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José Julián Rodríguez Reguero

“Villa Arbosa”, punto final

La historia de la casa de Mohías (Coaña) en la que generaciones de noreñenses pasaron sus veranos

La adquisición de “Villa Arbosa” por el Movimiento Parroquial Juvenil de Noreña (MPJ) en el año 1975 fue una historia muy guapa de colaboración vecinal en un proyecto colectivo novedoso para la época. Hoy, los periódicos hablarían de la compra y de su utilización como un ejemplo de micromecenazgo social.

Aunque repetida, la historia pudo haber sido así.

A pesar de Mayo del 68 y de la llegada del hombre a la Luna un año después, Noreña inició los años setenta bajo la atenta supervisión de la Iglesia sobre la moral de los noreñenses, que todavía comenzaban sus estudios segregados por sexos. La llegada a la parroquia de Fermín Cristóbal significó un impulso liberalizador para los jóvenes que mayoritariamente compartíamos nuestras inquietudes en los aledaños de la sacristía.

Una de sus ideas estelares fueron los campamentos conjuntos de verano. Sólo bajo su supervisión se nos permitiría compartir instalaciones y actividades.

Después de un intento reducido en tiendas de campaña en Llanes llegó el ensayo general en Mohías (Coaña). Cien críos y crías con unos pocos irresponsables al frente compartimos la rectoral de la iglesia de Mohías, donde don Fermín había sido párroco. Poco espacio, menos servicios y agua del pozo. Alimentados con leche, huevos y productos de la huerta que diariamente nos suministraban los vecinos dirigidos por Coterón. No sé cómo sobrevivimos, pero el éxito de la convocatoria fue tal que se empezó a soñar con un emplazamiento más adecuado para años posteriores.

Buscamos, infructuosamente, el sol a orillas del Órbigo y pasamos el verano siguiente en las instalaciones que Infiesto tenía en Poo. Cuando ya desistíamos de nuestras pretensiones apareció la casa en Mohías. El milagro tenía precio: 1.625.000 pesetas (126.000 euros de febrero de 2021), aunque económicamente parecía inalcanzable para un grupo de dieciochoañeros con sólo buena voluntad.

El arreglo fue rápido. Don Fermín convocó a los fieles a pleno en el Samoa. De la primera cena salieron 1.025.000 pesetas en acciones de 1.000 pesetas. “Pachu el Tranquilo” adelantó el resto. Desde entonces Mohías fue el destino vacacional de los adolescentes noreñenses durante muchos años de los que generalmente guardan agradables recuerdos.

La titularidad de la propiedad nunca estuvo en discusión. Como se necesitaban tres personas mayores de 21 años para firmar la escritura y sólo Juan Junquera y Juan Iglesias eran mayores de edad en el equipo dirigente, unieron su firma a Fermín Cristóbal y expresaron verbalmente que lo hacían en representación de los socios en el Movimiento Parroquial Juvenil.

Sin embargo, el paso de los años trastocó esta situación. En primer lugar los responsables del MPJ cumplieron fielmente el compromiso de devolver las 600.000 pesetas a Pachu, lo que significaba adquirir más de un tercio de las acciones para el movimiento. Además algunos socios fueron donando paulatinamente sus acciones a la parroquia. Por último, en la reparación de la casa en 1999 se invirtieron 2.500.000 pesetas, que fueron sufragadas en su mayor parte por una donación a la Iglesia de Noreña de la familia de Juntamar.

Así las cosas es posible que la razón jurídica esté del lado de la Iglesia a la hora de disponer del edificio en ruinas. Sin embargo, la contrapartida de una negociación entre la Iglesia y los representantes municipales de Noreña para posibilitar que alguna instalación eclesial de la villa pueda ser puesta al servicio de todos los noreñenses encajaría mejor con la idea primitiva. Seguramente en el perfil en redes sociales “Noreña-Cielo” aparecerían muchos “me gusta” y a la derecha del Padre, en el que creía, don Fermín bajaría la mascarilla para encender un Ducados y, esbozando una sonrisa, levantaría el pulgar.

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