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Dos de cada tres habitantes que perdió Asturias en treinta años eran de las Cuencas

Los valles mineros sumaban en 1990, antes de la puesta en marcha del plan del cierre de pozos, 195.000 vecinos frente a los 131.000 actuales

En los años noventa comenzó en las cuencas mineras un cierre paulatino de explotaciones carboneras con unos planes de reconversión industrial llamados a paliar la pérdida de puestos de trabajo en el sector extractivo y permitir una reindustrialización que mantuviera empleo y población. Sin embargo, tres décadas después, la realidad es otra totalmente distinta. La sangría demográfica de estos últimos treinta años ha sido continua y pronunciada. De hecho, dos de cada tres habitantes que ha perdido Asturias en estas últimas tres décadas son de las Cuencas. De los 98.350 habitantes menos que tiene hoy la región respecto al año 1990, casi el 65%, 63.615 personas, eran de alguno de los diez concejos de los valles mineros.

Desde que comenzase el cierre del sector del carbón hasta el pasado 2021, las cuencas del Caudal y del Nalón han adelgazado un 32,5% en lo que a cifras de habitantes se refiere. En la década de los noventa, cuando los pozos daban trabajos a miles de personas y el carbón suponía una importante porción del PIB de la región, en los valles mineros residían 195.334 personas. Ahora, con las minas cerradas, sin una industria alternativa y con unas perspectivas de futuro inciertas, las Cuencas no llegan a los 132.000 habitantes, lo que se traduce en una pérdida de más de 63.500 vecinos.

Por concejos, esta caída poblacional se ha hecho sentir especialmente en los dos grandes, Langreo y Mieres, si bien en la cabecera del Caudal el golpe ha sido mayor. En tres décadas, Mieres ha perdido más de 20.600 habitantes, más de un tercio de la población que tenía en 1990, cuando por todo el municipio se repartían 57.627 vecinos. Hoy, treinta años después, la situación es totalmente opuesta y apenas se superan por una veintena los 37.000 vecinos. Pese a los esfuerzos por el asentamiento de población con la construcción de vivienda pública o la mejora de servicios y espacios, la hemorragia poblacional de Mieres no se ha podido contener.

Langreo, por su parte, también ha sufrido los efectos del cierre de la minería y la fallida reconversión industrial, aunque en menor medida. En la cabecera del Nalón se ha pasado en los últimos treinta años de tener 53.246 habitantes a los 38.683 vecinos actuales, lo que supone una pérdida de población del 27,3%, algo más de uno de cada cuatro vecinos.

En valores porcentuales, eso sí, el municipio que más ha sufrido la recesión de las comarcas mineras ha sido el concejo de Aller, que hoy tiene prácticamente la mitad de los habitantes que hace tres décadas. En 1990, en Aller se contabilizaban 19.663 empadronados, rozando los 20.000 vecinos. Una cifra que hoy es una utopía. El concejo allerano no llega a los 10.400 habitantes, lo que se traduce en que en los últimos treinta años, la caída de población ha sido del 47,4%.

San Martín

San Martín del Rey Aurelio, Caso y Riosa también ha sido municipios en los que se ha sufrido esa sangría demográfica con especial virulencia. En el caso del municipio con capital en Sotrondio, la pérdida de población en las tres últimas décadas ha sido del 37%, pasando de casi 25.000 habitantes, a poco más de 15.600 vecinos.

En Caso, porcentualmente hablando, la cifra se eleva una décimas, hasta el 37,26% de pérdida poblacional. En números absolutos, el concejo del alto Nalón pasó de los 2.297 vecinos censados en 1990 a los 1.441 que se registraban el pasado año. Situación similar a la que se da en Riosa, donde se sigue peleando por buscar a través del turismo y del sector primario una venda para la gran herida demográfica. El pasado ejercicio, el concejo tenía 1.836 vecinos. Hace tres décadas, rozaba los 3.000, lo que supone una pérdida de población del 38,63%.

Laviana, Morcín y Lena también se han visto afectados por la tónica general de las Cuencas, aunque en una medida algo más moderada. El municipio lavianés ha cedido un 18,41% de sus habitantes en treinta años, pasando de 15.600 a 12.700 vecinos en números redondos. En el caso de Morcín, se perdió un 21% de población, o lo que es lo mismo, uno de cada cinco vecinos. Hoy tiene aproximadamente 2.550 habitantes por los 3.240 de hace treinta años. Y en el caso de Lena, han sido de 4.400 vecinos la pérdida de población en tres décadas, lo que supone casi un 29%.

El concejo que menos pérdida de población ha sufrido ha sido el más pequeño, Sobrescobio, que ha tenido una variación mínima en estas tres décadas, manteniéndose estable. En 1990, estaban empadronadas en el municipio de Redes un total de 851 personas, por las 829 registradas en 2021, apenas un 2,5 por ciento menos.

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