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A. C.

Aplausos y felicitaciones: así ha sido la llegada triunfal de Iñaki Cañal a Gijón

“Es un sueño hecho realidad”

Iñaki Cañal vivió ayer en el Mundial de pista cubierta de Belgrado el debut soñado para cualquier atleta con su selección, logrando una medalla de plata como integrante del cuarteto 4x400 metros. El gijonés al que prepara Pedro Pablo Nolet fue un pilar básico del equipo en la segunda posta, donde luchó por conservar la primera posición en dura pugna con Bélgica, que acabó superando en el testigo final al cuarteto nacional en una final copada por selecciones europeas. España ya había avisado en las eliminatorias, donde logró el mejor tiempo de los participantes con 3:06.98 y lo confirmó con 3:06.82 de un equipo formado por Hortelano, Cañal, Guijarro, que fue fundamental, y Erta.

La última tarde en el Stark Arena confirmó las sospechas de que España tiene un relevo de lujo, que se subió por primera vez a un podio mundial, con un crono de 3:06.82, la tercera mejor marca española de la historia. Así, el equipo nacional logró la 36.ª medalla en los Mundiales bajo techo, sexta en el medallero, la posición más alta en las 18 ediciones del Mundial. Con 10 finalistas y 36 puntos, España terminó en la cuarta posición de la clasificación por puntos del campeonato, un récord también.

Esta noche, el atleta ha llegado a la estación Sanz Crespo de Gijón y lo ha hecho recibido entre vítores, aplausos y felicitaciones de familiares, amigos y seguidores que allí se han congregado. “Es un sueño hecho realidad”, repite Iñaki Cañal después de más de doce horas de viaje, repartidas en dos aviones y un tren, y muchas lágrimas de emoción. Ya está en casa para abrazar a quienes, en la noche del domingo, agradeció en videollamada la confianza en su talento, liberando la tensión acumulada de años. Javier y Teresa, sus padres, y Pedro Pablo Nolet, su entrenador, figuran entre los indispensables. “No he pensado todavía dónde guardaré la medalla, pero será en un lugar muy especial. Supera cualquier otro logro”, apunta el gijonés, visiblemente cansado, pero tremendamente feliz. 

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