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Daniel Verbis: pintura libre y viva en la Galería Llamazares

El leonés expone obras con distintos soportes y técnicas interconectadas por el sentido de lo subyacente

Vista de la exposición.

Vista de la exposición.

Daniel Verbis vuelve a la Galería Llamazares de Gijón con un trabajo que, desde su diversidad, posee un carácter coherente, vertebrado desde el concepto “Psiques”, al que el artista hace referencia en el texto de presentación con una de sus definiciones más antiguas y poéticas: “Psique era el nombre que se daba en la antigua Grecia a ese primer soplo, hálito o aliento que inhala el ser humano al nacer, que era el mismo que le abandona justo en el momento de la muerte”.

Partiendo de esta idea y enlazando con otras formas de intentar comprender el aspecto de lo inasible, o lo inmaterial del alma humana, o la fugacidad de la vida, tanto en los acrílicos de mayor formato como en las piezas de carácter más objetual (la sutil serie titulada “Crossdresser” o la poética “El que guarda su boca guarda su alma”), se halla una necesidad de captar el instante, de capturar y perpetuar “momentos” que, desde siempre, han estado ligados a los sentimientos y pasiones humanas, como muestra la hermosa historia que narra Plinio el Viejo sobre Kora, la hija del alfarero Butades, que quiso plasmar la efigie de su amado proyectada por la sombra en la pared; o, como cuenta la tradición cristiana de Santa Verónica, que tendió un paño para secar el sudor y la sangre del rostro de Cristo, quedando su imagen impresa en el lienzo.

Desde siempre, la necesidad de transferir a un soporte una imagen implica ir más allá de las limitaciones. Al contemplar la pintura de Verbis advierto una intención de capturar un instante, una emoción, y para ello desarrolla una amplia variedad de asombrosos recursos que, fundidos, configuran una exposición realmente apasionante, inquietantemente bella, en la que el poder de las obras, con gran carga icónica, es fruto del dominio de las diversas técnicas pictóricas y de una personalísima manera de integrarlas, pero, sobre todo, de dotarlas de una entidad propia que desborda cualquier tipo de clasificación estilística, cualquier tipo de referente que, mayormente a los historiadores del arte, nos gusta encontrar. Desde esta perspectiva, desde la plasmación de imágenes que poseen ese sentido mágico y propiciatorio, conecta con lo que plantea el historiador del arte Horst Bredekamp en su estudio “Teoría del acto icónico”.

Una obra de la serie "El que guarda su boca guarda su alma"

En la exposición aparecen obras con distintos formatos, soportes y técnicas, todas ellas interconectadas por el sentido de lo subyacente, de lo que se materializa, de lo que fluye...

Su obra “Psique” aflora como una imagen latente después de ser fijada, como un fragmento de una realidad trascendida en la que los pliegues de los ropajes se trasmutan en haces musculares flotando en medio de un reposado y magnético fluir. El metal es umbral, geometría desplegada. Aparece el contraste entre lo orgánico y lo inerte. Para captar lo efímero y cambiante del fluir, recurre a técnicas variadas a partir del acrílico, a la mancha irregular y gestual y a la extrema pulcritud que siempre caracteriza su trabajo. Por eso en “Psique” maneja lenguajes diferentes en el mismo cuadro, algo constante en sus pinturas. Contrapone distintos acabados, frente al fondo del drapeado pintado de manera convencional; aparece el tratamiento óptico y en relieve de esa ala de mariposa, o el tratamiento abstracto de lo que intuimos es el cuerpo y cabeza del insecto tal vez traspasado por un alfiler. La contemplación de esta obra suscita atracción y vértigo simultáneamente.

La serie “Crossdresser”, interesante desde su propia objetualidad volumétrica, está constituida por cajas de metacrilato, y en ellas veladuras a base de capas de medias tensadas y horadadas. Son toda una evocación epitelial. A partir del desgarro se produce la reconstrucción, y nuestra mirada, desde la distancia, se abre paso a la percepción de espacios maravillosos en los que los colores tornasolados van generando ritmos cambiantes. El conjunto es sutil, armónico e hipnótico.

En su escultura “Samotracia”, tela, cuerpo y alas participan del mismo movimiento y están creados de la misma materia, que es la materia de los sueños.

Su serie “El que guarda su boca guarda su alma” muestra otra vez su juego múltiple con las ideas y la materia en que se trasmutan. Se trata de tapas de libros antiguos intervenidas y convertidas en soportes para la creación, algunas transformadas en auténticas ventanas que se abren a hojas vegetales y a la acción de una luz que convierte el sustrato en texturas de líquenes. Las guardas son como las alas de los libros que hacen volar nuestra imaginación.

El autor se supera a sí mismo en cada muestra y nos sorprende con nuevos tratamientos formales y juegos conceptuales. En su sincretismo formal, Daniel Verbis reelabora efectos que conectan con el ilusionismo visual más tradicional y con una aguda reinterpretación de recursos de vanguardia. Se trata de una pintura viva, sincera, orgánica y precisa. Con ella nos ofrece lugares de transformación para reflexionar pero, sobre todo, para sentir.

Psiques 

Daniel Verbis 

Galería Llamazares, c/ Instituto, 23, Gijón

Hasta el 31 de marzo

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