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Paseíllo vacuno en Bimenes

"Esto es como un evento social", dicen los vecinos mientras observan la subida de las vacas a Peñamayor

Ganaderos conduciendo las reses a la altura de San Julián, en Bimenes.

Ganaderos conduciendo las reses a la altura de San Julián, en Bimenes. PAULA FERNÁNDEZ

Eran las nueve de la mañana cuando los cencerros empezaron a oírse en Puentevega. Llegaba la hora de sacar a 72 vacas y más de una treintena de crías para llevarlas hasta el monte de Peñamayor. Al frente de esta peculiar peregrinación estaba Pedro Villa de la Fuente, de la

En San Julián, uno de los primeros puntos por donde pasó la comitiva formada por más de un centenar de reses y 20 ganaderos, aguardaban varios vecinos la llegada de esta marcha animal. "Esto es como un evento social", decía un vecino mientras daba cuenta de una cerveza en una terraza. Y es que la estampa no era para menos. Como si de los sanfermines se tratase, los animales hicieron acto de presencia, invadiendo toda la calzada, para deleite de los presentes. Entre medias, voces de los ganaderos para reconducirlos en el camino y el sonido inconfundible de los cencerros.

De San Julián luego fueron a Rozaes, Piñera, Pedréu y Castañeru hasta llegar a Peñamayor, un monte de utilidad pública donde pueden dejar al ganado pastando hasta el año que viene. Sin embargo, en el caso de la ganadería de Puentevega, las reses se recogerán mucho antes. "Las vamos a tener hasta octubre o noviembre. Luego se vuelven a recoger para que pasen el invierno en la cuadra", explica Pedro, quien pretende concienciar de la importancia de la ganadería con este paseíllo hasta Peñamayor, que lleva haciendo ya tres años. "En Bimenes somos cinco ganaderos. El año que viene habrá otro más que suba los animales al monte. Esto lo hacemos por mantener las tradiciones", remarca. La procesión vacuna duró dos horas y media, el tiempo que les llevó en llegar desde Puentevega hasta Peñamayor. Para unir estos dos puntos tuvieron una animada caminata de 13 kilómetros a paso ligero -sobre todo para los ganaderos, que tenían que andar al ritmo que marcaban las reses-. Ahora, queda esperar unos meses para hacer el camino a la inversa, ya en otoño.

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