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Tinta fresca

Páginas heridas por la guerra para los tiempos de la posverdad

Gonzalo Moure y la ovetense Mónica Rodríguez participan en un valiente libro colectivo

Cultura - Libros

Hay heridas que nunca se cierran porque sangran en la memoria de quienes vivieron el horror en primera persona. Y esas heridas pueden ser origen de buena literatura. “Escritos en la guerra” es un libro colectivo de singular maridaje entre en el hoy y el mañana en el que varios escritores actuales crean relatos de ficción sobre autores clásicos que vivieron la guerra: Richmal Crompton, Elena Fortún, Miguel Hernández, Saint Exupèry… Una excepción: Gonzalo Moure. Valenciano que vive entre Asturias y el Sáhara, sufrió “la dictadura en carne propia y fui torturado en 1970 y 1972. Lo conté en ‘Un instante’, y fue una experiencia dura y al mismo tiempo hermosa, cosas raras de la vida”. También participa en el libro la ovetense Mónica Rodríguez, sobre Ana María Matute.

Moure escribió este relato porque “en estos tiempos de posverdad es necesario informar a los más jóvenes de lo que supone vivir sin libertades. Y de la suerte que tienen de vivir sin miedo. La generación de los verdaderos luchadores por la libertad ya se ha extinguido. Pertenezco a la de los últimos que vivimos la dictadura, cuando teníamos veinte años. Y mi generación ya se dirige al final, ya estamos muriendo. Cuando eso suceda, ¿quién podrá contar de primera mano lo que significaba vivir en el miedo?” Y sí, claro que “hay siempre una esperanza a la que aferrarse, un espacio para la humanidad. Eso es mi relato, que no me habría atrevido a escribir sin ese momento humano, sin esa tierna caricia. Soy consciente de que mi relato es una gota en el desierto del olvido. Por eso, cumpliendo la promesa a los alumnos de un instituto, estoy escribiendo la novela ‘Una verdadera historia de miedo’, en el que este instante será solo un capítulo”.

Pero no servirá de nada “si en la asignatura de Historia no se llega nunca a la dictadura. La historia no debería dar tanta importancia a los reyes y las fechas de las batallas, sino a los luchadores por todo lo que ahora son nuestros derechos. Los alumnos de secundaria tienen que saber quiénes fueron los que consiguieron el final del esclavismo, las mujeres que consiguieron poder votar, los obreros que fueron ahorcados en Estados Unidos por luchar por la jornada de ocho horas. O los Ruano y Grimau que murieron en España para que hoy podamos vivir sin el miedo en el que ellos vivieron y murieron, en libertad. Y tantos, tantos luchadores que son los que de verdad han escrito la historia, los que la siguen escribiendo en tantos y tantos países”.

Su oído izquierdo zumba sin descanso desde 1970, “mucho más de la mitad de mi vida. Sigo sufriendo pequeños desvanecimientos y pérdidas de equilibrio, desde las palizas que sufrí por parte de ‘Billy el niño’ y otros policías. Estuve dos veces en la cárcel, y en las celdas de castigo teníamos que apartar en el plato las cucarachas de las alubias rojas. Pero no quiero, ni pedí nunca, venganza. Solo memoria. Y compartirla con los más jóvenes. Que sepan que para mí lo mejor de cada día es dormir sin miedo, sin despertarme cada vez que un coche se detiene ante la puerta de mi casa. Y aunque muchos no lo sepan, también para ellos”.

Escritos en la guerra

VV. AA.

Kalandraka, 128 páginas, 16 euros

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