Opinión | Velando el fuego

Mieres, cambio de ciclo

La superación del pesimismo y la búsqueda de nuevos proyectos que ilusionen a la ciudadanía

Cuando nos asomamos al balcón de la historia, por lo común observamos un terreno repleto de interrogantes. Allí se dan cita, a un tiempo, las remansadas llanuras del deseo y las frondosas (a veces precipitadas) simas de la realidad. Jekill y Hyde, el bien y el mal, la dualidad de los contrarios nos saludan a la par que nos invitan a que tomemos partido por algunos de ellos. Decisiones siempre difíciles de resolver porque, como dejó escrito Cernuda en su magnífico libro "La realidad y del deseo", ambos conceptos son dos grandes verdades (quizás las pulsiones más fidedignas que forman el entorno humano) y, por lo mismo, discernir una de otra es una empresa de difícil resolución

Qué habría sucedido si Jekill se hubiera impuesto a Hyde, o viceversa, nos conduce de inmediato a un solar pedregoso cual es el de las ucronías, o lo que es lo mismo, a la especulación sobre realidades alternativas ficticias y en las que los hechos acabaron desarrollándose de forma diferente a como los conocemos en el presente (o como los fuimos degustando en una época anterior).

Qué habría sucedido, cito algunos ejemplos entre tantos otros, si los bárbaros no hubieran saqueado Roma, o si Gutenberg no hubiera inventado la imprenta. ¿Habría cambiado sustancialmente la historia o más bien Roma hubiera sido igualmente expoliada por otros pueblos y la reproducción de textos e imágenes tendría otro progenitor? Respuestas de imposible acierto, como lo son todas en las que la realidad y el deseo confluyen en la misma mesa..

Del mismo modo, el fin de una sociedad industrial como la que tuvimos en nuestras cuencas, esplendente como pocas en su momento, nos está conduciendo a un escenario distinto. Podemos anteponer el magma de los deseos al volcán de la realidad, mas en su caso la mudanza resulta palpable por todas partes. Anegarse en los pantanos de la añoranza o comenzar a nadar en las aguas, turbulentas en muchas ocasiones, del pragmatismo es la tarea más útil. Qué habría sucedido si las decisiones de nuestros políticos o tantas otras circunstancias que rodean a nuestra sociedad hubieran sido distintas es un ejercicio inútil. Se trata ahora de comprender la realidad social para buscar su transformación, o lo que es lo mismo, de seguir el método y el pensamiento de una voz suficientemente autorizada como es la de Carlos Marx.

De ahí la importancia de análisis y debates como los que tuvieron lugar hace pocos días en el Conceyu abiertu organizado en Mieres por el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, en donde cualificados observadores y políticos locales coincidieron en la necesidad de pasar página y "dejar de mirar el pasado para mirar al norte": Si bien, a mi juicio, sería más correcto un "mirar el futuro sin dejar de observar el pasado, para no repetir sus errores". El cambio de paradigmas, de una sociedad industrial a una servicial, conlleva, entre otras muchas mutaciones, la desaparición de grandes empresas, con todo lo que ello significa, por lo que urge comenzar a llenar las alforjas con nuevos proyectos que ilusionen a la ciudadanía.

Encontrar el norte más conveniente y dejar a un lado el lodo del pesimismo, se ha convertido en el gran desafío. Cierto es que hay que derribar barreras mentales y prejuicios de todo tipo para conseguirlo, y que, no lo olvidemos, seguimos rodeados de bárbaros por todas partes. A buen seguro que otorgarían el Premio Nobel a quien sea capaz de acertar el apasionante acertijo que nos aguarda en adelante: ordenación urbana, comunicaciones, declive demográfico, nichos de empleo… En todo caso, y a modo de una simple receta doméstica, me atrevería a recomendar una buena dosis de humildad (entendida como un ejercicio sincero de autocrítica) para dejar a un lado tantos sectarismos y perniciosos egos que solo sirven para oscurecer más el paisaje.