09 de abril de 2017
09.04.2017

Al Museo del Sifón le quedan cuatro días

"Vendré de vez en cuando a entretenerme", asegura Aurelio Antidio Cuesta, "Lelo", que cerrará las dependencias, tal como lo había anunciado, por motivos de salud

09.04.2017 | 01:26
Aurelio Antidio Cuesta, "Lelo", en el Museo del Sifón.

Al Museo del Sifón de la Pola le quedan cuatro días. Y no es una expresión figurada. Es literal. Su padre y promotor, Aurelio Antidio Cuesta Martino, "Lelo", había anunciado que el día que cumpliese 85 años echaría el cierre a las instalaciones. Los cumplirá el día 14 de abril, en el que este año confluyen con su aniversario la celebración del Día de la República y el Viernes Santo. Teniendo en cuenta que hoy no abrirá el museo -quizá pase por allí, pero no es seguro que lo haga, ya que los domingos había que pedir cita para que atendiera a las visitas- quien desee echarle el último vistazo antes de que pase a la historia tendrá los cuatro primeros días de la próxima semana para hacerlo.

Lelo estará en la calle polesa de La Soledad esos días de diez y media de la mañana a dos de la tarde, y de cuatro a seis y media de la tarde. Y el Jueves Santo, el museo cerrará definitivamete. Lelo cerrará la verja, protegerá los sifones para evitar su deterioro y solo irá por allí de forma muy esporádica. "Vendré de vez en cuando a entretenerme", dice.

El Museo del Sifón fue el primero que se abrió en Siero, un territorio que, todo hay que decirlo, no es muy pródigo en propuestas museísticas. Lelo decidió abrirlo al público en el año 2000, cuando ya tenía sobre sus espaldas una dilatadísima experiencia con los sifones, que han sido una pasión para él durante buena parte de su vida. En todo ese tiempo, gracias a sus propias fábricas y a otras cuyos sifones fue adquiriendo a medida que cerraban, Lelo hizo acopio de cerca de 23.000 sifones, de los que solo una pequeña parte está expuesta en la Pola. El almacén de la calle La Soledad tiene en torno a 6.000 ejemplares de sifón, de los que tan solo 2.000 aparecen en las estanterías.

Pero en el caso de este museo, no solo el material tiene valor, sino también el conocimiento que tiene Lelo de su oficio. Sin él, los sifones son simples envases de vidrio o plástico. Es él quien se encarga de darles vida, porque conoce la historia de cada uno de ellos, la procedencia, su rareza, si la tiene, y todos los datos que la curiosidad puede despertar.

El padre del Museo del Sifón tiene la salud delicada, y dice que le cuesta demasiado esfuerzo estar día tras día al pie del cañón. Por eso cierra. Antes, trató de encontrar un lugar para dejar su legado al pueblo, pero no encontró demasiado apoyo. Ahora, en cuatro días, el museo habrá pasado a mejor vida.

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