La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El gran dilema de la humanidad, reducido a un camino de dos salidas

El filósofo David Benatar defiende que el suicidio es una solución tan válida como seguir viviendo

Cultura - Libros

A David Benatar se le ha considerado el filósofo más pesimista del mundo y, muy probablemente, el apelativo no está desencaminado del todo. Su último libro, titulado “El dilema humano”, pivota sobre una pregunta retadora: “¿No sería preferible acelerar nuestra muerte con el suicidio?”. El punto de partida de su argumentación filosófica es el escaso sentido que tiene la vida humana. Pocos miembros de este gigantesco club que es el homo sapiens logran trascender, hacer algo que pase de generación en generación y que suponga una contribución para los demás que pueda ganar el calificativo de importante. Los humanos, además, están de paso en un mundo que, inevitablemente, desaparecerá. Es lo que el filósofo define como la irrelevancia cósmica. Con esas ideas como base, Benatar deja al lector justo al borde del abismo de la desesperanza, lo lleva por un túnel sin luz al fondo para intentar convencerlo de que en determinados casos el suicidio puede ser una opción tan válida como lo es seguir viviendo.

El propio Benatar es una figura misteriosa. Casi no hay imágenes suyas en internet, pese a haber publicado ya dos libros, uno de ellos, “Mejor no haber existido nunca”, de enorme éxito internacional. De él se sabe que está en contra de la natalidad y que es un nihilista que se arrepiente de haber nacido, según ha confesado en diversas entrevistas. No hay rostro detrás del personaje y en la solapa de sus libros, como nota biográfica, solo figura un escueto “es profesor de filosofía en la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica”. Nada más.

Aun con esa falta de transparencia, su pesimismo ha transcendido. Uno de los fundamentos de su teoría es que hay una tendencia generalizada a sobrestimar la calidad de vida. Cuando en realidad, en ese subjetivo balance que es la calidad de vida, a su entender, suele ganar lo malo frente a lo positivo, tanto desde un punto de vista físico como psicológico. Ese sesgo hacia un optimismo casi desenfrenado tiene, según sus estudios, unas raíces evolutivas. La sociedad suele mostrarse hostil hacia aquellos que tienen una actitud pesimista hacia la vida, hacia aquellos que se salen de unas normas sociales que están prefijadas de forma colectiva. Entre sus reflexiones, Benatar llega a apuntar que a aquellos que deciden acabar con su vida “se les considera anormales, no solo en el sentido estadístico de ser inusuales, sino en el sentido de tener algún defecto, ya sea moral o psicológico”. No lo dice el filósofo sudafricano, pero todas las teorías psicológicas llevan a la conclusión de que el suicidio es multicausal. Es decir, no hay un motivo único que lo desencadene. Suele ser la combinación de muchos factores que acaban desembocando en una conducta que, desde un punto de vista evolutivo, escapa a toda lógica. Lo normal es querer vivir, no querer morir. Incluso cuando la existencia es un martirio.

El planteamiento de Benatar es tremendamente reduccionista. La decisión de vivir o de quitarse la vida es un camino bidireccional. En algunos capítulos de libro ni si quiera deja esa opción y defiende con vehemencia que el suicidio es la única salida. “Terminar con la propia vida puede parecer mucho más sensato que seguir viviendo”, escribe el filósofo.

Pero el ferviente apoyo de Benatar al suicidio es más bien un respaldo al derecho a decidir. A que cada uno pueda ser el dueño de su propio destino. Un planteamiento que los propios antecedentes dicen que es bastante rompedor y que va contra la norma general. Ya se pudo ver, por ejemplo, durante el debate sobre la ley española de eutanasia, una de las más garantistas de Europa, y que aun así suscitó criticas desaforadas por parte de algunos grupos políticos y las mal denominadas asociaciones “pro vida”.

Como buen antinatalista, Benatar defiende que la mejor solución para acabar con el dilema humano es no procrear. Así se evitarían muchos problemas y muchas inertes discusiones. “Cuando oímos hablar de un nacimiento, debemos saber que es solo cuestión de tiempo que otro ser humano muera”, dice. Es con frases así como Benatar se ha ganado el apelativo de filósofo más pesimista.

El dilema humano 

David Benatar

Alianza Editorial, 248 páginas, 20,95 euros

Compartir el artículo

stats