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Bayer, 80 años de orgullo en Lada

Mariano Fernández y Mariana Gálvez, el veterano y la novata de la planta, encarnan el paso de lo manual a lo digital

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Bayer, 80 años en Lada

Mariano Fernández es de Villoria (Laviana) y un par de veces a la semana toma una Aspirina. En los últimos 35 años ha fabricado toneladas de ácido acetilsalicílico, el principio activo de este popular medicamento del que se dice que se toman 2.500 comprimidos cada segundo en todo el mundo. Ahora tiene 63 años y en 2024 le llegará la jubilación, pero si fuese por él «seguiría trabajando». Ni un solo día de estos 35 años, con sus turnos de noche y de día, con sus crisis económicas y hasta con una pandemia mundial, ha llegado a trabajar de mal humor.

Mariana Gálvez tiene 23 años. Es colombiana y cuando terminó la carrera de Ingeniería Química se vino a España. Tenía la nacionalidad por parte paterna así que se plantó en Barcelona y empezó «a enviar hojas de vida» (curriculums). Hace seis meses vio que en Bayer Hispania, en La Felguera, necesitaban cubrir una baja por maternidad. Recordó aquel anunció que veía de niña que decía «Si es Bayer es bueno» y no se lo pensó. Una de esas hojas de vida acabó en manos de Jorge Álvarez, ovetense de 53 años que en 1995 entró de becario en la fábrica de Bayer en Lada (Langreo), de la que ahora es orgulloso director. Tras esa baja por maternidad, Mariana pasó a tener un contrato indefinido.

Mariano y Mariana son el más veterano y la más novata de la Bayer en Langreo y los dos tienen el mismo orgullo de pertenencia a al empresa que el director.

Cuando Mariano Fernández, ayudante técnico en la planta de producción, llegó a la empresa, «todo era muy manual». Con el paso de los años «se avanzó mucho en automatismos» pero «se avanzó aún más, una barbaridad, en seguridad, con cursos de formación y mucha ayuda».

bayer a finales de los años 40

Ahora Mariana, desde el departamento de «business planing administration» tiene por delante otro gran reto, la digitalización de la planta asturiana, «que todo el mundo que lo necesite tenga a su alcance, en su ordenador, en su teléfono móvil, todos los datos del proceso de producción», explica el director. La Bayer está digitalizada, en los ordenadores de cada puesto de trabajo están los datos necesarios, «pero tenemos que poder disponer de ello en cualquier momento o lugar», dice Jorge Álvarez.

Esos son los grandes retos estratégicos de la compañía pero quizás el más importante sea mantener algo intangible, el sentimiento. En los últimos 35 años, los que Mariano Fernández lleva en la empresa, las cuencas mineras han sufrido una desindustrialización que ha acabado con la minería y la siderurgia, se han perdido miles de empleos y la conflictividad social ha sido una constante. «Somos conscientes de todo lo que pasa ahí fuera y por eso, para todos los que estamos aquí la seguridad de tener un puesto de trabajo es importantísima y eso se nota en el ambiente». Fernández nació en Villoria y vive en La Felguera, y las ha visto de todos los colores en las crisis de la minería y la industria.

Mariana Gálvez tal vez no sepa quien es José Ángel Fernández Villa ni qué fue la «huelgona» de 1962, pero en los dos próximos años desde su puesto de trabajo verá como desaparece poco a poco la central térmica de Lada, pared con pared con la fábrica de Bayer. Ella insiste, «nada más entrar aquí se nota el sentido de pertenencia». Los dos pertenecen al centenar y medio de personas que trabajan en la Bayer de Lada, 100 de la compañía alemana y otros 50 de empresas externas pero que desarrollan su tarea a diario en la misma planta.

Bayer a finales de los años 70

La colombiana no lo dudó un segundo y se instaló en La Felguera. «Puedo venir andando a trabajar y me he sentido muy bien acogida por la gente de Asturias un lugar que me gusta mucho». En la conversación tercia el director para explicar que «en un principio la fábrica se iba a instalar en La Felguera pero no había suelo industrial suficiente, había muchísimas empresas».

El origen de la industria farmacéutica en la cuenca del Nalón está ligado precisamente a ese desarrollo, al de la minería y la siderurgia que producían los componentes necesarios para fabricar el ácido acetilsalicílico, «era economía circular, aunque no lo llamaban así», subraya el director.

Todo arrancó en 1942 cuando con la Segunda Guerra Mundial se incautaron los bienes que Bayer tenía en España. La empresa langreana Proquisa logró en una subasta pública el derecho al uso de la cruz de Bayer y de la marca Aspirina. En 1969 Bayer adquirió el 51 por ciento de las acciones de la empresa de Lada y, en 1981, el 100 por ciento de la planta langreana que acaba de cumplir 80 años.

Mariano Fernández, trabajador que más tiempo lleva en la planta, con Mariana Gálvez, la empleada más reciente. FERNANDO RODRIGUEZ

Bayer se encontró entonces con que estaban fabricando ácido acetilsalicílico en Lada y en Alemania. Se decidió que se fabricara solo en Asturias, y así es desde 2014. Desde la cuenca del Nalón sale el producto con el que se fabrican todas las Aspirinas del mundo. De Langreo lo envían a Alemania, Estados Unidos, México, Argentina, Guatemala, Italia y Japón, que es donde se fabrican y se envasan los comprimidos. Si alguien compra Aspirina en la farmacia de Lada, el producto habrá salido de la misma localidad pero habrá sido manufacturado en Alemania.

Un recorrido por la planta con el director y los dos empleados dejan claro ese sentido de pertenencia del que tanto hablan, ese orgullo de fabricar un producto que cada día consumen 20 millones de personas. Y todo ello en Lada, donde este año la empresa invertirá 4 millones de euros, son ya 27 solo en los últimos cinco ejercicios. Todo un ejemplo de vinculación con el territorio.

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