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Dante: un poeta universal y cristiano

El VII Centenario de la muerte del autor de la “La vida nueva” y “La Divina Comedia”

Dante Alighieri.

Dante Alighieri.

Uno de los acontecimientos más esperados en este año 2021 es el VII centenario de la muerte de Dante Alighieri (1265-1321). Situemos al protagonista en sus coordenadas espacio-temporales. Nos encontramos en ese segmento cronológico, que en historiografía se llama Baja Edad Media. Según las distintas culturales literarias, es un periodo de transición entre los tiempos medievales y la nueva concepción del mundo (Weltanschauung) que traerá el Renacimiento. Desde el punto de vista literario, la hegemonía la ostenta el sudeste de lo que hoy es Francia, si bien en aquellos siglos constituía el Langue d’Oc, un amplio territorio que comprendía desde el Atlántico, al oeste; la frontera italiana, al este; el macizo central, al norte, y el Mediterráneo (incluyendo parte de Cataluña), al sur. A este territorio plural, desde el punto de vista político, se le suele llamar Provenza, aunque no coincida semánticamente con el mismo término actual. En este vasto territorio se desarrollará el más importante taller poético de la Edad Media Europea: la poesía de los trovadores, que irradiará por buena parte de Europa. A través del Camino de Santiago, trovadores provenzales dejarán su huella en la lírica galaico-portuguesa (“cantigas de amor”); se desplazará al norte de Francia con distinta lengua (“Langue d’oïl); infeccionará la lírica medieval alemana de los “cantores del amor” (“Minnesänger”), atravesará el Canal de la Mancha dejando sus huellas en los cuentos de Geoffrey Chaucer. Pero la región donde prendió con más fuerza fue en el norte de la actual Italia, que se ha de convertir, desde muy pronto, en el epicentro del Renacimiento. Cuatro notas ideológicas caracterizan al así llamado “amor cortés” (“fin amors”.): divinización de la amada, vasallaje del amador, idealización del amor adultero y la cortesía (solo los cortesanos pueden amar). Este es, muy en síntesis –y, por tanto, sujeto a matizaciones–, el panorama poético con el que se encontrará Dante. Nuestro poeta nace en la ciudad de Florencia, la ciudad fuente de su inspiración; una ciudad independiente a la que el gran historiador Burkhardt considera como “el primer estado moderno del mundo”; en consecuencia, tal vez no sea exagerado decir que Dante es el primero de los poetas modernos. Su obra rezuma un cierto misticismo franciscano, que nos puede hacer pensar que sus primeros educadores hayan sido los discípulos del santo de Asís. De su biografía el momento más importante es aquel en que conoce a Beatriz, nombre poético, que correspondería a una joven, sin poder identificar su linaje, que muere muy joven. Ella será su musa. En “La vida nueva”, una obrita muy breve, nos la describe con atributos cuasi-divinos. Esta divinización de la amada nada tiene que ver con la deificación de la dama de los trovadores provenzales. El trovador provenzal practica una religión (“religio amoris”) con vistas a obtener la recompensa (“amor mixtus”). Para lograrlo, la dama, a la que el poeta llamará “Midons” (de “meus dominus”), le exigirá una serie de pruebas humillantes. Es una dama tirana y cruel (“Damme sans mercie”). La Beatriz de Dante nada tiene que ver con la concepción de la mujer y del amor de los trovadores. Es un amor puro, casto, platónico (“amour lointaien”). Beatriz será la mujer angelical (Donna angelicata). Ella será el epicentro de la gran obra de Dante “La Divina Comedia”. Una obra universal que influirá en toda la poesía occidental del renacimiento europeo, tanto en la forma (tercetos encadenados) como en los recursos literarios (la alegoría), con referencias constantes a autores de la Antigüedad Clásica y Virgilio de guía. Desde Garcilaso a la poesía mística de nuestro siglo XVI hay huellas de Dante. Se podría hacer extensiva esta afirmación a otras literaturas. Dante inaugura otra forma de hacer literatura: el “Dolce stil novo”. Era el contrapunto dulcificado a la poesía de los trovadores provenzales De esta manera Dante ha de ser considerado como un poeta universal.

Su concepción cristiana de la vida y del mundo resulta igualmente patente. Muchos son los pasajes que así lo testimonian. Su peregrinación alegórica por el infierno, el limbo, el purgatorio y el cielo responde a la concepción que de las postrimerías o novísimos tenía la teología del momento. Teología y filología van de la mano en esta obra. La descripción del cielo recuerda a Pablo de Tarso en su epístola a loa corintios: los sentidos humanos no pueden percibir lo que Dios tiene preparado para los que le aman. La propia iglesia así lo reconoció en la encíclica “In praeclara” de Benedicto XV con motivo del VI centenario de la muerte de Dante. Este VII centenario estará muy condicionado por la pandemia que sufrimos, pero puede ser un motivo para leer o releer esta gran obra. Sirvan estas modestas pinceladas como homenaje a este poeta universal que ennobleció con el arte literario el mensaje cristiano.

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