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Un país nuevo

La Transición, para Juan Pablo Fusi, fue la feliz culminación de un periplo histórico contradictorio, conflictivo y frustrante

Cultura - Libros

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La Transición, escribe Juan Pablo Fusi en la página 165 de este libro, supuso nada menos que la refundación de España. Según el historiador vasco, el proceso por el cual los españoles adoptaron definitivamente la democracia para su organización política no fue coherente ni planeado. Su éxito se debió a que algunas elecciones decisivas hechas a la muerte de Franco resultaron acertadas y los protagonistas principales actuaron con un sentido de la responsabilidad histórica que ha sido justamente reconocido. Entonces, los grandes problemas que habían marcado incluso de forma trágica la historia pasada y reciente de la sociedad española encontraron una solución y, tras una larga dictadura, España se presentaba de nuevo ante el mundo con un aspecto saludable y empático.

Fusi se aferra a la idea de que la Transición significó para España un nuevo comienzo, el punto de inicio de una trayectoria normal entre los países más avanzados. Está expuesta, en diferentes versiones, en varias de sus obras. La plena modernidad, afirma sin grandilocuencia alguna, en el tono ponderado que le caracteriza, llegó a España solo después de 1975. La Transición fue la feliz culminación de un periplo histórico contradictorio, conflictivo y frustrante, lastrado por el atraso económico, una débil integración nacional y el fracaso de la revolución liberal. España fue en el siglo XIX un país fallido, abatido por la pérdida de las últimas posesiones de un gran imperio muy disminuido, y reconcentrado en su inoperancia. En el cambio de siglo aparecieron señales alentadoras, que pronto dieron paso a una cadena de infortunios políticos, consumando la mayor debacle del país. Según Fusi, el curso histórico se torció fatalmente en 1923. La Restauración pudo ser la antesala de la democracia, pero llegó la dictadura de Primo de Rivera, que trajo la República, que acabó en una guerra civil, que cimentó una de las dictaduras más longevas de la época contemporánea.

El libro de Fusi contiene un relato del proceso histórico, enriquecido con un copioso registro de datos, atinadas reflexiones y un balance clarificador, pero es, sobre todo, tal como lo define su autor, una historia intelectual. El objetivo declarado de la obra consiste en hacer un repaso selectivo de las ideas y las actitudes de los intelectuales y los creadores, desde la generación del 98 hasta el período democrático, sobre España y sus eternos problemas. Fusi presta una atención especial a la incapacidad demostrada para forjar una identidad nacional integradora y sólida, según él la cuestión capital, y a la llama siempre encendida, más tenue o más vigorosa, del anhelo de la democracia. El contraste de las visiones de Ortega y Azaña sobre el problema de España es de sumo interés, así como la imagen de la perfecta división en dos de la sociedad española por la guerra y la conexión a la cultura europea, moderna, liberal y empírica, después de un prolongado ensimismamiento en una discusión estéril sobre las esencias de España.

El libro trata de otros muchos capítulos de la cultura española del siglo pasado y de la huella dejada en el devenir histórico del país por figuras destacadas, publicaciones, corrientes artísticas, científicas, ideológicas e instituciones. Leer a Juan Pablo Fusi produce verdadero placer. Es ameno, en su perspectiva incluyente de la historia no desmerece ningún hecho ni autor, escalona la relevancia de los acontecimientos y de los actores con buen criterio e incita a la reflexión. El libro me sugiere un montón de preguntas, pero hay una en particular que empezó ya a darme vueltas a medida que pasaba las páginas: ¿cómo ha podido ser que un país con una cultura tan brillante haya tenido una evolución política tan oscura y le resultara tan difícil de alcanzar el objetivo de la democracia?

Cubierta del libro

Pensar España 

Juan Pablo Fusi 

Arzalia, 276 páginas, 19 euros

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