Con más de 25 años ligado a la planta que Bayer tiene en Lada, Jorge Álvarez (Oviedo, 1969) habla con conocimiento de causa cuando se refiere a las buenas perspectivas de futuro que tiene la factoría langreana, de la que sale el 100% del ácido acetilsalicílico con el que se produce toda la Aspirina del mundo. La instalación ha sumado ahora un nuevo principio activo a su actividad –el nifedipino (usado para el alivio de la angina de pecho, así como para la hipertensión arterial y para otros usos)– con lo que ya son seis sus líneas de producción en Langreo.

–¿Qué importancia tiene la fábrica de Langreo para Bayer?

–Bayer está presente en todo el mundo. Y en una fábrica como esta, que va a cumplir ochenta años, es más que relevante la aportación que hace a la historia de la compañía. Aquí se hace el medicamento más conocido de Bayer, seguramente, el más conocido del mundo. Hemos llevado el nombre de La Felguera, y de Langreo, por todo el mundo, porque la aspirina está registrada en más de 140 países. Hay muy pocos productos de Bayer que vayan a más de 140 países, por eso somos muy importantes para la empresa.

Álvarez, en las instalaciones de Bayer en Langreo.

–¿Cuándo se comenzó a producir aspirina en esta planta?

–Fue en 1942, en aquel momento esta empresa se llamaba Proquisa, Productos Químicos Sintéticos. La crearon Duro Felguera, Explosivos Riotinto y tres bancos. Como la patente de la aspirina ya había caducado, se podía hacer ácido acetilsalicílico, pero no podían llamarlo aspirina porque no eran de Bayer. Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, a Alemania le incautaron bienes que tenía en muchísimos países, entre ellos en España y se pusieron a subasta pública. Proquisa compró los bienes de Bayer en España y, sobre todo, lo que le interesaba, que era el derecho a utilizar la cruz de Bayer y la marca aspirina. Y así fue hasta que Bayer, ya reconstituida, adquirió en 1969 el 51% de las acciones de Proquisa para recuperar lo que había sido suyo.

–Pero también se producía en otros países.

–Sí, se hacía también en Alemania y en Turquía, entre otros países. En el caso de España se hacía en poca producción y principalmente para el propio país. Pero en los años 80 todo cambió.

–¿Qué ocurrió?

–Pues llega la Comunidad Económica Europea y el mercado único. Muchísimas empresas, entre ellas Bayer, deciden centralizar su producción. En el caso de la aspirina, ven que las fábricas más grandes que tenía eran la de Alemania y la de aquí. Y entonces mandan una serie de expertos, todos alemanes, para ver ambas fábricas. Al cabo de unos meses decidieron invertir en la planta de Asturias y dejar la de Alemania para otras cosas. Con el tiempo, afirmaron que los expertos habían apreciado que los procesos que aquí habían desarrollado eran más eficientes que en la fábrica de Alemania. Y de ahí fueron viniendo más inversiones. Eso nos catapultó, produciendo cada vez más hasta ahora, que lo producimos todo.

–¿Cómo es el proceso de fabricación del ácido acetilsalicílico?

–Nosotros compramos materias primas que antes salían del carbón, que nosotros teníamos aquí al lado. Por eso se empezó a fabricar aquí el principio de la aspirina. Esas materias primas hoy ya no salen del carbón, sino de otras síntesis químicas. Eso lo compramos, nos llega en cisternas y lo que hacemos aquí es el proceso químico de convertir esas materias primas en acetilsalicílico. Una vez que lo obtenemos hay que purificarlo, y eso se hace con unas etapas que son cristalización, centrifugación y, finalmente, el secado. El resultado se envasa en dos tipos de presentaciones.

–¿Cuáles son esas presentaciones?

–Una son cristales más gruesos, parecidos al azúcar; y otros más finos, parecidos a la harina. Depende del producto final que se busque, es mejor uno u otro. Para el Adiro o Cardioaspirina es mejor más grueso, para la Aspirina C efervescente, utilizamos el más fino.

–En los últimos cinco años, la planta ha recibido una inversión de más de 25 millones de euros.

–Llevo aquí 25 años y siempre hemos tenido inversiones, porque una planta que no invierte es muy difícil que mantenga su actividad, con lo que siempre hay una inversión mínima. Pero en estos años hemos tenido una inversión a mayores, que es lo que nos permite anunciar que vamos a producir el nifedipino, porque hemos invertido en mejorar determinados procesos y para aumentar la eficiencia.

–Habla sobre el nifedipino, utilizado para la angina de pecho, entre otras dolencias ¿cuándo se empezó a gestar la posibilidad de producirlo en la planta?

–Pues hace más o menos tres años, en una de las reuniones periódicas para ver dónde encajan mejor los principios activos que vamos fabricando. Allí se vio que el nifedipino era uno de los productos que teníamos que revisar. Nosotros pensamos que encajaba en nuestra instalación multiusos, aunque necesitamos inversiones como comprar algún equipo adicional, entre otras cuestiones. Y así se hizo. Más tarde llegó el proceso de pedir licencias, al ser nuevo producto. En Asturias hubo que solicitar la modificación de la autorización ambiental integrada, que también lleva una serie de trámites… y todo lleva un tiempo. También hay mucho tema de registros porque tenemos que registrar en todos los sitios donde se vende nifedipino que la planta de La Felguera va a ser un fabricante. Y eso también lleva su tiempo.

–¿La entrada de este nuevo producto supondrá la creación de nuevos puestos de empleo?

–La primera campaña la haremos con personal propio, pero si en las campañas venideras hay aumento de producción, tendremos que dotarnos tanto de recursos económicos superiores para comprar materias primas, equipos y, lógicamente de personal. Por lo que habría nuevas contrataciones.

–¿Hay espacio para más ampliaciones en la planta?

–Nosotros tenemos la utilización de la instalación cercana al 100%. Espacio en la planta tenemos para construir algo más, pero dentro de los edificios estamos cerca del 100%. Algo más podríamos acoger, pero tendrían que ser volúmenes de producción pequeños comparado con lo que tenemos ahora.

–Acabamos de pasar por los meses más duros de la pandemia, y sin embargo, la planta no paró su actividad ni un solo día.

–La verdad es que eso sí tiene mucho mérito, y hay que reconocérselo a todos los trabajadores. La pandemia empieza en marzo de 2020 y nos coge por sorpresa. Nosotros reaccionamos bien. En ese momento estábamos haciendo unas contrataciones porque aumentaba la producción en la parte multiusos y, aprovechando esa situación, lo que hicimos fue contratar a más personas previendo que alguna se podría quedar de baja por el covid. Eso nos ayudó porque hubo personas que, por el tema de la vulnerabilidad, estuvieron un tiempo de baja. También tomamos muchas medidas con la distancia social, movimos los turnos e hicimos burbujas para que los que estuvieran en una planta no se mezclasen con los demás, ni entre turnos. Hicimos teletrabajo los pocos que pudimos. De las cien personas que somos, en el mayor momento lo debimos hacer 25 porque los trabajadores de producción tenían que estar aquí, los de calidad también, los de almacén... Nos resultó muy bien porque no hemos parado ningún día. Todos los días hemos seguido produciendo y cuando tenían que salir camiones seguían saliendo.

–Se habla de los problemas de suministro de materias primas, ¿lo están notando en la fábrica de Lada?

–Hemos detectado muchísimos cambios en los proveedores. No ha llegado a impactar en la producción, eso sí, pero en los años que llevo aquí nunca he visto tanto movimiento. Una cisterna que tienes prevista para pasado mañana te avisa de que no puede venir y entonces tienes que llamar al proveedor alternativo. Solemos tener hasta tres para una misma materia prima, para pedirle que se adelante. Hay reprogramaciones constantes, eso sí que lo estamos notando. Es exagerado. Pero, de momento, no ha impactado a la producción.

–¿Es el sector químico uno de los más destacados en el Principado?

Yo diría que, junto a Cataluña y Huelva, el polo de Asturias en el sector químico e industria de procesos es de los más importantes de España. Formamos parte del clúster de la industria química y de procesos de Asturias, donde hay otras empresas importantes en el Principado. Y desde luego que es un sector muy importante. A través del clúster estamos trabajando muy bien. Compartimos buenas prácticas, entendemos la legislación de la misma manera, hacemos jornadas técnicas que pueden interesar a todo el sector y colaboramos con la administración en lo que podamos. Por ejemplo hay una formación profesional dual para operador de planta química que se desarrolló de manera conjunta. Es un ejemplo muy bueno de las alianzas para tratar de conseguir objetivos, tanto de sostenibilidad como de interpretación de las legislaciones para tener las mejores técnicas desde el punto de vista medioambiental.

–También tienen en marcha un proyecto de economía circular con la Universidad de Oviedo.

–Sí, colaboramos con la Universidad y está financiado por el Idepa. Se trata de ver si algo que para una industria como la nuestra es un residuo, como es el caso del sulfato cálcico, pueda ser revalorizado para utilizarse en otra industria en lugar de mandarlo a un gestor de residuos como hacemos ahora. En nuestro caso pensamos en cementeras porque las pruebas que hace la Universidad de Oviedo dicen que podría aplicarse en esta industria. Si llega a buen puerto, al final hemos convertido un residuo en un producto o subproducto que a otro le es útil. Desde el punto de vista medioambiental es perfecto, porque generas valor en lugar de mandarlo a otro sitio, que lo único que hacen es almacenarlo. Y desde el punto de vista económico también, porque obtienes una venta si lo vendes. Pero aunque lo regales, ya dejas de pagar por enviarlo al gestor de residuos; eso es la economía circular.

–¿En que fase se encuentra?

–Tiene tres fases. Por un lado, la caracterización del residuo, saber lo que tenemos y analizarlo, eso ya está hecho. La siguiente es ver si en el laboratorio somos capaces de revalorizarlo, de mejorarlo hasta el punto de que pueda ser aplicado en otras industrias. Eso es lo que están haciendo ahora en la Universidad de Oviedo. Y de momento los resultados previos son buenos. Y solo quedaría la última fase, que es ver si lo que se hizo en el laboratorio se puede escalar a nivel industrial para ver si es verdad que obtenemos lo mismo. Esperamos que a final del año que viene esté concluido.

–Empresas destacadas han abandonado Langreo, ¿cómo ven esta situación?

–Desde que soy director de la planta, lo que hice fue intentar entender la historia industrial de Langreo. Cuando uno ve la industria que había desde los inicios de Duro Felguera hasta ahora, pues un poco de pena sí te da. Pero dicho eso, lo que hay que hacer es pensar en el futuro. Hay que intentar que todo ese esfuerzo que efectivamente se hizo en aquel momento se reoriente de otra manera. Los que seguimos aquí, como es el caso de Bayer, nos reorientamos hacia la digitalización y la sostenibilidad, a lo que toca. Y lógicamente, también tienen que nacer otras industrias, de nuevas tecnologías por ejemplo. Creo que Langreo tiene ahí algo que decir y aportar. De Iberdrola lo que sí puedo decir es que todos los años que hemos estado de vecinos hemos tenido una buenísima relación de vecindad. Tenemos una puerta que nos comunica internamente con ellos y siempre tuvimos muy buena relación para cosas que nos podían interesar. Es conocido que nosotros les comprábamos el vapor que producían, con lo que había también una relación comercial. Ha sido una relación excelente y, a día de hoy, lo sigue siendo aunque estén con trabajos de desmontaje.

–El próximo año celebran los 80 años de la planta, ¿ya saben qué van a organizar?

–Todavía no hay preparado nada, pero sin duda haremos algo. Lo que sí quiero es que lo que se haga sea para resaltar el trabajo realizado por todas las personas que trabajaron aquí, pero también centrarlo en el futuro, siempre pensando en las personas. Creo que en la celebración del 80 aniversario la cuestión son las personas. Y hay que mirar para atrás claro, porque ahí también están muchas personas que, con mucho esfuerzo, han contribuido a que la fábrica sea hoy lo que es. Pero también me gustaría mirar hacia delante, que la gente joven, que aportó menos en el pasado, tenga un papel relevante. El aniversario es justo el 6 de agosto. Obviamente la celebración no será en agosto porque es mal mes para esos temas, pero yo me aventuraría a decir que en mayo o junio llegará.