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José Antonio Vega

El baúl de la historia

José Antonio Vega

El bodegón Tornillos y sus anécdotas

Un repaso a la trayectoria de uno de los chigres más populares de Mieres

Desde épocas remotas, el vino es la bebida clave en la gastronomía y en la cultura de los países mediterráneos. Se podría decir que este caldo es tan antiguo como nuestra civilización e incluso se le han atribuido propiedades divinas siendo considerada la bebida de los dioses. Aunque en Asturias, su consumo no se haría popular hasta el último tercio del siglo XIX, momento en el que se popularizó con la llegada del ferrocarril, el cual traía grandes cantidades de vino a precios populares. Es lógico que hasta ese suceso el consumo de sidra doblase al de vino.

El bodegón Tornillos y sus anécdotas

A finales del siglo XIX y principios del XX, en el concejo de Mieres se vivió una época dorada para la minería y la industria. Por ello, nacerían numerosos locales de ocio como cafés, lagares de sidra o los popularmente conocidos como chigres. Como dato curioso, se debe de reseñar que en esa época, Gijón contaba con una taberna por cada 135 habitantes, Langreo una por cada 140 y Mieres una por cada 145.

En 1897, el joven Pedro García García, decidiría abrir en Mieres un lagar de sidra el cual bautizaría como “Casa Tornillos”. Su hermano, Joaquín, que sería a la postre contratista de obras, también se dedicaría durante una época a la venta de vino, motivo por el cual existía y existe a día de hoy un almacén de esta bebida en Caborana conocido como “Tornillos”.

En aquel momento, Mieres contaba con varios lagares para la fabricación y venta de sidra. Alguno estaba situado en el barrio de Oñón, en la zona más conocida como “Ultramar” y era propiedad del concejal Ulpiano Antuña, quien también sería uno de los fundadores del Racing y padre de los populares hermanos Antuña, ambos jugadores de fútbol y cuyo apellido da nombre al estadio de fútbol en el que juega el Caudal Deportivo. Pero no era el único de ese barrio, ya que también estaban los lagares de El Llobu y Martinín.

En la sidrera plaza de Requejo, cuando aún se celebraba el mercado de ganado y el mercado dominical de la Pasera, el Llagar del Sacu y el de Benedicto eran lugar de peregrinación para muchos de sus visitantes. Recordado es también el de Modesto Pello, situado en El Polear, muy concurrido por los militantes del Centro Socialista, aunque según parece, los domingos la mayoría de sus clientes ejercía el arte de ser tratante de ganado porcino. Aunque quizás el más recordado sea el de “Casa Urbano” en La Pasera, el cual estaba próximo al cruce con la calle Camposagrado y que destacaba por su buena cocina.

Por detrás, de la vieja iglesia de San Juan, en el barrio de Arriondo estaba lagar que era regentado por Santos Velasco y que era conocido como “Puerto Rico”. Situado frente a la iglesia de San Juan, a orillas del río, estaba este llagar que dejaría también como curiosidad el nombre también de la callejuela. Y por último, en el popular barrio de la Villa estaban los lagares de Gerardo Molleda y el recordado “Llagaron” de Pepa Carlones.

Por último, aunque un poco más alejado, estaba el del “Barranco del Lobo” en lo que hoy es el parque Jovellanos, situándose al lado de unas viviendas conocidas como barraquinas.

En aquel Mieres descrito, se instaló el negocio de Pedro García en un moderno y elegante edificio de tres pisos, situado en una calle a medio construir conocida como “San Juan”. Cerca de este lagar de “Tornillos” existía otro local de ese tipo llamado “Casa Archena”, el cual contaba con un amplio espacio exterior con mesas para el buen tiempo.

Al poco de abrir este negocio sidrero, su propietario se casaría con María García Gutiérrez. Este local se pondría de moda por ser un lugar donde se jugaba a las cartas y por eso su fundador mandaría grabar en madera la síguete leyenda: “Aquí se viene a jugar, a beber y a disfrutar. Nunca se venga a reñir, ni discutir, ni a blasfemar, ni marcharse sin pagar. Y a todos los que se paren para ver jugar y no molestar, tienen que oír, ver y callar“. Cuando se abrió este negocio, el concejo de Mieres estaba empezando a crecer y ya tenía cerca de 18.000 habitantes. En febrero de 1907, en las proximidades del Tornillos se ubicaría el Mercado de Abastos construido a partir de los diseños del arquitecto municipal Juan Miguel de la Guardia, pasando esta zona a ser el corazón de la villa.

Desde entonces, sus recios muros de ladrillo visto y mampostería, han sido testigos del devenir de la ciudad. Con la inauguración del mercado cubierto, el Ayuntamiento de Mieres es el que decide el traslado del mercado semanal de La Pasera a este lugar. Esto haría, que en especial, el lagar de Tornillos sufriera todos los domingos unos éxitos de asistencia espectaculares, convirtiéndose en uno de los mejores negocios de Mieres.

En 1925, frente al lagar de Tornillos, se instalaría otro mítico comercio como fue “El Astorgano” dedicado a los tejidos, y que venía procedente de Requejo para aprovechar el tirón de la Plaza de Abastos y el mercado de los domingos.

Durante casi 30 años, este matrimonio regentaría el negocio, finalizando con el fallecimiento de Pedro, el 5 de enero de 1925, cuando contaba la edad de 52 años. Momento, en que este negocio seria explotado por su viuda junto con sus hijos. Después de esta experiencia por parte de sus herederos, estos deciden traspasar el lagar en 1932, siendo el negocio alquilado por María (viuda de Pedro García) a Victorino González Muñoz de la Peña, originario de Sahagún de Campos, provincia de León.

Llegaría la revolución del 34, y este local sufriría diferentes daños, y, por eso, su arrendatario solicitaría una indemnización a la Junta de Socorros por valor de 3.795 pesetas, de las cuales solo le serían concedidas 1518 pesetas. Este negocio, a partir de finales del 34, empezaría a ser muy frecuentado por los soldados del Regimiento Serrallo nº 8, debido que su cuartel estaba muy próximo a este local. Concretamente, se alojarían en la casa del Pueblo que había sido confiscada por el Gobierno de la República al sindicato de la UGT. Victorino, regentaría el lagar hasta la llegada de las tropas nacionales a Mieres, a finales de octubre de 1937, momento en el que este leonés se daría a la fuga unos días antes. Pasadas unas semanas de esta desaparición, sería declarado en rebeldía y juzgado por el temido Tribunal de Responsabilidades Políticas. Como resultado de esta rápida fuga, contraería una deuda con la propietaria del local por la renta del negocio, ascendiendo a 6.300 pesetas.

Una vez pasada la guerra, este local volvería a abrir al público, pero esta vez, como bodegón. El bodegón “Tornillos” sería uno de los locales más visitados de las cuencas, en tiempos en el que el vino era una bebida indispensable para el alterne. Se tomaba el vino, sin entretenerse ni perder el tiempo en atender a sus cualidades.

Otro hito importante en la historia de este local ocurriría en el año 1975, momento en el cual Luis Gutiérrez se hizo cargo del que era ya un local histórico. Minero desde muy joven, conocería distintos pozos de las cuencas. Luis “el de Tornillos” era un gran entusiasta de la tonada, afición que no dudaba en practicar en ocasiones en el chigre en compañía de sus clientes. Antes de jubilarse de la hostelería, abriría junto a sus hijos una popular sidrería que aún sigue en pié a día de hoy.

Lo cierto es que “Casa Tornillos” era frecuentado por todo tipo de gentes, como mineros, siderúrgicos, comerciantes, funcionarios, carniceros, vendedores ambulantes, sacerdotes y un largo sin fin de personalidades que se sentían iguales alrededor de un vaso de vino. En sus últimos años, sus mesas eran ocupadas por tertulianos que se dedicaban al arte de la conversación. Como buen bodegón de vino, conservaría hasta su cierre las viejas cubas de madera que otorgaban cierto aire kitsch a su decoración, aunque se debe de aclarar que databan de la época del lagar. Otro dato un poco bizarro era que sus toneles estuvieron bautizados con nombres de mujer, curiosidad que incluso puede llegar a entenderse mal en la afortunada época que vivimos de empoderamiento femenino.

En sus paredes colgaban múltiples banderines y pósters de fútbol, destacando el mural que había sido pintado por el recordado y desconocido como artista “Pipi Palau” quien llegó a regentar la Cafetería Palau y del cual se desconoce aún su labor como pintor y muralista.

Siguiendo con esa línea artística, mi hemeroteca me señala que en el año 1960, el director de cine Ruiz Castillo filmaría en este bodegón, algunas escenas de la famosa película titulada “Pachín”.

También la música estaría presenten ya que entre sus muros se escucharon muchas canciones, cantadas en ocasiones por artistas de gran talla como fueron Juanín de Mieres, Gasparina, el Ochote La Unión, entre otros.

En el bodegón Tornillos radicaría también la peña “La Charanga” fundada en el año 1977 llegando a reunir a centenares de socios con múltiples actividades en la misma cocina, mientras que en el patio, por iniciativa de Marcelino “el de la Tierrina” se organizaban inofensivas corridas simuladas de toros, que no animalistas.

Eso sí, la Peña la Charanga, sería un grupo que llevaría como bandera la solidaridad, estando siempre dispuestos a socorrer y ayudar a quien lo precisase, teniendo lógicamente su domicilio social en “Casa Tornillos”, presidido una buena temporada por Dimas Braña, el presidente más pujante y activo sin duda.

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