Décimo aniversario de la última gran tragedia del carbón

"Llevo una década en depresión y no hay manera de salir", afirma la viuda del minero asturiano fallecido en el Pozo Emilio

Itzíar Ríos asegura que "la vida me cambió para siempre, aquel día se me viene a la cabeza cada poco"

Andrés Velasco

Andrés Velasco

Suena una voz débil al otro lado del teléfono. Esta semana, para ella, es la más dura del año. Cuesta salir de casa. Incluso de la cama. Cuando se cumple una década del fatal accidente minero que le cambió la vida, todavía es peor. Itzíar Ríos Rivas es la viuda de José Luis Arias, uno de los seis mineros que moría hace ahora 10 años en una explosión súbita de grisú en el pozo Emilio, en León. El único asturiano, y que ya tenía que haber estado prejubilado el día del accidente. "Llevo 10 años en depresión, pensé que en ese tiempo me iba a poder recuperar, pero lo cierto es que creo que ya no voy a salir nunca de ella", afirma Ríos. Aquel 28 de octubre de 2013, la vida les cambiaría para siempre.

Itzíar Ríos explica que cuando se acerca el aniversario de la muerte de su marido "todo es mucho más difícil". Una semana antes, sus hijos, que hoy cuentan con 15 y 22 años, y entonces con 5 y 11, cumplen años. "Es muy complicado porque todo se vuelven recuerdos", apunta la mujer.

No ayuda tampoco a mejorar la situación estar a la espera de la sentencia por el juicio que se celebró para determinar a los responsables de aquel accidente en Pola de Gordón. Sin embargo, parece que esta lenense lo tiene claro: "Yo de la justicia ya no espero nada, si no fueron capaces en 10 años a dar un veredicto, ahora ya no espero nada ni va a salir nada". Alicaída, indica que su meta no son las indemnizaciones, sino ver en la cárcel a los responsables de la muerte de José Luis, al que en el tajo conocían como "Teya". "Pero si solo pedían tres años por seis muertes, ya te digo yo que de ahí no sale nada".

Le tiembla la voz, se emociona al preguntarle por como recuerda aquel fatídico día. Esquiva dar muchos detalles, pero sí que dice que lo tiene todo "nítido". "En este tiempo, por la depresión, a veces creo tener algunas lagunas de memoria, pero de aquel día lo recuerdo todo claramente: la llamada, que fue hacia las tres de la tarde, que estaba en casa dando de comer a los niños, recuerdo mi reacción, cómo fui a León, toda la gente....", señala Ríos. Y entre otras cosas, es algo que tiene muy presente porque es un recuerdo recurrente cada poco. "No me parece que hayan pasado 10 años, de hecho solo lo veo en que los críos ya son mayores", dice.

Sus hijos, y los de José, Luis llevan la pérdida de su padre "a su manera". "Les hace mucha falta, desde luego, pero lo van llevando, tienen una vida por delante", dice Ríos. Agrega que la vida les cambió para siempre aquel 28 de octubre de 2013. "Muchas veces te paras a pensar en como sería todo si no hubiera pasado, y entras en un bucle del que es muy difícil de salir", confiesa.

Con la crudeza de cada 28 de octubre, Itzíar Ríos afronta con la fuerza que le queda un nuevo aniversario de la tragedia. "Hay veces que pienso que no saldré de la depresión", indica. Pero también deja una puerta a la esperanza: "Tendré que seguir viviendo, y peleando como él haría".