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El pueblo que no deja de recibir nuevos vecinos: “El sitio es estratégico, de la puerta de casa a Gijón son diez minutos y Oviedo está al lado"

La parroquia rural de Anes fue la que más creció en 2020 en el concejo de Siero y los vecinos destacan sus buenas comunicaciones y la calidad de vida

José Luis Fernández, Lucas Fernández, Martín Fernández y Maite Gargantiel delante de su casa en La Calabaza, parroquia de Anes (Siero) .

José Luis Fernández, Lucas Fernández, Martín Fernández y Maite Gargantiel delante de su casa en La Calabaza, parroquia de Anes (Siero) .

Algo tiene Anes para ser la preferida. Ha sido la parroquia rural, sin contar el crecimiento de la urbanización de La Fresneda-Viella, que más población ganó en Siero el año pasado. El lugar sumó 41 habitantes más en 2020 pasando de 1.297 a 1.256 vecinos. Y la clave de su éxito la tienen aquellos que se han instalado en la zona, quienes destacan su ubicación estratégica con buenas comunicaciones para desplazarse a las ciudades. Y la posibilidad de vivir en un entorno más natural. Así lo avalan los recién llegados.

“Llevamos aquí desde noviembre y ha sido un cambio a mejor en todos los sentidos”, explica David Gargantiel, llegado a La Calabaza tras llevar unos años buscando vivienda en el medio rural atraído por la calidad de vida de la familia de su hermana Maite, quien lleva 10 años en la parroquia. “El sitio es estratégico, de la puerta de casa a Gijón son diez minutos y Oviedo está al lado. Yo trabajo en Serín y ahora llego primero a casa que antes porque aparco delante, no tengo que andar dando vueltas”, explica.

La pareja formada por Miriam García y David Gargantiel con su hijo, Alain, y sus perros en la terraza de su casa.. | S. Arias

Es aficionado al ciclismo y de ruta por la zona encontró la vivienda, a escasa distancia de la de su hermana: “Ya llevábamos tiempo mirando pero con el confinamiento nos pusimos. Pensé ‘si me pilla aquí otra, chiflo’”. Estar al aire libre, disponer de terreno y tener huerto y campo han sido también motivos de su éxodo urbano.

Su hermana Maite Gargantiel y su marido, José Luis Fernández, se trasladaron hace 10 años. Y están más que contentos con sus hijos, Lucas y Martín. “Buscamos que estuviera bien comunicado con Oviedo y Gijón, son diez minutos de reloj”, recuerda. Una finca llana y soleada. No con mucho terreno, el suficiente “para disfrutar y no tener que trabajarlo”. Y la organización del día a día va rodada por la cercanía con la ciudad costera para trabajo, colegio y actividades extraescolares. La única pega es que la conexión a internet “es lo peor” y los juegos en línea de los pequeños fallan.

También en La Calabaza viven Mari Nieves Fernández y Roberto Kowalczyk, aunque no son recién llegados, llevan desde 1994 allí. Ellos han visto cómo Anes suma vecinos en las últimas dos décadas, con nuevas construcciones y casas rehabilitadas. “Creció mucho y también con gente que viene los fines de semana, estamos a un minuto de la autopista minera a Gijón, cerca de todo y a la vez con la tranquilidad de vida que da estar aquí”, dice Kowalczyk, con una casa con unos “inquilinos” que también viven muy bien, sus mascotas.

Siempre les gustó la idea de vivir en el campo. Desde que están en Anes las tareas del jardín les mantienen muy entretenidos. También recuperar tradiciones como hacer chorizos. “En un piso no invita a ello”, bromea Mari Nieves.

Ese gusto por el campo fue lo que llevó a Francisco Blanco al núcleo de Llanaces en 2003, donde arregló la casa familiar: “Siempre andaba por aquí ayudando y me gustaba, en la ciudad me siento encerrado”, explica. Gestiona la vivienda como casa rural, pero de verdad. Una inmersión en la vida de campo con la ganadería ecológica que tiene. “Anes está muy bien, tiene una situación privilegiada y estratégica en cualquier dirección y no se construyó tanto como en otros sitios, aunque sí que está creciendo”, concluye.

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