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José María Álvarez | Autor del libro “Mientras yo viva, Gaspar no morirá”

“García Laviana es un personaje universal por su dignidad, buscaba justicia y paz”

“Pocos jóvenes conocen ya a un asturiano tan importante, era un referente por su comportamiento”

José María Álvarez Rodríguez, “Pipo”.

José María Álvarez Rodríguez, “Pipo”.

José María Álvarez Rodríguez “Pipo”, allerano, pertenece desde su fundación al Foro de Cristianos “Gaspar García Laviana”, entidad a través de la que coordinó el libro “Gaspar García Laviana visto desde Asturias”. También participó, junto a José Ramón Pérez Ornia, en la edición y gestión editorial del libro “Mi vida junto a Gaspar García Laviana, cura y comandante sandinista”, escrito por Pedro Regalado. Ahora publica “Mientras yo viva, Gaspar no morirá”, toda una declaración de intenciones sobre su compromiso para hacer pervivir el legado del sacerdote asturiano, muerto en 1978 en Nicaragua en la lucha contra la dictadura de la familia Somoza. El libro también está dedicado a la memoria de Pérez Ornia y de Alfredo Cueto.

–La frase “Mientras yo viva, Gaspar no morirá”, fue acuñada por Alfredo Cueto. ¿La hace también suya, seguirá rindiendo tributo a su figura?

–Indudablemente. Estoy ya desde hace tiempo en ello. Lo estaba juntamente con José Ramón y Alfredo, ahora difuntos los dos. Además, el Foro Gaspar García Laviana y otras asociaciones están implicadas en ello. Se trata de mantener viva la memoria de Gaspar, recordar aquello en lo que fue ejemplar para todos y que vale en cualquier momento: ser sensible ante el dolor humano producido por las injusticias, que pueden tener su origen en personas, en instituciones o en el mismo sistema económico-político. Y luego, hacer lo posible para que desaparezca aquello que hace sufrir a las personas hoy. En la Nicaragua de Gaspar la causa de todos los males era la dictadura de la familia Somoza y casi todos pensaban que allí la lucha armada era el único modo de acabar con aquella ominosa situación.

–En el libro hay una parte dedicada a pasajes concretos de la vida de García Laviana, como el enfrentamiento con el médico que estafaba a los campesinos. ¿Ayudan esas historias tan cercanas a conocer mejor su figura?

–Estos hechos son muy significativos. Nos ayudan a ver hasta qué punto estaba podrida aquella sociedad. El médico había operado tres veces el apéndice de una chica y en cada una de ellas su familia tuvo que darle una ternera. Presionado por Gaspar y su compañero Regalado se vio obligado a devolverlas. Gaspar denunció al Ministerio de Educación que estaba pagando a maestros que no tenían escuela, al lupanar que tenía a menores prostituidas. Todo ello nos hace ver cómo él se implicaba en hacer una sociedad mejor. Luego vio que por este camino no se lograban transformaciones estables y que las cosas esenciales seguían igual. El juez de Tola cerró el prostíbulo, pero se abrió en otra ciudad. Por eso, Gaspar se decidió a unirse al Frente Sandinista para acabar con la dictadura que llevaba casi cuarenta años violentando gravemente todos los derechos humanos del pueblo nicaragüense.

–¿Cuál es el calado de su legado?

–Gaspar ha sido ejemplar en muchos aspectos. Yo destacaría su sensibilidad ante el sufrimiento humano y su compromiso para denunciar a quienes lo producían y enfrentarse a ellos. Se armó de valentía y de fortaleza para llevar a cabo la empresa de hacer una sociedad mejor, a lo que se oponían todas las fuerzas del Estado somocista, principalmente la todopoderosa Guardia Nacional. Se cuenta que sufrió tres atentados. La vida en la clandestinidad y luego de guerrillero en la montaña implicaba muchas renuncias, no era una vida cómoda. Su austeridad es también ejemplar. Y sobre todo lo fue en ese dar la vida por la liberación de un pueblo que estaba siendo oprimido y reprimido duramente. Hoy pueden parecer palabras que suenan a demagógicas, pero esa era la sangrante realidad de Nicaragua. Siempre se puso al lado de los menos fuertes, de los empobrecidos, de los que estaban siendo oprimidos y duramente reprimidos. Fíjate que él era un extranjero, casi se puede decir que no tenía razones para llegar a un compromiso tan radical.

–¿Es conocido ese legado por los jóvenes?, ¿corre peligro de caer en el olvido su figura y su vida?

–Ni por los jóvenes, ni por los mayores. Muy poca gente conoce a este personaje asturiano tan importante. Las instituciones asturianas no valoran la riqueza humana de uno de sus mejores hijos. Creo que estaría bien hacer una unidad didáctica adaptada a los últimos cursos de la ESO para que los educadores puedan disponer de un instrumento escolar para que la figura de Gaspar llegue a los más jóvenes.

–¿Sería posible que se diera una figura así en una sociedad como la actual?

–Es evidente que sería deseable. Pero no es normal encontrarse con madera tan buena. Aprovecho para matizar algo muy importante. Una objeción que algunos ponen a Gaspar es que se haya hecho guerrillero y participado en una revolución. Él, al igual que otros muchos, estaban convencidos que ese era el único camino posible en aquellas circunstancias. De alguna manera participó el pueblo entero, pues de lo contrario no hubiera sido posible la victoria. En una sociedad como la nuestra, con un nivel democrático como el que hay, aunque no sea perfecta ni plena, es evidente que no se justifica una figura que invite a coger las armas para mejorar una sociedad. Pero ya he mostrado en qué otros muchos valores es ejemplar Gaspar y que, si fuésemos como él, enriqueceríamos la sociedad.

–¿Por qué llegó su compromiso personal a una cota tan alta?

–En primer lugar, hay que tener en cuenta que Gaspar es hijo de un minero y tiene una educación popular donde ha adquirido una sensibilidad natural ante los problemas sociales. Luego adquiere la formación humanista que daban los Misioneros del Sagrado Corazón. En sus últimos años de estudio se había desarrollado, y ya terminado, el Concilio Vaticano II, que quiere que la Iglesia se renueve. Él estudia sociología en el Instituto León XIII de Madrid: en esos momentos se publica la encíclica Populorum Progessio que da unas nuevas orientaciones económicas y políticas. Gaspar conoce la Teología de la Liberación, etc. Por consiguiente, Gaspar tiene en sí un núcleo fuerte humanista que es la fuerza interior más potente que uno puede tener para comprometerse.

–El libro también está dedicado a la memoria de José Ramón Pérez Ornia y de Alfredo Cueto.

–Los dos han muerto hace poco y los tres éramos buenos amigos. Aunque ya nos conocíamos, Gaspar fortaleció e intensificó nuestra relación. Uno y otro han tenido mucho que ver en el mantenimiento de la memoria de Gaspar. Siendo director general de RTPA José Ramón se hizo el documental “Gaspar, misionero y comandante sandinista”, que marca un hito en la recuperación de la memoria de Gaspar en Asturias. Alfredo fue el mejor custodio del legado de Gaspar. Desde su muerte fue recogiendo todo lo que se publicaba sobre él. Está a disposición de quien lo quiera leer en la web del Foro Gaspar García Laviana. Además de ser de edad cercana, los cuatro somos hijos de mineros y los cuatro fuimos curas.

–¿Qué visión tenían Pérez Ornia y Cueto sobre García Laviana?

–Se esfuerzan en decirnos que Gaspar es ciertamente un personaje importante de nuestra historia, por su vida y por sus escritos. También nos dicen que es un personaje universal que está por encima de ideologías y de posturas religiosas, debido a que las razones que le motivan son básicas, humanistas: la dignidad de la persona humana, la justicia, la paz. Le motivaba la pobreza de la gente, que además la sometían a la ignorancia, la represión que habían de sufrir quienes intentaban defenderse. Nos dicen que puede ser un referente de comportamiento para todos: creyentes y no creyentes.

–¿Se ve más a García Laviana como un guerrillero que como misionero?

–Gaspar fue un misionero entregado totalmente a la causa del evangelio. Su vida en Nicaragua vive dos etapas. En el año 1975 ya empieza a embarcarse en el Frente Sandinista. Y sí, es verdad que lo que se impone de su vida es su trágica muerte, que además fue muy impactante por ser un cura que moría en una guerra revolucionaria. Pero tiene ello un fondo muy importante. Gaspar muere por la liberación de los oprimidos, que eran los empobrecidos de Nicaragua. Lo hace en pura gratuidad. Podía haber tenido una vida más cómoda bajo el paraguas de la dictadura, pero escogió el otro camino, el del sacrificio. Fue un asceta y además un místico, como se puede apreciar en su poemario “Cantos de amor y guerra”. Su vida yo creo que es ejemplar. Pero en aquellas circunstancias concretas en las que él vivió.

–¿Se entendió que tomara las armas?

–Gaspar da cuenta de que habrá muchos que no le entenderían. Él había sido educado para la paz, para el perdón y se ve envuelto en una guerra. Fue su opción. Yo creo que allí no tenía otra. Pudo haberse quedado en España, pero no quiso abandonar a los que estaban combatiendo. Era necesario vencer a los dictadores. Además, él estaba seguro de que su decisión estaba en consonancia tanto con el mensaje de liberación integral de los evangelios, como con la doctrina de la Iglesia. Hay que añadir el derecho de autodefensa que todos tenemos, incluidos los pobres, los que llevaban casi cuarenta años sufriendo la agresión de la dictadura que les sometía además al empobrecimiento. Todos tienen derecho a vivir en paz.

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