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Pablo Longoria, el niño que pidió a los reyes una parabólica

La pasión por el fútbol ha llevado al ovetense del éxito en la dirección deportiva a la presidencia del Olympique de Marsella

Pablo Longoria, antes de un partido del  Valencia en  Balaídos.

Pablo Longoria, antes de un partido del Valencia en Balaídos. Superdeporte

Consciente de que los Reyes son los padres, con 12 años Pablo Longoria pidió a los suyos que le comprasen una antena parabólica, el instrumento con el que iba a poner las bases de su vida. Necesitaba ver partidos de fútbol, destriparlos y descubrir jugadores que para otros pasarían desapercibidos. Seis años después, Pablo Fernández Longoria (Oviedo, 30 de septiembre de 1986) se presentó en la oficina del representante de futbolistas Eugenio Botas con un DVD y un libro bajo el brazo. “A la gente con talento se la ve en seguida. Fuimos a tomar un café y a los cinco minutos me di cuenta de que era la persona que necesitaba”, señaló Botas, una de las pocas personas que no se sorprendió al saber que Longoria es el nuevo presidente del Olympique de Marsella, histórico de la Liga francesa.

Desde aquella conversación en una cafetería de la calle Uría de Oviedo, Pablo Longoria no ha parado de crecer profesionalmente. Tenía tan claro que su futuro estaba en el fútbol que, aunque con 18 años se matriculó en Derecho, decidió centrarse en descubrir jugadores para el despacho de Botas. A Marcelino García, en su etapa como entrenador del Recreativo, le recomendó un delantero francés llamado Sinama Pongolle, que le dio tan buen rendimiento que después ficharía por el Atlético de Madrid y el Sporting de Lisboa.

Lo que había hecho siempre, ver un partido tras otro, se convirtió en su medio de vida. Aunque había jugado en las categorías inferiores del Estadio y el Colloto, a Longoria el fútbol le entraba por los ojos. “Tiene una mente privilegiada para el fútbol. Siempre que le he preguntado por jugadores, me ha dado buenos consejos”, decía Marcelino García en 2010, cuando el ovetense había dado el salto a la secretaría técnica del Recreativo.

Un año después, tras sus primeras experiencias en el extranjero (Newcastle y Atalanta) explicó sus métodos de trabajo en una de sus escasas apariciones públicas: “Lo primero que tienes que tener claro para dedicarte a esto es que debes dejar a un lado tu vida social. Te pasas casi trescientos días al año viajando. He estado viendo futbolistas hasta en el Congo-Brazzaville”.

Y aunque no acabó ninguna carrera, Longoria se doctoró en la universidad de la calle, como apunta Eugenio Botas: “Es una persona con muchas inquietudes. Cuando lo conocí hablaba perfectamente inglés y francés, y ahora domina seis idiomas”.

José Manuel Fernández Silva, que trabajaba como administrador en el despacho de Botas, pudo conocer un poco mejor a Longoria durante un viaje a Bélgica para seguir un Europeo sub-17: “Era impresionante su conocimiento del fútbol internacional. No me sorprendió que triunfase como director deportivo porque es de los mejores”.

Eugenio Botas recuerda que Longoria le habló de jugadores como Diego Costa, Giuseppe Rossi o Forlán cuando eran desconocidos para el gran público: “Siempre tuvo una grandísima capacidad de trabajo y de análisis. Sabía que tarde o temprano acabaría volando”. Incluso tan alto como para llegar a presidir un club como el OM: “Lo va a hacer bien porque es muy válido y tiene mucha seguridad en sí mismo”.

Marcelino García prefiere juzgarlo solo por su faceta como director deportivo, aunque advierte: “Pablo es una persona superinteligente y con muchísimas capacidades”. Su etapa juntos en el Valencia acabó antes de tiempo, pero Longoria no tardó en encontrar acomodo en Marsella. Unos meses al frente de la dirección deportiva le han bastado al dueño del club, Frank McCourt, para elevar al asturiano hasta la presidencia con solo 34 años.

“Su experiencia como director deportivo y reclutador de talentos solo se compara con su amor por el juego”, señaló McCourt en la web del OM. La respuesta de Longoria, pese a su flamante cargo, demuestra que para él lo más importante sigue siendo el juego: “Estaré atento para asegurarme de que todos los jugadores se adhieran a nuestro proyecto. El coraje y la pasión son valores fundamentales para OM y la afición. El club es lo primero, pase lo que pase”.

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