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El nuevo encaje de hombre y mundo, en el sistema de Urbina

El filósofo español, discípulo de Gustavo Bueno y Husserl, nos sitúa ante una filosofía revolucionaria

Cultura - Libros

Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina publicaba en 2014 “Estromatología” y ahora, en 2021, cierra su sistema con “Orden oculto”. Los estromas se nos presentan como los tres niveles de la realidad humana, pero sucede que estos estratos se corresponden punto por punto con la estructura de la escala evolutiva de la naturaleza. Mostrar el orden oculto significa, en este contexto, determinar la precisa correlación entre lo humano y lo real del mundo.

Sus trescientas cuarenta páginas, llenas de aquilatadas tesis revolucionarias y de todo un engranaje argumentativo de la mejor factura, sorprende por la capacidad que el autor ha tenido para decir tanto en tan poco espacio. Después de un largo siglo tras esos asuntos, la explicación reside, creo, en que estamos ante la labor de toda una vida empeñada en comprender seriamente la ontología y la epistemología a la altura de nuestra época. Catedrático emérito de Estética, estamos ante un filósofo profundo, riguroso, documentado, honesto e innovador.

En “Orden oculto” no se entra en la disputa entre las teorías realistas e idealistas, se sabe que es una confrontación ya superada. Aristóteles versus Platón, Hume frente a Descartes, la disyuntiva entre el entendimiento y la experiencia, son planteamientos de otro tiempo epistemológico. La física cuántica lo cambia todo. El propio Einstein se resistió a asumir este nuevo modelo que rompe cierto sentido común. Se resistió el físico cuántico David Bohm, esforzado en interpretar lo cuántico a la luz de la lógica de la física clásica. Y cabe decir lo mismo del titánico esfuerzo de Bueno por entender el nuevo mundo cuántico desde una gnoseología nueva. Los tres formularon sus teorías para que la novedad cuántica encajara en el naturalismo clásico. Pero, tras un siglo de intensa teorización y de sistemáticos descubrimientos, ya no hay duda de que es la física clásica la que se explica desde la cuántica, y no al revés. Y en este punto de primacía de lo cuántico se sitúa Urbina, a la vez que retoma todos los logros de Edmund Husserl, quien a principios de siglo XX entrevió la salida al dilema en el que la lógica de las ciencias andaba.

En el origen está lo cuántico y sus leyes persisten como base de lo real. Cosmológicamente, lo cuántico ha devenido en mundo físico-químico, bioquímico y biológico y, finalmente, ha dado lugar a los animales. Y el ser humano, en el extremo final de ese despliegue de la naturaleza, incorpora una estructura que rompe con el modo típico de ser animal, a través del surgimiento de la conciencia intencional, que es a la vez inconsciente fenomenológico, inconsciente psicoanalítico y consciencia objetiva práctica.

¿Cómo hay que entender esto? Se entiende desde la óptica de un “principio de correspondencia” entre los tres niveles de la realidad humana y los tres grandes despliegues de la naturaleza: 1) la energía-materia “desorganizada” cuántica se corresponde con el nivel original fenomenológico humano; 2) el mundo orgánico y biológico, con el nivel intermedio humano (en el que somos pensamiento); y 3) la vida animal, con el nivel básico práctico y naturalista, donde hace su juego la política. Y sucede que estos tres niveles están integrados en el ser humano, de manera que lo cuántico, lo vegetal (lógica paratética) y lo animal (lógica apotética) se ven ahora articulados de un modo superior en este nuevo animal, a través de vectores de intencionalidad que actúan, ya pasiva, ya activamente, con capacidad de ensamblar esas tres lógicas en un orden que, aunque oculto, está bien estructurado.

Y una vez que transitamos por esta nueva arquitectura, todos los problemas se entienden mejor.

Con esta trama humana sobre esta urdimbre natural, Urbina procede a explicar las condiciones de posibilidad de la matemática, de las ciencias naturales, de las ciencias humanas, y también, en tanto que son formas de conocimiento, del arte y de la religión, entendida esta no solo como mitología dogmática, sino como interpretación de la trascendencia absoluta.

El nervio de esta teoría del conocimiento puede entenderse bien, dada la claridad expositiva, pero hay que saber que muchos de sus párrafos aquilatan conocimientos de gran complejidad, por lo que habrán de ser estudiados más que meramente leídos. Y, claro, “Orden oculto” se comprende mejor una vez que se ha asimilado la obra con la que se conjuga, “Estromatología”.

No conozco una obra de filosofía a la altura de esta en el presente siglo.

Orden oculto. Ensayo de una epistemología fenomenológica 

Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina 

Eikasía, 340 páginas, 20 euros

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