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Extravíos de la filosofía en España

Víctor Méndez Baiges reconstruye de forma convincente buena parte de la historia nacional del XIX y el XX en la tradición de su pensamiento

Por la izquierda, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala, en el teatro Juan Bravo de Segovia, el 14 de febrero de 1931, en un mitin de la Agrupación al Servicio de la República.

Por la izquierda, Antonio Machado, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala, en el teatro Juan Bravo de Segovia, el 14 de febrero de 1931, en un mitin de la Agrupación al Servicio de la República.

El título elegido por el profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona Víctor Méndez Baiges es tal vez algo cacofónico, y hasta oscuro, porque qué es la “intradición”.

No hay más remedio que leer el libro para saberlo, aunque los orteguianos habrán reconocido previamente esa expresión, ya que “tradición de la in-tradición” quiere decir que la filosofía ha de mantener una tradición a base de romperla continuamente, pues su “costumbre es no aceptar algo dado por la costumbre”. ¿Significa esto una pugna contra la tradición? No, significa la necesidad de la crítica, pero al mismo tiempo de una crítica sostenida sobre una base firme, esto es, una tradición.

En este sentido, la tradición es siempre plural, son muchas historias y no un relato monocromo. Bajo esta clave, Ortega y Gasset, y con él Méndez Baiges, defiende que la continuidad y la tradición forman parte de la esencia humana, esencia que, además, ha de entenderse como “razón histórica”. Y por eso, si hay que pisar sobre el pasado, es siempre para iluminar el presente. La mayor desdicha que puede acaecerle al pensamiento es que lo amordacen. Y una desdicha similar es dejar por el camino la autocrítica. En esas andanzas, el filósofo madrileño, apasionado como pocos por reconducir a España hacia el progreso y la razón, mantiene un diagnóstico claro sobre la pérdida de energía filosófica de España: el defecto genuino de la cultura española es su falta de continuidad, unido sin duda a que, en esta España invertebrada, “la falta de fuerza de la minoría dirigente” ha sido siempre una constante.

Bajo esta perspectiva orteguiana, Méndez Baiges se atreve a hacer una historia de la filosofía española a partir de un hilo conductor muy tensionado, pues se trata de moverse en el filo donde lo ideológico y lo filosófico se confrontan. Es honesto y avisa de que su historia es una entre otras muchas que podrían contarse y, en este sentido, su repaso a los avatares filosóficos me parece que está magníficamente hilvanado, y consigue el doble objetivo que se había propuesto, interpretar la historia de España a la luz de su filosofía y revisar el valor de las principales aportaciones de los filósofos españoles –los no exiliados– entre 1843 y 1973, años que corresponden a la reorganización de estudios de la recién estrenada Facultad de Filosofía, en el siglo XIX, y a la fecha en que el régimen tardofranquista, ya exhausto, era desbordado por una dinámica filosófica pluralista que había conseguido mantenerse viva, al margen del “Nosotros” totalitario-nacionalcatólico, posicionado este frente al “Ellos” rojo o socialista o materialista o democristiano o católico vaticanosegundo... de los Zubiri, Julián Marías, Aranguren, Tierno Galván, García Calvo, Tamames, Ferrater, Carlos París, Lledó, Abellán, Deaño, Muguerza, Trías, Sádaba, Savater, Manuel Sacristán y Gustavo Bueno, entre otros muchos.

La obra se construye sobre cuatro etapas históricas. Las dos primeras consiguen construir una primera tradición filosófica moderna, hilvanada sobre el Krausismo, la Institución Libre de Enseñanza, la Junta de Ampliación de Estudios y la Residencia de Estudiantes… sobre cuyo terreno crecen las figuras de Miguel de Unamuno y de José Ortega y Gasset, en la llamada Edad de Plata correspondiente al primer tercio del siglo XX. Las dos ulteriores etapas tienen que ver con el franquismo y su persistente duración: sus primeros lustros conforman el intento de fijar la “filosofía perenne” en un Estado que se autoproclama católico y apostólico frente a todas las herejías. Para ello se recurre a teólogos de prestigio como el padre Ramírez, que se siente incómodo desempeñando cargos políticos. Las cátedras se llenan con personajes afectos al franquismo. Mientras tanto, frente a la escolástica dogmática del régimen va creciendo un pluralismo atento a las nuevas corrientes modernas, donde aparecen unos que han evolucionado frente a la autocracia, como Sacristán, otros que lo han esquivado dificultosamente, como Marías y Lledó, y otros que se han ido transformando hacia la democracia desde el inicial acatamiento, como Aranguren y Dionisio Ridruejo.

El tratamiento de los dos modelos confrontados –pluralistas y tardoescolásticos–, a pesar del pantano ideológico, trata de ser, y lo consigue en buena medida, objetivo. No imparcial, porque Méndez Baiges ha tomado partido, pero sí muy ceñido a los hechos. Junto a Ortega que sirve de eje, hay dos figuras que son especialmente bien tratadas: el krausista Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) y el marxista Manuel Sacristán (1925-1985). A ambos les reconoce una obra importante, aún sin explotar en esa necesaria tradición a mantener, y los dos son ensalzados como personas íntegras, llenos de virtudes intelectuales y vitales, personajes a los que la filosofía sirvió no solo como manera de pensar, sino como modo comprometido de vida.

Una lástima que el libro no incluya al final un índice de autores, de tanta utilidad siempre en el estudio de las tradiciones.

La tradición de la intradición (Historias de la filosofía española de 1843 a 1973) 

Víctor Méndez Baiges

Tecnos, 568 páginas, 27 euros 

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