19 de diciembre de 2011
19.12.2011
Poesía

«La incertidumbre y el miedo también pueden terminar siendo poesía»

«Creo en el poder de las personas para cambiar el mundo, en la palabra y en la honestidad»

19.12.2011 | 04:16
Sara Herrera Peralta.

Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1980) sobresale ya en la nueva cocina poética nacional. Shock, su libro más reciente, es una colección de versos tristes que comienzan en la cola del paro y emergen al final en una media sonrisa. Herrera Peralta lleva años viviendo en París, trabajando aquí y allá, escribiendo versos premonitorios y ganando premios como el «Ana de Valle» del Ayuntamiento de Avilés.


-¿El paro puede ser materia poética?


-Y los parados, y el señor de la ventanilla, y el carné o la cartulina. Una descubre que la incertidumbre, y el miedo que eso provoca, al final puede también terminar siendo poesía. A veces debe ser así, y no solo por la propia salud del que escribe. Yo pienso que los versos curan, alivian, y también creo que son una hermosa forma de celebrar lo vivido o de denunciar lo que no debería seguir siendo.


-¿La recesión mundial también es capaz de modificar la literatura?


-Escribimos acompañados del tiempo que vivimos. Lo mismo nos preocupa el mundo pequeño que habitan nuestros seres más queridos que este mundo desordenado, injusto y rápido. Los acontecimientos sociales influyen, de forma distinta, pero influyen a la mayoría de los creadores.


-Sábato dijo aquello de que se escribe sobre el hombre frente al mundo. ¿Lo más grave es pasar a la lista del desempleo?


-Para algunas personas puede ser muy grave. Para padres de familia en desempleo que no encuentran trabajo, que no ven la luz al final del túnel, puede ser muy grave. Pero no solo la situación es grave por la evidente cuestión económica: nuestra generación tiene una o varias carreras universitarias, másteres, incluso doctorados, aprendimos idiomas, nos dijeron que sin estudios no seríamos nada y ahora resulta que no tenemos nada, ni siquiera, en muchos casos, con expedientes ejemplares. Es decir, que con todo no somos nada. Ya nada es garantía. Lo más grave es quizá no ver las salidas.


-La realidad, de acuerdo, produce al final un «Shock», pero me parece que usted da alguna oportunidad al porvenir. ¿En el fondo es optimista?


-Si no nos quedara la alegría? Creo en el poder de las personas para cambiar el mundo, creo en el poder de la palabra y creo en la honestidad, el trabajo y la humildad para llegar lejos o conseguir sueños. Pienso de verdad que una pasión puede mover lo inamovible, que un sueño o una locura puede ser posible por imposible que parezca y creo que no somos tan pocos los soñadores. Hay siempre una solución a cualquier problema, pero hay que estar dispuesto a sacrificar determinadas cosas. Si no hay trabajo en tu país, tienes que irte fuera. Si tienes miedo, tienes que plantarle cara a lo que te provoca el miedo, aunque todo eso pueda suponer un sacrificio o incluso sufrimiento durante todo el proceso de superación y búsqueda.


-Se mueve por aquel terreno que los críticos llaman poesía figurativa. ¿Cuáles son sus fronteras?


-Creo que va a ser mejor que le haga la pregunta a los críticos.


-¿Cómo contempla su país desde la capital francesa?


-Amo mi país, aunque sea de las que piensan que una termina siendo de las ciudades que habita. Trabajé durante cinco años en España, nunca llegué a final de mes. A España la miro con incertidumbre. No es la España de colores que vivían después de los años grises nuestros padres, pero es una España mejor. Hace unos meses me emocioné cuando vi a los primeros jóvenes reunirse en Sol. Por fin algo se movía. Me sentí orgullosa, fueron los primeros días en los que empezó a salirse a la calle en otras capitales, también en París. Es un movimiento necesario.


-¿Los premios qué dan a los poetas, a parte del dinero?


-La posibilidad de publicar y, a veces, con suerte, una buena distribución que te permita llegar a un mayor número de lectores. Pero eso solo con suerte.


-¿Qué está leyendo?


-Ando picoteando un poco de aquí y de allá, de un libro que llevo en el bolso, otro que está junto al sofá y otro en la mesa de estudio: leo un ensayo de Patricia Mayayo sobre Frida Kahlo, Todo lo que tengo lo llevo conmigo, de Herta Müller, y releo Destruction du père. Reconstruction du père, un libro con ensayos, entrevistas y correspondencia de Louise Bourgeois, reunidos por Marie-Laure Bernadac y Hans-Ulrich Obrist.


-¿Y qué es lo que escribe?


-Acabo de empezar un nuevo poemario y estoy intentando terminar una novela.


-La poesía es un género minoritario, pero que se expande a través de las redes sociales. ¿Un contrasentido?


-¿Por qué? Las redes sociales facilitan la comunicación y el intercambio de información, pueden ser también una estrategia de márketing. A los poetas puede horrorizarles el márketing, pero las editoriales que quieren sobrevivir no tienen en las redes sociales más que oportunidades: además de no necesitar una inversión permiten llegar a más público que cuando no existían. ¿Cuánta poesía podemos leer actualmente gracias a las redes sociales o a los blogs?

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