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Mario Antuña

Siete leguas

Mario Antuña

No somos inmortales

En la primera ola, el covid-19 no dejó un rastro del dolor en la memoria. No hubo imágenes de fallecidos, de pacientes en UCI, apenas conocimos a personas afectadas. Ahora, con el virus campante, es extraño no tener un familiar, un amigo, un conocido que no se haya infectado o, en el peor de los casos, fallecido. Aun así, quizá por una reacción defensiva, nos creemos inmunes. Pero no somos inmortales. Es inexplicable que aún se cierre los ojos a la terrible realidad de hospitales y centros sanitarios. Nos hemos olvidado de los héroes de la sanidad, que claman, abrasados, por el confinamiento. Nos resistimos a tomar precauciones, a quedarnos en casa, a posponer la vida social o de ocio. Sólo atendemos a las prohibiciones, y mejor si van acompañadas de sanciones que escuezan la cartera. Con mayor responsabilidad, el equilibrio entre salud y economía, quizá sería posible.

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