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El cine es arte y es ciencia

Pablo Huerga amplía el concepto de "verdad" y abre nuevos cauces en la filosofía de Gustavo Bueno

El cine es arte y es ciencia

El cine es arte y es ciencia

La ventana indiscreta es un libro sobre el cine y el arte. Pero en lugar del análisis esperado de la relación entre el séptimo arte y la belleza, se accede por una senda inusitada. Sin que lo bello se vea minusvalorado un ápice -al contrario adquiere nuevo brillo-, a Pablo Huerga le interesa descifrar aquí qué relación mantiene el cine con la verdad: quién no ha observado que una película puede "ayudarnos a analizar y comprender mejor nuestra propia vida".

Sin embargo, se trata de un ensayo elaborado desde una matriz gnoseológica muy exigente: el materialismo filosófico. Lo que quiere decir que ninguna de las tesis enunciadas debería ser gratuita. Así, antes de abordar directamente la problemática del cine, el autor se sitúa en una determinada filosofía de la historia del arte y nos regala con interesantísimas aportaciones que desembocan en una nueva teoría de las artes, dentro de una nueva poética, en donde encajará como una pieza de relojería la teoría sobre el cine que el autor nos propone. Todo este ensamblaje: chapó.

Pablo Huerga es un discípulo sobresaliente de Gustavo Bueno, en una escuela que por su fuerza ha desplegado ya corrientes internas heteróclitas y hasta enfrentadas, podría pensarse a veces que para disputar una herencia pero en el fondo porque se trata de un hontanar de ideas que bebe no solo de su genuino creador -a quien en estos días Pablo homenajea de este modo en su 91 cumpleaños- sino de la maquinaria "escolástica" -en el mejor de sus sentidos- que el maestro ha sabido construir.

Huerga Melcón, desde una producción bibliográfica que va cobrando consistente densidad, se nos presenta con una talla filosófica digna de consideración en el panorama español: La ciencia en la encrucijada (1999), ¡Que piensen ellos! (2003), El fin de la educación (2009), La otra cara del Guernica (2011), al lado de múltiples artículos de gran calidad, y, ahora, decisivamente, con una hitchcockiana Ventana indiscreta que contiene una aportación filosófica de primera magnitud, en esta nueva editorial asturiana, Rema y Vive, que tan buen olfato tiene.

El mundo de las ideas alberga paradigmáticos problemas que aún aguardan ser esclarecidos. Históricamente se han ido configurando lo que llamamos ciencias, conocimientos verdaderos y fiables, frente al hacer técnico, la creación artística o la sensibilidad estética, en una palabra, la verdad racional científica frente a la imaginación y fantasía de las artes y la literatura. Escenario creíble en nuestra convencional cómoda división en Ciencias y Letras -no por esquizoide y falsa menos tranquilizadora-, que prejuzga que la verdad y la belleza no están llamadas a encontrarse. Huerga Melcón, apoyándose entre otros muchos en Aristóteles, Lessing, Adrados y en la teoría del cierre categorial de Bueno, reconduce esta simplista partición a través de lo que considero uno de los méritos más sobresalientes de La ventana indiscreta, tendiendo un verdadero puente gnoseológico entre la verdad de las ciencias y la verdad del arte, en brillante unión, mostrando que más allá de ser dos facetas de lo real antagónico-complementarias se trata de un único complejo territorio si se pone al trasluz de un profundo criterio de cientificidad en el que la astronomía o la mecánica cuántica caben ser articuladas con la verdad del cine y de las artes miméticas en general, en resonancia con las ciencias humanas. Esta tesis no solo tiene consecuencias teóricas, académicas o escolásticas, lo que convierte al libro en un importante referente para doctores y universitarios, sino que cambia el modo de contemplar nuestras experiencias culturales y muy esencialmente nuestra manera de degustar el arte, con especial aplicación al cine, pues ahora se intensifica una comprensión más profunda de lo que sucede en el seno de nuestras construcciones estéticas. Ya Platón y Aristóteles habían atisbado desde el principio esta oculta unión entre la verdad y la belleza.

El cine no es un mero entretenimiento ni un nuevo arte más sino una nueva categoría de la realidad: es la nueva poética del siglo XX, nuevo arte mimético -"mimo" entendido en el sentido de "hacer mimo": arte de construir emociones...; pero no, como se malinterpreta, imitación o copia-. En el despliegue histórico de las artes, el cine engrana con las demás artes miméticas y surgiría de una confluencia de la fotografía, la música y el teatro, arte que viene a emparentarse con la verdad no ya porque pueda reconstruir relaciones causales -como en las ciencias naturales- pero sí porque permite entender procesos finalistas dotados de sentido, donde las acciones en conflicto ("agones") caben ser ajustadas a patrones modélicos. Alguien resuelve el teorema de Pitágoras a través de una fórmula o modelo pero también alguien hace o ve una película valiéndose de acciones en presente dramático, acciones finalistas, que cabe entender respecto a unos modelos que el filósofo astur-leonés ha acertado a categorizar. La verdad en el cine tiene que ver con lo que se narra, con el tratamiento de escenas dentro de una historia de odio, de amor o de venganza... y no se trata de que tenga que ser una verdad "natural", ajustada a algo exterior, sino de que lo filmado recree acciones finalistas que nos muestren verosímilmente que eso que veo representado es auténtico odio humano... y que veo esa historia, como en un teorema, con mayor verosimilitud que si la busco en la "vida misma".

¿El precio a pagar de una obra tan rotunda? Una construcción consistente que se vale de precisas técnicas gnoseológicas no puede huir del todo de algunos fragmentos difíciles -muchas veces filigranas de filósofo virtuoso-. Denso conceptualmente, es de estilo ágil y colorido. Una primera aventura intelectual para los que quieran iniciarse en el materialismo filosófico y, por los múltiples ejemplos que sazonan la obra, un regalo para los amantes de la cinematografía y de las artes, para las mentes científicas y para ese público inteligente que no se cansa de profundizar en la comprensión de la naturaleza humana.

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