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Hilos de poesía y espumas filosóficas

Fernando Menéndez, en su diseminada creatividad y en el taller de sus textos, interroga filosóficamente pero responde poéticamente

Fernando Menéndez. LNE

Desde hace medio siglo, Fernando Menéndez no ha dejado de escribir y de pintar y dibujar en maridaje con el texto y de producir artesanalmente una cantidad ingente de cuadernillos-opúsculos, suyos y congregando también a otros autores, italianos, franceses, belgas, portugueses, brasileños y españoles…, como vemos en sus "Libelos" (aforismos, 2020) y en otras ediciones no venales que su portento creativo logra materializar. De este modo, las más de las veces, hay que leer su obra fuera de las editoriales. Y cuando alguna editorial consigue salirle al paso, nos encontramos con "Fingimientos" y con "La eternidad del instante", que son dos recientes libritos. El segundo, una antología de aforismos magníficamente seleccionados por José Luis Trullo y el primero de José Ramón González, un inmejorable conocedor y crítico del tremor y del rumiar poético de Fernando, que se atreve a descomponerle en ocho heterónimos, tan verosímiles como provocadores.

José Ramón podía haber seleccionado sin más las categorías aforísticas y sus contenidos, pero entonces no se habría resaltado tanto esa diversidad de planos desde donde fluye la poesía de su amigo. Lo que hace es, en perfecto estilo de ensayo biográfico, dotar de una identidad literaria ficticia a cada una de las ocho vertientes en las que se deconstruye a FM. Es verdad que es muy difícil –casi imposible– ocultar la unidad de estilo que bulle contumaz. Aunque la duda queda: ¿pesa más el estilo "único" o pesa más la diversidad de temas? José Ramón y Fernando lanzaron al lector esta duda, aunque honradamente le previenen y lo titulan "Fingimientos", pero es un aviso velado, porque en la misma tirada de dados, JRG ya nos ha inoculado la verosimilitud de estas diferentes autorías. El lector desconoce, por tanto, que las tres mujeres y los cinco hombres son solo heterónimos de FM.

La finalidad es que trasparezca mejor lo esencial, así pues la honestidad está a salvo. Pero la finalidad es también retar al lector para que lea críticamente, para que siga las pocas pistas que se han dejado en medio de la convincente pirueta literaria que nos arrolla. Quienes poseen perspicacia policial observarán que la portada es de la artista gráfica Mila García –esposa del poeta y, por tanto, conocedora de esa maquinación– y en ella se ve a dos caretas hablándose por interfonos: tal vez el autor con doble cara que previene al lector confundido, cabeza abajo. La trama del libro trabaja, en definitiva, con esos dos polos: la centralidad de las autorías (ficticias aunque "reales") y la sustancia de los selectos contenidos (diferentes aunque homogéneos).

¿Cuál es a mi juicio el resultado de este juego de "contar ocultando"? Creo que la respuesta de "Fingimientos" la encontramos en "La eternidad del instante", y viceversa.

Con una portada de un retrato del poeta –también pintado por Mila García–, la antología prologada por Trullo, con sus 318 aforismos seleccionados, no puede evitar, y no nos extraña, que se creen bolsas temáticas en el curso del torrente fluido. Y estos temas existen realmente, aunque se haga prevalecer ahora, en la intención acertada de su prologuista, que fluyen con un estilo único, identificable porque late un "himno a la vida" personal y porque está "impulsado por el imperativo de vivir", aunque sin engañarse demasiado, consciente de las limitaciones de la terca existencia ("Viajar, moverse para no llegar") y de las miserias del ego ("Quien gira sobre sí mismo, mareas e ilusión"), dos de los aldabonazos aforísticos que nos previenen de maximalismos.

Y en "Fingimientos", donde hemos hecho un viaje literario a través de ocho autores (tan figurados como creíbles) especializados en temas diversos –políticos, teológicos, musicales, metafísicos, de teoría poética, moralistas...–, es difícil que no se imponga un color poético principal, que acaba lindando con lo filosófico: "la condición humana" ("La tragicomedia del estar"), desdoblada en tres coloraciones matizadas (que se estilizan en otros matices hasta encajar con aquellas ocho categorías visibles), que ahora serían: 1) la "humana condición" (los temas de raíz ética o política o de costumbres...), 2) los "abismos circundantes" (la oscuridad, la temporalidad, el afán de eternidad y Dios, seguramente imposible), y 3) la "condición poética" del existir, desde la cual Fernando Menéndez habla de música, de la esencia del aforismo y de la imposible humanidad que sobrevendría sin el arte, y, por tanto, el núcleo donde todos los demás aforismos dispersos se reordenan.

Así que, lector, no solo es poesía, es también un conjunto de reflexiones filosóficas, como espuma resultante que sobrenada: "Ser blanca espuma del pensamiento", nos recuerda en un aforismo. Pero en otro: "Escribir un aforismo y dar un paso en la oscuridad". Y en otro, este profesor jubilado muestra un deseo didáctico y crítico, atento a prevenir sobre engaños, cuando avisa de que "Mires a donde mires, rumores y brumas".

En síntesis, esta poesía dialoga filosóficamente, pero no está concebida cartesianamente sino según otro modo de pensar: "Un pensamiento como un bosque de pájaros". Es, por ello, una poesía verdadera, o sea artística, porque ¿qué otra cosa es el arte que conseguir pensar –e iluminar– de otra manera?

La eternidad del instante (Antología esencial)

Fernando Menéndez

Selección y prólogo de José Luis Trullo 

Apeadero de Aforistas, 96 páginas, 12 euros



Fingimientos

Fernando Menéndez, José Ramón González

Trea, 64 páginas, 12 euros


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