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Adiós al millón de habitantes: Asturias sufre el mayor desplome demográfico de Europa

La población asturiana disminuyó en lo que va de siglo en 70.000 personas, casi tantas como viven en el concejo de Avilés, y perderá más de 100.000 hasta 2035 si continúa la actual sangría

despoblación

Asturias ha perdido en lo que va de siglo más de 70.000 habitantes, el 7% de la población y casi tantos como el concejo de Avilés. Las proyecciones a futuro son aún más pesimistas: si se mantiene el actual desplome demográfico, la región perderá otros 100.000 habitantes hasta 2035. Todo ello con varios agravantes: el Principado registra la población más envejecida de Europa, una de las menores tasas de población extranjera de España y el segundo indicador de fecundidad más bajo del continente. La sangría demográfica acarreará consecuencias económicas, sociales, territoriales y políticas, auguran los expertos.

La pregunta del millón en Asturias es, precisamente, cuándo bajará del millón de habitantes. No resulta fácil una proyección porque la demografía es un fenómeno complejo en el que influyen muchas variables y porque los datos definitivos de este año no estarán disponibles hasta bien entrado 2023. La población de Asturias a 1 de enero de este año era de 1.004.499 habitantes (dato provisional). Según la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), en el primer trimestre del año se contabilizaron en Asturias 1.211 nacidos vivos y 3.713 fallecidos, lo que implica una pérdida de 2.502 habitantes. Tomando esas cifras, la población a 1 de abril estaría en 1.001.997 habitantes.

Pero debe tenerse en cuenta que son datos provisionales, que Sadei recoge todos los nacimientos y fallecimientos ocurridos en Asturias, incluidos los de personas que residen fuera, y que no figuran los de los asturianos que nacen o fallecen en el exterior. Y, más importante aún, no hay datos –ni los habrá hasta el año que viene– sobre movimientos migratorios, que pueden modificar mucho las cifras.

Dado que el número de nacimientos aumenta habitualmente en primavera y verano, a la par que disminuye el número de fallecimientos, Asturias podría bajar del millón de habitantes a finales de junio o primeros de julio. Es la proyección más previsible a la vista de la evolución poblacional en los últimos meses. Pero solo el avance que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicará el próximo mes de noviembre sobre datos de población del primer semestre de este año revelará si el 1 de julio Asturias ya suma menos de un millón de habitantes. Los expertos apuntan que por ahí, “semana arriba, semana abajo”, estará la fecha concreta en la que la región caerá por debajo de esa barrera, “un simple número sin importancia real, más allá de la psicológica”, insisten los demógrafos.

Consecuencias demográficas

El movimiento natural de la población (nacimientos y defunciones, sin tener en cuenta las migraciones) muestra que en lo que va de siglo Asturias registró un decrecimiento vegetativo de 130.512 habitantes. La tendencia demográfica descendente de Asturias es “imparable”, según la mayoría de los expertos del sector. Porque solo hay dos fórmulas para revertir la situación: incrementar el número de nacimientos y atraer muchos más inmigrantes. Y ninguna de las dos parece factible a corto plazo. En el primer caso, por el bajísimo índice de fecundidad de la región, 0,92 hijos por mujer, el segundo más bajo de Europa solo por detrás de Canarias, y el elevado porcentaje de población mayor, el más alto del continente. En el segundo caso, porque para atraer inmigrantes hacen falta oportunidades económicas, y ahora mismo Asturias no es una región tan dinámica e innovadora, como demuestra el hecho de que muchos de sus mejores talentos hayan abandonado la región.

El desplome poblacional es de tal calibre que, si nada cambia, Asturias podría perder el 55% de su población en las próximas décadas, según los cálculos de Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía de la Universidad de Pennsylvania. El año pasado la región registró 4.830 nacimientos y 13.454 fallecidos, lo que supone un decrecimiento vegetativo de 8.624 habitantes. Y la inmigración se queda muy lejos de compensar estas cifras, ya que Asturias tiene uno de los porcentajes de población extranjera más bajos de España, el 4,45%, cuando la media española está por encima del 11%.

De hecho. en Asturias residían en 2021 solo 45.455 extranjeros. Destaca el número de personas procedentes de Rumanía (7.084), Colombia (3.657), Venezuela (3.099), Marruecos (3.055) y Brasil (2.197). Había ese año 13.748 ciudadanos de la Unión Europea residiendo en Asturias, destacando, tras Rumanía, los naturales de Portugal (1.824), Italia (1.450) y Reino Unido (1.135). Otro problema añadido: la mayor parte de los inmigrantes asturianos tienen una baja cualificación laboral.

Consecuencias económicas

¿Cómo sería la economía de una región en la que casi la mitad de la población tendrá más de 65 años, como podría ocurrir en Asturias dentro de 30 años? El economista Fernando Rubiera subraya que no hay “bola de cristal”, porque un cambio en cualquier variable puede modificar por completo el devenir. Asegura, además, que existen “medidas suficientes” a aplicar para que las proyecciones más pesimistas no se cumplan. En todo caso, en territorios con mucha población mayor el resultado global en materia económica suele ser “bastante desastroso”, subraya Rubiera.

El economista señala que si se cumplen los peores augurios Asturias será en 30 años una región “completamente dependiente del resto del país”, de las transferencias que lleguen de regiones dinámicas, como Madrid o Barcelona, y de la Unión Europea. La segunda consecuencia es que será una región menos emprendedora. “Los mayores de 50 años no suelen asumir con tantas facilidades riesgos, no suelen innovar demasiado”. Así que será una comunidad “menos dinámica y menos innovadora”. La tercera consecuencia será un cambio hacia patrones de consumo más estables: “Los mayores ahorran más que los jóvenes, y consumen menos, sobre todo en aspectos relacionados con la construcción, automóviles… Son mucho más conservadores consumiendo, eligen productos más baratos, aunque tengan rentas más altas que los jóvenes”.

El debate, según Rubiera, debe centrarse en cómo evitar que Asturias llegue a esa situación de colapso. Cree que es “perfectamente corregible”. La solución: atraer inmigrantes. “Un pequeño cambio, como duplicar la tasa de inmigración, cambiaría completamente las proyecciones. Iríamos hacia otro escenario distinto”, subraya el economista. Rubiera no habla únicamente de inmigrantes extranjeros; si hay cerca de 40.000 asturianos trabajando fuera de Asturias, “con que regresara la mitad, problema resuelto”, destaca. Hay asimismo 138.252 asturianos residiendo en el extranjero. Es el “tercer concejo” de Asturias en población, solo por detrás de Gijón y Oviedo.

Además, el economista cree que la inmigración es positiva para los territorios: “Los sitios dinámicos construyen su cultura de forma dinámica”. Pone como ejemplo a Madrid, donde la mayor parte de la población tiene sus raíces familiares fuera de esa comunidad. Pero también a Asturias, “porque buena parte de los asturianos tienen antepasados llegados de Galicia, Castilla y León, Portugal…” Subraya que tampoco son necesarias “unas cifras de inmigración desbordantes”. Lo que sí resultaría “mucho más interesante” es atraer inmigrantes “altamente cualificados”, opina.

Consecuencias sociales

Un mayor porcentaje de población mayor y anciana disparará el gasto sanitario y en pensiones. El debate fundamental para Asturias, según Rubiera, es el de la financiación autonómica; el de establecer qué criterios se utilizarán para el reparto del dinero. Lo “ideal” para Asturias sería un reparto en el que prime el envejecimiento; Galicia y Castilla y León, además del envejecimiento, se verían favorecidas si se tuviera en cuenta la dispersión de la población; a Madrid le conviene que se tenga en cuenta “la población a secas, un habitante, un euro”…

Lo que tiene meridianamente claro Rubiera es que una hipotética reducción del gasto en educación, al haber menos estudiantes, no compensará el incremento del gasto asistencial y en jubilaciones. Entre otras razones, porque “a partir de cierta caída en el número de estudiantes se estanca la disminución de los gastos”, ya que “no se reducen plantillas, ni edificios, ni gastos de funcionamiento. Y tampoco vas a bajar la calidad de la enseñanza”, clama Rubiera.

¿Solución? Inmigración aparte, la “única posible” es aumentar la productividad media de los trabajadores, lo que permitiría al Estado recaudar más dinero en impuestos y con ello afrontar los mayores gastos en sanidad y jubilaciones. Rubiera subraya que sí es posible aumentar la productividad en Asturias, puesto que está por debajo de la media española, aunque quizá solo con eso “no nos daría para aguantar 30 años”.

De ahí su convicción de que desligar el debate demográfico del económico es “absurdo”. Está convencido de que cualquier política demográfica, si no va acompañada por medidas económicas, es “inútil”. “Puede ayudar a que los desequilibrios territoriales no sean tan marcados, pero solo si dinamizas la economía resuelves automáticamente el problema demográfico”, subraya Rubiera. Añade que el problema demográfico de Asturias es consecuencia de “muchos años de economía estancada”.

Pero a Asturias no le serviría cualquier economía para salvar el abismo demográfico en el que está sumida. “Hace falta una economía capaz de generar alta productividad por trabajador”. Por ejemplo, la basada “en la alta tecnología, en los servicios avanzados, en la ciencia y en la innovación”. En su opinión, ya no sirve una economía basada en actividades tradicionales. “Necesitas muy alto valor añadido para que el Estado pueda quedarse con una parte de las rentas y asumir los costes de jubilación y sanidad”, señala. Y un apunte más: los impuestos no pueden ir solo sobre las empresas, porque eso provoca deslocalización. “La única manera de soportar cargas tan altas es dinamizar mucho la productividad de la región”, añade.

Rubiera asegura que la situación demográfica de Asturias es “una combinación de un éxito y un fracaso”. El éxito, la mejora del sistema educativo, que funcionó. El fracaso es el tejido productivo de la región, que falló y no pudo emplear a las nuevas generaciones bien formadas. La consecuencia de esa combinación es que en la actualidad “muchos hijos de mineros o de ganaderos son ingenieros y se han marchado fuera”, ejemplifica.

El envejecimiento de la población está provocando un problema social añadido: la soledad. Son ya 141.400 personas las que viven solas en Asturias, lo que supone el 14% de la población. El 31% de los hogares asturianos son unipersonales. Ninguna otra región española alcanza semejante porcentaje, que además seguirá creciendo en los próximos años, hasta situarse en el 36% en 2035, según las proyecciones del INE.

Asturias es también la comunidad más envejecida de España, con una edad media de 49,18 años, cinco por encima de la media española. El número de mayores de 65 años duplica en la región al de menores de 15, y será en 2033 el cuádruple, una situación nunca vista en la historia. De hecho, Asturias es, de largo, la región con más tasa de población anciana de Europa. El Principado suma 231 mayores de 64 años por cada 100 menores de 15, cifra superior a la de Japón, que encabeza el ranking mundial de envejecimiento por países.

Consecuencias territoriales

Veintitrés municipios asturianos, casi un tercio del total, están en “riesgo de despoblación” y su viabilidad futura está “seriamente amenazada” si no ganan habitantes en los próximos años. Es una de las conclusiones del informe anual del Banco de España publicado el año pasado. Todos los concejos que corren peligro de desaparecer por el desplome demográfico se sitúan en el interior de la región, en la denominada “Asturias vaciada”, y destacan por su ruralidad.

Entre los concejos en trance de desaparecer figuran cinco de la comarca oriental: Peñamellera Alta, Cabrales, Onís, Amieva y Ponga. Hay otros cinco de la zona central: Quirós, Proaza, Teverga, Yernes y Tameza y Caso. La zona suroccidental asturiana es la que más concejos en riesgo de despoblación presenta, trece: Taramundi, Villanueva de Oscos, San Martín de Oscos, Santa Eulalia de Oscos, Grandas de Salime, Pesoz, Illano, Villayón, Allande, Ibias, Degaña, Somiedo y Belmonte de Miranda.

Estos 23 municipios ocupan 3.506,81 kilómetros cuadrados, un tercio de la superficie de Asturias, pero solo suman 21.599 habitantes, el 2% del total regional. Hay otros cinco municipios que estuvieron muy cerca de quedar incluidos en esa lista: Boal, Peñamellera Baja, San Tirso de Abres, Santo Adriano y Sobrescobio. La recesión demográfica ha provocado que solo 6 de los 78 concejos asturianos hayan ganado población en el período analizado por el Banco de España (2001-2018): Gijón, Oviedo, Siero, Villaviciosa, Llanes y Sobrescobio. Un matiz: este último concejo ganó un habitante entre 2001 y 2018. Pero desde entonces ya ha perdido más de 30, lo que supone el 4% de su población.

Aunque Asturias es una de las provincias que menos municipios tiene (78), expertos como Leopoldo Tolivar, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Oviedo, ha alertado de que el despoblamiento absoluto o la inviabilidad para prestar servicios elementales puede obligar a reformar el mapa municipal, con la fusión de concejos.

Fernández-Villaverde aventura cómo será Asturias dentro de medio siglo en un escenario “razonable” de política de inmigración: “Medio millón de habitantes, prácticamente todos concentrados en la ‘Y’ y los pueblos bonitos de la costa, y un interior totalmente vacío”. Pero ese escenario se puede revertir, según algunos expertos. De nuevo la dinamización de la economía aparece como la tabla de salvación. Aunque hay economistas que señalan otro camino radicalmente diferente. Sostienen que buena parte de la zona rural asturiana no tiene solución demográfica y abogan por diseñar estrategias de reforestación y declarar parques naturales para que el impacto ambiental sea el mínimo posible y así conservar el atractivo de esas zonas. Esto es, ya que el paisanaje se extingue, centrarse en el paisaje. Es una medida que se ha aplicado con éxito en Estados Unidos.

“En vez de tener la población concentrada en 50 kilómetros cuadrados, podemos intentar concentrarla en 10 y que los otros 40 reviertan a un estado de cuasinaturaleza”, señalaba hace unos días Fernández-Villaverde. Sería la solución para áreas en las que no resulta posible mantener los servicios básicos por su escasa población.

Pero la crisis demográfica es tan profunda en Asturias que ya no solo afecta a la zona rural, también las áreas urbanas están perdiendo población. Durante muchos decenios la zona central de Asturias, la que algunos expertos llamaban a convertir en el área metropolitana de la región, tenía capacidad para atraer población de las alas. Pero esta situación ha cambiado, porque el decrecimiento vegetativo es enorme. Todos los municipios asturianos, sin excepción, han perdido población en los diez últimos años. Oviedo, unos 6.000 habitantes; Gijón, alrededor de 5.000; Avilés, más de 4.000; Siero, unos 1.000… Y las Cuencas Mineras, durante muchos decenios paradigma de área dinámica y generadora de actividad y empleo, son en la actualidad las que más porcentaje de población están perdiendo de toda la región. Mieres perdió más de 10.000 habitantes en lo que va de siglo; Langreo, más de 8.000; San Martín del Rey Aurelio y Aller, 4.000; Lena, 3.000…

Consecuencias políticas

Asturias eligió en las primeras generales de la democracia, en 1977, a 10 diputados. En los últimos comicios, en 2019, solo pudo elegir a 7 representantes. Ninguna otra provincia perdió tres diputados. La pérdida de peso político es extensible a toda la cornisa cantábrica, donde en 1977 se eligieron 63 diputados (27 en Galicia, 21 en el País Vasco, 10 en Asturias y 5 en Cantabria), mientras que en las elecciones de 2019 fueron solo 53 parlamentarios (23 en Galicia, 18 en el País Vasco, 7 en Asturias y 5 en Cantabria). Y si se incluye a Castilla y León, se ha pasado de 98 representantes a 84. El Noroeste se desmorona.

Las comunidades del corredor mediterráneo han seguido el camino inverso: Cataluña, Comunidad Valencia y Murcia ganaron 6 diputados desde 1977, pasando de 84 a 90. Las provincias que más peso político ganaron son Madrid (5 diputados más), Alicante (3), Málaga (3), Murcia (2), Baleares (2) y Las Palmas (2). Los politólogos señalan que una cornisa cantábrica con 40 diputados, algo que podría ocurrir en unas décadas, recibiría mucha menos atención política que áreas en las que se elegirán muchos más parlamentarios.

¿Puede perder Asturias otro diputado en los próximos años y quedarse con seis? La provincia con 6 diputados y mayor población es Tarragona (821.413 habitantes). Por contra, la provincia con 7 diputados y menor población es Granada (928.357 habitantes). Esto quiere decir que para bajar a 6 diputados, en la actual situación, Asturias tendría que perder casi 100.000 habitantes. Así que está aparentemente lejos de perder el séptimo representante en el Congreso. Aparentemente, porque si se mantiene el actual desplome demográfico ese momento podría llegar en poco más de diez años. Hasta ahora, por término medio, ha perdido un diputado cada 15 años.

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