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Ambigüedad imperial en Kipling

Versión definitiva de El hombre que llegó a ser rey, el mejor cuento del escritor y poeta británico

Ambigüedad imperial en Kipling

Ambigüedad imperial en Kipling

“Y ahora, caballero, permítame presentarle al hermano Peachey Carnehan, que es él. Yo soy el hermano Daniel Dravot. Cuando menos digamos de nuestras respectivas profesiones, mejor, porque hemos sido casi todo: cajistas, fotógrafos, correctores de prueba, predicadores, esto y aquello y lo de más allá. Y corresponsales del ‘Backwoodsman’ siempre

Y más o menos de esta manera comienza una de las grandes historias que nos han hecho soñar despiertos con lugares remotos y desconocidos, y que ahora acaba de editar Fórcola, acompañado de bellas ilustraciones, con una excelente traducción de Amelia Pérez de Villar, prólogo bien documentado de Eduardo Martínez de Pisón y epílogo de Ignacio Peyró, director del Instituto Cervantes, de Londres, y una de las mejores firmas anglófilas de este país. En El hombre que llegó a ser rey, de Rudyard Kipling, un aventurero llamado Daniel Dravot penetra en el Afganistán feudal disfrazado de clérigo, junto a su compañero el exsargento pelirrojo.

Los trece años de Kipling en la India influyeron en su trabajo como poeta y profeta del Imperio Británico. También lo hizo el motín indio, que alimentó una retórica sobre la independencia, estereotipos negativos de los nativos y el tabú social del mestizaje. Rudyard Kipling era un firme defensor del Imperio. Sin embargo, El hombre que llegó a ser rey revela una ambigüedad más profunda, exponiendo muchas de las fallas que origina ese tipo de expansión colonial. Los dos protagonistas, Dravot y Carnehan, se cansan del gobierno británico estancado y poco práctico de la India. Parten hacia una aventura desafortunada para convertirse en reyes por derecho propio. Es la historia de una pareja de truhanes sin educación, borrachos y chantajistas que intentan establecerse como reyes-dioses de Kafiristán, en la ladera sur de las montañas Hindu Kush. Naturalmente no tienen ningún derecho legítimo sobre esa región, pero Davrot se convierte en rey al declararse dios bajo la extraordinaria coincidencia de que los símbolos masónicos de su túnica coinciden con los de la profecía y la leyenda locales. Sin embargo, cuando trata de extender su poder demasiado lejos tomando a una niña nativa como esposa, desafiando directamente las tradiciones y la cultura de los nativos, la niña lo muerde y le extrae sangre. Queda en evidencia que no es un dios. Su imperio de chichinabo se basa en el engaño.

La enseñanza que se extrae del cuento de Kipling resulta diáfana: una invasión directa de una cultura nativa extranjera con el único propósito de gobernar, subyugar y explotar nunca es algo bueno y está condenada al fracaso. Danny y Peachy no trataban de educar a los vecinos del Kafiristán, ni de mejorar sus condiciones de vida; simplemente buscaban riqueza y ganancias personales. El propio Dravot y el narrador de esta historia discuten cómo el trabajo mezquino y el gobierno del Imperio Británico impiden que un hombre acumule riqueza. Los dos truhanes, en cambio, ven la colonización como un medio para generar fortuna personal, no como un ejercicio de desarrollo político, social y cultural. Es esa visión tan disparatada lo que les conduce a la caída tras gobernar a través del miedo y la imposición, del mismo modo que hizo el Imperio Británico. De hecho, las tendencias imperialistas en la vida real casi siempre se desmoronan cuando el aparente altruismo declina ante la necesidad de subyugar y explotar a los pueblos nativos. Tiene muchas lecturas, no solo la que corresponde a la gran aventura, el hermoso cuento de Kipling y todas ellas resultan enriquecedoras. La hermosa película que filmó John Huston permite, además, ponerle rostro a Dravot y a Carnehan gracias a los irrepetibles Sean Connery y Michael Caine.

El hombre que llegó a ser rey

Rudyard Kipling 

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Fórcola, 2020

120 páginas con ilustraciones

16,50 euros

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