunas piezas», avanza Posse, que disfruta trabajando en el belén casi tanto como sus hijos contemplándolo. Al fin y al cabo, «a ellos les impresiona aún más». La tradición católica del Belén, por católica o por tradición, sigue muy viva en Carreño.

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