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Vivir el arte, cosechar pensamiento

La obra de Kela Coto, Alba Escayo y Teresa Patiño

Cultura - Arte

Nuestras galerías de arte, a pesar de su vulnerabilidad acentuada por las vivencias actuales, siguen manteniendo su personalidad apostando por artistas que, desde la diversidad de enfoques y lenguajes, nos hacen crecer. Solo desde su independencia, se puede mantener la vitalidad necesaria para tomar el pulso al arte actual. El arte institucionalizado me interesa menos, se expresa desde el confort y desde la distancia de una realidad que parece no afectarle. Sin embargo, los proyectos que proponen las galerías son arriesgados; en ellas están los aciertos y los fracasos, es donde artistas y galeristas se exponen, y donde estamos más cerca de lo auténtico.

Desde el mundo de la creación plástica, la materialización de las experiencias propias no son únicamente señas de identidad de cada artista, son códigos universales que empatizan con nosotros. El arte tiene la capacidad de traducir aspectos intangibles y misteriosos de la vida y es en muchas de las exposiciones que ahora, y a lo largo de enero, podemos visitar, donde encuentran sus claves. Propuestas como “Paradise” de Valle Baranda y Carlos F. Pérez en la Sala Alfara, “Espacios detenidos” de Mónica Dixon en la Galería Guillermina Caicoya, o “El cuerpo del amor” de Marina Vargas en la Galería Gema Llamazares, poseen connotaciones imbricadas con la existencia, que se han visto potenciadas ahora por la dura realidad. Es en lo esencial del pensamiento y quehacer artístico donde se hallan muchas de las claves de la vida, sobre todo, en aquellas propuestas capaces de trascender la realidad.

Obra sin título de Kela Coto

Obra sin título de Kela Coto S. M.

En este sentido resulta interesante la muestra “Ampliación del territorio”, fotografías de Kela Coto (Gijón, 1979) en el Espacio Pablo de Lillo, a quien agradezco que recupere este proyecto al que el tiempo –el mejor de los críticos– ha favorecido; hermosas imágenes de espacios industriales que, desde una rotunda objetividad documental, se deslizan por los límites de la realidad hacia ámbitos inquietantemente metafísicos. Su interés está en la indudable calidad técnica y en los estímulos que despierta cada obra; podemos extraer de ellas un sinfín de conjeturas que los recursos formales potencian, el fragmento y la escala prevalecen sobre el conjunto, una turbadora y abstracta sensación de desubicación se impone a un detallismo preciso, una quieta sobriedad y los tonos y efectos lumínicos, provocan dudas ante lo que acontece, sobre lo que es auténtico y lo que no lo es. Es una exposición excelente, cada obra es una metáfora visual capaz de desencadenar múltiples pensamientos, un ejemplo de su capacidad para transitar de una realidad documentada a otras realidades difíciles de delimitar, a otros lugares que habitan en nuestra imaginación.

“Isola”, de Alba Escayo, de la serie “Postales que no envié”

“Isola”, de Alba Escayo, de la serie “Postales que no envié” S. M.

En el propio proceso técnico que configura la obra se halla la decantación de su esencia, la creatividad es un viaje en busca de un impreciso objetivo que va tomando forma en cada uno de nosotros. Cuando la obra de arte se mueve en el ámbito del recuerdo, de la nostalgia y del lugar, el mensaje adquiere connotaciones íntimas. Algo así ocurre contemplando “El Viaje”, propuesta de Alba Escayo (Avilés, 1981) en la Galería Lucía Dueñas; su obra enlaza con una tradición expresiva y abstracta que transforma la superficie del lienzo en campo de acción para la pintura, junto a los grandes formatos, se encuentra “Postales que no envié” una serie exquisita sobre papel, de menor tamaño y mayor serenidad, cuyo sustrato evocador empatiza directamente con el espectador, la fusión entre fotografías antiguas y grafismos, y entre éstos y manchas cromáticas, contienen tal carga poética que se adivina una artista capaz de condensar la fugacidad de un recuerdo con un trazo o un gesto de color. Los títulos – “Singapur”, “Ichnusa” o “Isola”– de sonoridad exótica y mítica, despiertan vivencias paralelas, reparando en cómo la obra de arte existe para hacernos conscientes de que lo vivido y sentido en algún momento, ha dejado su huella.

Bordado en hilo de algodón sobre lino de Teresa Patiño S. M.

Como lenguaje universal, también el arte posee un sentido propiciatorio ligado a la supervivencia, contiene ingredientes necesarios, sanadores, que la artista Louise Bourgeois convirtió en proclama: el arte es garantía de cordura; recurriendo a la aguja e hilo como instrumentos de regeneración personal y artística. En este ámbito se enmarca “Tatá”, la propuesta de Teresa Patiño (Oviedo, 1987) en la galería 451 Shop, en su título hay un nostálgico homenaje a su abuela, a cuyo afecto y enseñanzas debe muchos de sus conocimientos, sobre todo, los hilados desde la emoción. Son sutiles bordados en los que la armonía de forma y color recrea imágenes figurativas o formas abstractas que, como hilos de la vida, desprenden energía. Junto a la delicadeza de cada pieza, en la que las puntadas de hilo dejan su rastro y su textura, se esconde la contundencia de una técnica inalterable ante el paso del tiempo, que la artista ha convertido en vertebradora de su obra, en un acto de resistencia único, que recuerda el trabajo teórico de Rozsika Parker, La puntada subversiva, donde no solo se reivindica la función social del bordado, sobre todo su papel sanador para tantas mujeres que hallaron su creatividad restaurando tapices, bordando ajuares o remendando redes. Teresa traslada al espacio contemporáneo esa tradición ancestral, recordándonos que cada puntada es portadora de un gran bagaje, pero también, cómo desde la sencillez del bordado aparece un tenaz acto de rebeldía.

Visitar las galerías estos días y contemplar las obras que acogen, supone vivir nuevas experiencias. Recuerdo con afecto a Rubén Suárez, que en una ocasión me contó esta metáfora sobre la experiencia de vivir el arte: “Lo que sí sé, en estos momentos, es que recoger leña, es como recoger pensamientos. Tengo una sensación parecida a la que tenía cuando era pequeño y volvía del bosque con mis amigos con un fajo de leña en la espalda y muchas satisfacción en el interior”*.

*(Reflexión del artista Àlex Nogué recogida por Rubén Suárez en Por lo Visto. Escritos de Arte)

“Ampliación del territorio”

Kela Coto. Fotografía Espacio Pablo de Lillo 

C/ General Zuvillaga, 12, Oviedo


“El viaje”

Alba Escayo  

Galería Lucía Dueñas

C/ Cervantes, 22, Oviedo


“Tatá”

Teresa Patiño  

Galería The 451 Shop 

C/Mon, 26, Oviedo

Hasta el 31 de enero

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