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La plantilla del Soft Computing sólo logra cobrar una parte de sus indemnizaciones

Los trabajadores percibieron veinte días por año trabajado en lugar de los treinta que habían pactado con la fundación

Trabajadores del centro de Soft Computing, frente al Tribunal Superior de Justicia de Asturias, el año pasado.

Trabajadores del centro de Soft Computing, frente al Tribunal Superior de Justicia de Asturias, el año pasado. LUISMA MURIAS

Los extrabajadores del centro europeo de Soft Computing, que se ubicaba en el edificio de investigación del campus de Mieres, consiguieron cobrar sus indemnizaciones, aunque no como esperaban. La plantilla, que consiguió por vía judicial que se declarasen nulos sus despidos, ha recibido un tercio menos de lo que inicialmente habían pactado con la Fundación para el Progreso del Soft Computing, que eran treinta días por año trabajado.

La fundación, a pesar de estar participada por la Fundación Bancaria Cajastur y el Principado de Asturias, no tenía liquidez por lo que ha sido el Fondo de Garantía Social (Fogasa) quien se ha hecho cargo de las liquidaciones. El organismo público les ha abonado veinte días por año trabajado en lugar de los treinta pactados. Asimismo, como marca un tope de salario máximo, el recorte ha sido mayor para aquellos que tenían ingresos más altos.

A pesar de haber cobrado ya las indemnizaciones, los trabajadores no están satisfechos con el resultado. Tal y como ha podido saber este periódico, no entienden cómo un organismo público como Fogasa accede a correr con los gastos de sus liquidaciones cuando hay una entidad bancaria detrás de la fundación que sí podría haberse hecho cargo de los pagos. Por ello, se encuentran estudiando qué medidas tomar para reclamar sus derechos ante la entidad.

Mientras tanto, el centro europeo de Soft Computing sigue en proceso concursal sin que se haya podido liquidar. Hace unos meses, el administrador concursal puso un anuncio en el que ponía en venta el equipamiento del centro dando cumplimiento al plan de liquidación. Esta medida incluía mobiliario y enseres de la oficina, así como los equipos e instalaciones informáticas especializadas, que eran los únicos activos del centro. La entidad no contaba con bienes inmuebles porque se ubicaba en el edificio de investigación del campus de Mieres, propiedad de la Universidad de Oviedo y a la que abonaba un alquiler. De momento, los enseres se mantienen en su ubicación original, y el único cambio es el de las cerraduras.

El centro europeo de Soft Computing del campus de Mieres abrió sus puertas hace una década con el objetivo de convertirse en unas instalaciones de referencia internacional, aunque cerró a finales de 2015 tras no conseguir el respaldo del patronato que lo sostenía. Su investigación se basaba en la lógica difusa, esto es, hacer que las máquinas tuviesen razonamientos similares a los de las personas, que reportó 6,5 millones de euros al centro mierense.

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