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Vecinos de Aller critican tener que desplazarse a Mieres para poner la vacuna

Muchas personas mayores tienen que pagar un taxi para llegar al recinto ferial y piden que se instale un punto de inoculación en el concejo

Maribel Lorenzo Alonso.

Maribel Lorenzo Alonso.

Maribel Lorenzo Alonso tiene 80 años de pura vitalidad. Responde a LA NUEVA ESPAÑA mientras da su paseo diario. Ni el paso ligero ni la mascarilla le roban aliento. Es allerana, una de los cientos de vecinos de la comarca del Caudal que han tenido que movilizarse para la vacunación contra el covid-19. La centralización de la campaña de inoculación en el recinto ferial de Mieres, por muy bien organizadas que estén las instalaciones, ha generado polémica. Hay mayores que han pagado carreras de taxi de más de cuarenta kilómetros, ida y vuelta, para recibir el “pinchazo” que da vida. No es el caso de Maribel, que vive en Moreda y “gracias a Dios, me han llevado mis hijos”. También ha sufrido la molestia de ir a Mieres, pero se reconoce “afortunada” y piensa en otros mayores que no tienen su suerte: “Los hay que, después de pasar por esto, han tenido que hacer mucho esfuerzo para vacunarse”.

“Esto” es la pandemia, que tanto ha golpeado a los mayores. Aunque Maribel lo lleva genial: “Cuando estuvimos confinados, cuando no se podía salir de casa más que para lo justo, seguí haciendo la compra”. “Nunca le he tenido miedo al bicho, si te cuidas bien no tiene por qué pasar nada”, afirma la mujer. Tampoco se aburrió: “Yo por las tardes me ponía a ver ‘Sálvame’, que parece que se van a pegar unos a otros, o algunas películas”.

Recibió la libertad del final del confinamiento con alegría, pero prudente. “A mí me gusta mucho salir a pasear y tomar luego un café. Si se hace con responsabilidad, no pasa nada”, reitera. La mascarilla, para todo.

Por fin la llamada para la vacunación: “Yo no tuve ni gota de miedo para ir a vacunarme”. ¿Y lo de tener que ir a Mieres? “Un trastorno, sí. Si hay que hacerlo así...”. Reconoce que “empezaron vacunando en el centro de salud, aquí en Moreda, pero no había suficiente espacio. Que si los que iban a vacunarse, que si los que iban al dentista… no cabían todos”. Otros vecinos en la misma situación reclaman que se habilite un espacio específico en Aller para no tener que desplazarse hasta Mieres.

Maribel recuerda la primera dosis, que recibió hace ya unas semanas, como un momento “especial” . “Sabes que lo haces por ti y por los demás”, apunta, algo emocionada. Ella sufrió el coronavirus en la familia. Su marido, enfermo de demencia y residente en un centro geriátrico, fue diagnosticado de covid-19 durante un ingreso hospitalario. “Lo mandaron al Credine, en Langreo, y fue recuperando. Ahora está muy bien, porque come y duerme bien”, señala.

Cuando llegó al recinto ferial de Santullano, apunta, se fijó en que “está bien organizado”. Así fue para ella: “Entras y pasas por el triaje, luego te ponen la vacuna. Después tienes que sentarte un ratín (15 minutos, para las personas sin historial de alergia), a ver qué efecto te hace”. Contó los días para la segunda dosis. Se la pusieron este lunes. “Estoy ya vacunada del todo. Es un alivio para mí y, sobre todo, para mi familia”. Hizo los viajes, de ida y vuelta a Moreda, con sus hijos.

“Pienso en todas las personas mayorinas que tienen que pagarse un taxi y me da pena”. Y añade: “Aquí en Aller, además, hubo más polémica porque no hay buenas combinaciones de transporte público. La única opción para muchos fue el taxi, porque si te dan hora temprano no hay forma de llegar”. La conversación está a punto de terminar, pero Maribel quiere despedirse con fortaleza: “Hay que decir claro a la gente que se hay que vacunar, no amedrentarse. Es lo que tenemos que hacer todos, una barrera más contra este bicho. Tenemos que echarlo, como sea”.

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